martes, 26 de abril de 2016

[Crítica libro]: "Fin" de David Monteagudo


Incertidumbre

¿Qué harías tú en una situación así?
Tenía pendiente desde hacía tiempo leer a David Monteagudo, pero lo que me echaba un poco para atrás era lo mal valorados que estaban sus libros en Goodreads. Y, ya sé que no tiene mucho que ver, pero la adaptación para la gran pantalla de “Fin”, su primera novela, fue masacrada a base de bien por público y crítica. El otro día rebuscando en la biblioteca di con el libro y me animé a leerlo. Y vaya si me ha gustado.

La historia de “Fin” gira alrededor de un grupo de nueve amigos que se reúne en un refugio de montaña para celebrar la promesa que se hicieron hace 25 años de volver a reunirse todos juntos, pese a que no estuvieran contacto y ya no se vieran, fuera cuales fueran las circunstancias de cada uno. Mientras están reunidos bien entrada la noche, un hecho inexplicable en el exterior será el detonante de la odisea que pronto les tocará vivir y que sacará a relucir viejas rencillas.

Hacía tiempo que leyendo una novela no estaba tan tenso y expectante por lo que pudiera ocurrir. Y es que Monteagudo es un diez midiendo los tiempos, generando incertidumbre y construyendo esa sensación de que no sabes de dónde va a venir el hachazo. Y eso, en una novela de suspense con tintes fantásticos, le va que ni de perlas. A todo esto hay que sumarle el enfoque por el que opta Monteagudo: un narrador aséptico y desprovisto de emociones, con el que disecciona el comportamiento de unos amigos que hace mucho tiempo que dejaron de serlo, y sin olvidar su apuesta de no contarnos nada que los personajes no expresen; de este modo todo son conjeturas, una manera deliciosa de que el lector se construya sus cábalas sin la presencia de recursos narrativos que lo expliquen todo artificiosamente.

Porque no es necesario que siempre sepamos el porqué de las cosas; de hecho el enfoque de Monteagudo es el más realista posible. En una situación así uno no sabría dónde agarrarse, ni el por qué ni el cómo de nada, tal y como les ocurre a los protagonistas. Además, lo que le interesa a Monteagudo es recrear cómo reaccionaríamos y cómo nos sentiríamos si de golpe y porrazo ocurriera algo como lo que ocurre en “Fin”. Cuáles serían nuestros pensamientos, nuestros actos y nuestras elucubraciones. La mayor parte de las críticas giran alrededor de que no hay explicaciones a los fenómenos sobrenaturales, que simplemente ocurren porque sí, y ese, en mi opinión, es uno de los aciertos del libro: que es real.

Lo único achacable es que la verdadera historia tarda un pelín en arrancar y los diálogos, sobretodo antes de cierto punto de inflexión, suenan a algo falsos. Pero nada que no os permita disfrutar de un relato absorbente y estimulante.

sábado, 16 de abril de 2016

[Crítica libro]: "Una zona de oscuridad" de V.S. Naipaul


Crónica de un viaje fracasado

¡Yo no voy a la India de los años 60!
Mucha gente cuando se va de viaje –y no hablo de irse dos semanas de vacaciones a Cancún, sino a instalarse en otra parte de forma más o menos estable o, al menos, con la intención de hacerlo- piensa que encontrará un lugar que le acogerá como no le ha acogido el suyo, o piensa que allí estará mejor, que congeniará al 100% con la cultura, sus gentes, sus mentalidades y un largo etcétera. Hay programas como Españoles por el Mundo que fomentan esa visión: porque solo te enseñan lo bueno, o minimizan lo malo. O te enseñan casos que han prosperado, y a veces olvidamos que esas cosas no son siempre así. Ojo, no digo que eso no vayan a ocurrir; claro que ocurren y solo experimentando se conoce el resultado de las cosas. Pero a veces quedan ocultas esas historias negativas, esos viajes que no supusieron ninguna catarsis positiva. En definitiva, esos viajes fracasados.

Y Naipaul en "Una zona de oscuridad", con una honestidad sin parangón, nos narra su viaje frustrado a la India. Escudriña y analiza concienzudamente la mentalidad india, su cultura, su historia, todo en definitiva, y analizando aquello que le molesta y le irrita se descubre a sí mismo. Naipaul se siente excluido en Trinidad; nació allí, pero siempre sintió como que había una barrera entre su familia hindú y los demás trinitenses. Se trasladó a Inglaterra, buscando un sitio dónde sentirse más arraigado, pero tampoco lo encontró; así fue como le vino la idea de que iría a la India, alumbraría esa zona de oscuridad que era para él ese país tan lejano, que encontraría sus raíces. El lugar dónde finalmente se sentiría unido a algo. Pero, desgraciadamente, esto no fue así. De hecho, acabó algo asqueado, con un sentimiento mezcla de humillación, desasosiego e ira, enfadado de ese sentimiento de negación y pasividad de la India de los años sesenta. De esa mentalidad medieval continuista capaz de ignorar lo obvio, capaces de cagar colectivamente en medio de la calle para luego negarlo mientras a su lado alguien lo practica sin esconderse. Descubre que los indios son serviciales, obtusos, capaces de tolerar humillaciones y practicarlas con los demás por motivos tan arraigados como la casta.

A nivel puramente literario, la novela es algo irregular en cuanto al ritmo narrativo. Hay capítulos que más que una experiencia de viaje son ensayos que rompen la fluidez de otros capítulos que se centran en las experiencias del propio Naipaul, pero narradas como si de una novela de ficción se tratara; es ahí donde la novela gana en fluidez y es donde lo que quiere enseñarnos Naipaul le entra mejor al lector y es expuesto con mucha más eficacia, a diferencia de los ensayos, que pueden acabar siendo algo espesos. Sin embargo no son ni mucho menos desdeñables, porque uno nota que Naipaul es un maestro expresando sus teorías sobre cómo es la India y sus gentes, pero siempre queda patente que ese es su punto de vista personal e intransferible y que su experiencia tiene mucho que ver con el país, pero, también, consigo mismo y su manera de ser.