lunes, 25 de junio de 2018

[Crítica libro]: "Nostalgia" de Mircea Cărtărescu


Eh, que eso que lees no es real


"Tan solo un año antes había decidido
renunciar definitivamente, y sin
arrepentirme, a todo lo que en la vida
tuviera que ver con la alegría de vivir"
Negarle cualquier tipo de talento a Cărtărescu por esta obra sería incurrir en algún tipo de delito punible que no soy capaz de concebir. Hay mucha literatura detrás de Nostalgia, pero lo digo sin pedantería ni por hacerme el guay. Se nota que Cărtărescu ha leído mucho más que los demás: experimenta con la forma, con la narración, le gusta romper la cuarta pared continuamente y propone ideas que para mí, desde mi humilde ignorancia, me han parecido muy originales. Ahí tenemos los narradores superpuestos de “Los gemelos”, donde uno no sabe dónde empieza uno y acaba el otro, o la autoconsciencia de ser narrador que tiene el narrador del relato “REM”.

Pero desde mi punto de vista, y tal y como suele ocurrirme con estos experimentos tan típicos de la novela postmoderna, que suelen funcionar en contadas ocasiones (ahora me viene a la cabeza David Foster Wallace y Mark Z. Danielewski, y no acabo de estar muy seguro de este último), me producen una sensación extraña: por un lado los aprecio, porque rompen con los esquemas habituales, pero por otro lado me sacan de la narración de un modo que me resulta hasta cierto punto molesto: no quiero que me digan que lo que estoy leyendo es ficción, aunque inconscientemente sepa, por el simple hecho de coger un libro, que se trata de ficción. Me gusta aceptar las reglas del juego, zambullirme en la narración hasta tal punto que me la crea; que me recuerden que todo es un gran engaño, que lo que leo es ficción, me irrita. Es como si viniera un tipo mientras estás leyendo, te diese unos golpecitos en la espalda y te dijera: “eh, que eso que lees no es real”. Con Nostalgia me ha ocurrido exactamente eso: mientras Cărtărescu no me recordaba el artificio, me atrapaba.

Aunque, sin embargo, si os soy sincero nada de lo que me cuenta me golpea con intensidad. Nada llega a conmoverme ni a despertarme ningún tipo de sentimiento. Asisto impertérrito la mayor parte del tiempo a lo que me cuenta, sin saber muy bien a dónde quiere ir y pensando que no está haciendo nada más que un amplio despliegue técnico sin alma. Enrevesado, rico en detalles, profuso en metáforas de lo más originales y en teorías sobre la existencia o la vida, pero hueco. Me habla del paso de la infancia a la adultez y de lo traumático que es, porque algo muere dentro de nosotros durante esa transición, pero no consigo que ese discurso me sacuda o se vincule mínimamente a algo que haya sentido. En "El Mendébil" el despertar sexual de una especie de Mesías niño le hace caer en desgracia ante sus acólitos, que hasta el momento lo seguían como si del propio Jesús se tratara, y reconozco la metáfora, pero lo observo desde la distancia porque acaba siendo un ejercicio de estilo y nada más. Por otro lado, ¿la nostalgia a la que hace referencia el título es la que experimenta el narrador o el propio Cărtărescu al rememorar esas historias que de algún modo guardan cierta relación consigo mismo? Porque nostalgia, lo que yo entiendo por nostalgia, no me la transmite. En este sentido, “El Mendébil” y “Los gemelos” se quedan algo cojos, porque como ya he dicho, me resultan fríos y distantes. Como ya he dicho, hay ideas potentes, como las de no saber hasta qué punto somos las invenciones de un creador (ya sea Dios, ya sea un escritor) que a la vez es una invención de otro creador, pero están repartidas aquí y allá sin estar muy bien vehiculadas con la trama principal. Me ocurre lo contrario con “REM”, donde sí consigo empatizar con ese relato que se vale de la imaginación y de la fantasía para eludir una realidad deprimente, porque ese microcosmos que es la casa de la tía Aura, el juego de las Reinas y la torre de los alargados, donde ficción y realidad se imbrican de tal modo que uno no es capaz de separarlas y donde se vuelve a explorar la idea de un creador que a la vez es creado, me interesa. Los personajes son tridimensionales, cercanos, menos artificiosos que en los otros dos relatos.

Estos tres relatos conforman el cuerpo central de Nostalgia y, a modo de prólogo y epílogo, encontramos dos relatos más: el magnífico “El Ruletista”, más próximo a un relato típico ruso, y el decepcionante e intrascendente “El Arquitecto”, que parece más una anécdota graciosa que algo realmente con enjundia. En “El Ruletista” tenemos una reflexión interesantísima sobre el destino, sobre cómo nos saboteamos a nosotros mismos y de lo difícil que es encontrarle un sentido o un propósito a la vida y el dilucidar si todo lo que está por venir ya está escrito de antemano o no. Incluso en algo aparentemente azaroso como es la ruleta rusa, parece que, a ojos del narrador, está todo escrito (tanto en sentido figurado como literal).

Conclusión: estamos ante un libro excelente que me deja excesivamente frío. A ratos es un ejercicio de estilo con el que me es difícil sentir algo y a ratos me parece una genialidad. Sin lugar a dudas, “REM” y “El Ruletista” son dos joyas que ya merecen, de largo, su lectura. Habrá que seguir a Cărtărescu de cerca.

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