miércoles, 24 de febrero de 2016

[Crítica libro]: "Manuscrito encontrado en Zaragoza (Versión de 1810)" de Jan Potocki


Los difuminados orígenes de un género

Creo haceros un favor brindándoos
una oportunidad de complacerme...
Hará un tiempo leí esta interesante guía que escribió La espada en la tinta para aquellos que quisiéramos sumergirnos en la literatura de terror y no tuviésemos mucha idea de por dónde empezar; pensé que sería una ocasión perfecta para meterme en un género del que no conozco apenas nada. Leyendo la primera parte de esta guía, y dejando claro que es algo difícil remontarse a los orígenes de cualquier género, la autora recomendaba la lectura de Manuscrito encontrado en Zaragoza para empezar. Cuando busqué información de este libro resultó que la cosa no era tan sencilla: había dos versiones, la de 1804 y la de 1810, y no sabía muy bien qué diferencias había ni cuál sería la mejor opción. La de 1810 es más extensa y hay pasajes que transcurren de forma distinta y esos añadidos hacen que el carácter global de la obra cambie ostensiblemente (o eso entendí: hay un ensayo al final del libro que aún no he leído que habla de ello). Pues bien, me decanté por esta última versión más completa.

Siempre hablo de mi temor a leer ladrillos intragables y Manuscrito encontrado en Zaragoza está muy bien escrito y la mayoría de veces es una lectura agradable y amena. Hay personajes memorables entre las páginas de Manuscrito…, como el entrometido Busqueros, un personaje terriblemente divertido y odioso a la vez, un manipulador nato que ejemplifica a la perfección el carácter burlesco de toda la obra, o Velázquez, un erudito que es capaz de explicarlo todo desde el punto de vista de las matemáticas. Además, el esquema de historias dentro de historias, como si de una matrioska se tratara, no es nuevo, y aquí está muy trabajado para que luego los distintos personajes de las distintas historias encajen entre sí como un puzle. Es difícil que tras veinte historias cortas de distintos personajes el lector aún permanezca atento y Manuscrito... lo consigue con creces. Al menos la mayor parte del tiempo.

El problema es que hay algunas historias muy aburridas, pegotes difíciles de tragar, como la historia del sistema de Velázquez (exclusiva de esta versión de 1810), o la pobre conclusión de la historia de los Gomélez, que solo le debieron servir al autor para demostrar lo mucho que sabía de ciencias, historia y teología, y que solo entorpecen el ritmo ágil de las demás narraciones, donde destacaría, por encima de todas las demás, la del gran arco que versa sobre la historia del gitano y todas sus ramificaciones, aunque esta termine de una forma un tanto atropellada. También el arco de Alfonso van Worden empieza bien, porque estás intrigado por saber qué le ocurrirá, si conseguirá salir del embrollo en el que se mete inicialmente; además, no sabes si las personas que se va encontrando están tratando de engatusarle de algún modo o si todo es real; sin embargo, la conclusión de su historia, que es la de los Gomélez, es insatisfactoria.

Si en algo destaca Manuscrito... por encima de todo es ese tono burlesco y satírico que impregna todas las historias y que salpica a todo el abanico de personajes. Ridiculiza muchísimos temas de la época, como el honor de los caballeros, la pureza del clérigo y de la religión cristiana, la supuesta superioridad de la gente de letras y su vano afán de dominar todas las disciplinas del conocimiento humano; también de la vida en la corte y de las damas de alta cuna, de la frivolidad de la nobleza y sobre lo estúpido del honor y la mitificación del amor. Pero siempre con una ironía muy calibrada que no convierte su lectura en un chiste. El terror, en el que algunos la encuadran, le queda un poco grande, porque apenas hay elementos propiamente dichos de este género, pero sí se intuyen algunos de los temas que más adelante otras obras explotarían ampliamente, como los aparecidos o los ritos satánicos, aunque aquí, y esto es un spoiler de los gordos, solo sean tretas para engañar al protagonista y hacerle creer que está viviendo hechos extraordinarios y sobrenaturales.

Conclusión: Pese a que el ritmo ágil se ve interrumpido en ocasiones por algunas historias farragosas (y que hacia el final acabé saltándome porque no aportaban nada a la historia principal), es una lectura notable y divertida que no dudo en recomendar. Solo por leer a Busqueros ya merece la pena.

martes, 9 de febrero de 2016

[Crítica libro]: "Los años de peregrinación del chico sin color" de Haruki Murakami

Las jod**** heridas del pasado


No sé si ya lo he contado más de una vez o qué, pero con los libros me ocurre algo que no me ocurre con el cine: que me cuesta más empatizar con los personajes, o emocionarme o conectar con lo que se me está contando. Quizás sea porque soy más visual, o qué se yo. Eso no quiere decir que no disfrute de la lectura; leo más que veo y mi balance lector siempre es más positivo que mi balance cinéfilo y es raro que yo destroce un libro, porque siempre hay algo que me gusta de casi cualquier lectura. Rodeos a un lado, si os cuento todo esto es para deciros que Haruki Murakami es de esos pocos escritores con los que sí consigo conectar y emocionarme y sentirme cautivado por lo que leo. Si tuviera que quedarme con un solo escritor, me quedaría con Haruki Murakami.

Yendo al meollo de la cuestión, “Los años de peregrinación del chico sin color” es un libro notable, casi excelente. No es de lo mejor que he leído de él, porque tanto “Tokyo Blues” como “After Dark” y “De qué hablo cuando hablo de correr” me parecen redondos y superlativos. Pero “Los años…”, aunque siga perdiendo por comparación, es una novela notabilísima. Murakami escribe muy, muy bien (la traducción al catalán es muy buena, mejor que la castellana en este caso) y uno puede encontrar los recursos y detalles recurrentes del escritor. Además, ha conseguido que estuviera en más de una ocasión tenso, expectante, sin saber muy bien qué reacciones tendrían los personajes, y eso es algo poco frecuente. Y, como viene siendo habitual en sus lecturas, uno de los puntos fuertes son los temas y reflexiones que quiere tratar.

En “Los años…” hay reflexiones sobre el sentido de la vida, como es habitual en su obra, sobre las heridas del pasado y la desorientación que puede provocarnos el no conocer el lugar que nos toca en el mundo, y son reflexiones hechas desde la lucidez y se nota que destiladas tras años de experiencia. Siempre me ha parecido extraordinaria la capacidad de Murakami de, casi como un cirujano, extirpar las grandes preocupaciones que, al menos a mí, me rondan la cabeza, y luego plasmarlas en el papel de forma tan precisa. En varios tramos me he sentido identificado con Tsukuru (siempre he conectado muy bien con Murakami y sus personajes) y el libro ofrece más respuestas que cualquier libro de autoayuda de tres al cuarto que podáis encontrar por ahí. El tema central gira alrededor del peso de las relaciones, de los altibajos a los que todos con un mínimo de profundidad nos enfrentamos y enfrentaremos durante nuestras vidas, de las pérdidas y los daños irreparables, de la capacidad para salir a flote en esas ocasiones, incluso del egocentrismo de sentirnos las víctimas de cualquier ruptura, de lo importante que es hablar sobre los errores del pasado, enfrentarse a ellos y resolverlos, no porque eso vaya a curarnos milagrosamente, ese no es nunca el mensaje que quiere vendernos Murakami, sino porque puede hacer que la carga sea más llevadera, y porque es mejor sentir dolor que no sentir nada, porque por mucho que enterremos esos episodios dolorosos en el fondo de nuestra conciencia, estos siempre estarán ahí para marcar la persona que somos ahora. Murakami nos dice que hay que vivir con esa carga, nos guste más o menos.

Sin embargo, pese al potencial temático que ofrece y lo entretenida que es su lectura, gracias a una narración ágil y unos diálogos muy bien construidos, es el libro menos redondo que he leído de Murakami; en según qué puntos de la narración he tenido la sensación de que podría haber sido más corto y que la frescura y originalidad inicial (Murakami es un diez con los inicios) se iban perdiendo poco a poco, aunque hacia el final se volviese a animar y volviese a ser la novela excelente que esperaba.