lunes, 1 de mayo de 2017

[Crítica libro]: "Una dama extraviada" de Willa Cather

La prima menor de El gran Gatsby

"-Hijo, me alegro de que quieras ser
arquitecto. No veo carrera respetable
para un abogado en este nuevo mundo
de negocios que se avecina. Deja el
Derecho para chicos como Ivy Peters y
métete en algún oficio limpio."
Una dama extraviada es un relato sobre el cambio. Del paso de una era dominada por la nobleza terrateniente dadivosa, como si de reyes se trataran, a los especuladores sin escrúpulos hechos a sí mismos e hijos de una época donde el que no se espabila y no recurre a lo ilegal, no consigue nada. A sazón de esto, es excelente el pasaje en el que Niel, su tío el juez Pommeroy y la señora Forrester hablan sobre cierto episodio económico desafortunado para la fortuna del señor Forrester y hablan sobre meterse en el mundo de las leyes, y el juez le dice a Niel que hace bien en no querer dedicarse al derecho, que eso antes era algo honorable y ahora solo es un oficio apto para buitres carroñeros. Hasta entonces la riqueza solo estaba al alcance de esa clase alta que había hecho su fortuna colonizando el Oeste, idealizada por el joven Niel, que sufre el clásico síndrome que sufre el de clase baja cuando se siente atraído por las maneras de esta clase alta, muy respetuosa, ceremoniosa y dadivosa con los pobretones. Cuando poco a poco el poder cambie de manos, Niels irá desengañándose y dándose cuenta que lo que único que importa en este mundo es el dinero y que todos, tarde o temprano, nos plegamos a sus designios.

Una dama extraviada no solo es un relato del cambio de una época. También es un relato sobre el paso de la adolescencia a la adultez, donde todo nos es revelado tal y como es, sin el tamiz que aporta la ingenuidad y la candidez típicas de la juventud; cambios que se reflejan en las diferentes etapas por las que pasa la relación entre el joven Niel y la señora Forrester, mujer de un pionero que había hecho fortuna en la construcción del ferrocarril en los estados del Oeste y que había “gobernado” el pequeño pueblo de Sweet Water. Es en el tratamiento de estos dos temas donde Una dama extraviada alza el vuelo y alcanza grandes cotas; sin embargo, no es oro todo lo que reluce y hay algunos puntos que hacen de esta novela una historia que podría haber dado mucho más de sí.

En relación a esto, en la contraportada se comenta la siguiente anécdota relacionada con Willa Cather y Francis Scott Fitzgerald, a propósito de Una dama extraviada y El gran Gatsby, novela con la que comparte muchas similitudes:

“Una dama extraviada apareció en 1923 y, dos años después, su autora recibió una carta de Francis Scott Fitzgerald, que acababa de publicar El gran Gatsby y estaba preocupado por ciertas similitudes entre ambas novelas que podían alimentar la sospecha de «un caso de plagio». Willa Cather le respondió que no veía motivos para sentirse plagiada, y Scott Fitzgerald respiró aliviado; aunque lo cierto es que Una dama extraviada era la obra que tenía en la cabeza mientras escribía su novela, y la causa directa de ciertos cambios en el proceso de su composición.”

Es cierto que comparten similitudes, pero la novela de Cather no está ni tan bien escrita como la de Fitzgerald, ni sus temas de fondo consiguen transmitirse de forma tan cristalina como en El gran Gatsby, ni los diálogos son tan sublimes, ni la relación que establecen Niel y la señora Forrester es tan magnética como la que establecen Carraway y Gatsby. Quizás sea porque la señora Forrester, el personaje clave de esta historia, del mismo modo en que Gatsby lo es en su novela, no está tan bien perfilado como este. Los diálogos de la señora Forrester suenan a impostados, a demasiado transparentes; sus actos y sus ideas no se presentan con naturalidad y tengo la impresión que estoy viendo un maniquí que solo está ahí para vehicular los temas de fondo que comentaba anteriormente. No consigo simpatizar con ella, pero sí con Gatsby; Gatsby es un personaje trágico, la señora Forrester solo es una hipócrita sin muchas dobleces y segundas lecturas, por mucho que Niel se empeñe en hacernos creer lo contrario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario