lunes, 10 de octubre de 2016

[Crítica libro]: "Reencuentro" y "Un alma valerosa" de Fred Uhlman

Una mirada algo superficial

"Una alma valerosa"
No sé si os ocurre a vosotros, pero a veces tengo la impresión que las obras ambientadas en la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto tienen que gustarme per sé, porque tengo la impresión que si no es así iré al infierno a reunirme con Hitler y compañía. A menos que la obra sea realmente mala y no haya muchas dudas respecto a ello, en muchas ocasiones tengo la impresión que un engranaje interno me mueve a valorarlas más positivamente de lo que fríamente haría y hago con otras. En el terreno cinematográfico me ocurrió no hace mucho con Hijos del Tercer Reich y La vida es bella, por poner solo dos ejemplos entre muchos, y en el campo de la literatura con Paradero desconocido de Kressman Taylor, que es una obra notable, pero que si te detienes a analizarla descubres que es algo anecdótica y superficial y que se queda en un mero ejercicio de poner sobre papel una idea que, como el hijo de la misma autora indica al final de la edición que tengo yo, le hizo gracia cuando la comentaba con sus amigotes. El libro de Kressman Taylor venía avalado por mi bibliotecaria (que también me había recomendado meses antes La vida de los otros, otra que tampoco me entusiasmó demasiado y que todo el mundo pone por los cielos) y, como para quedar bien le dije que no solo no me había gustado sino que me había entusiasmado, porque no tengo la suficiente confianza como para hablarle con franqueza y soltarle todo este rollo que te estoy soltando a ti, querid@ lector@, me dijo que tenía que leer a Fred Uhlman y sus novellas sobre la amistad truncada entre un judío y un suábio aristocrático por culpa del nazismo. Se levantó y fue a buscarme Reencuentro y Un alma valerosa, la primera y segunda parte respectivamente, y me dijo que me encantarían. Ambas narran los mismos hechos, pero la primera desde el punto de vista de Hans, el chico judío, y la otra desde el punto de vista de Konradin, el aristócrata.

El problema de Reencuentro es que, pese a ser una novella de 91 páginas, tiene demasiados datos irrelevantes sobre la geografía de la zona (ni siquiera he retenido qué lugar es en el que ocurre la acción. Así de absorbente es el libro) o sobre los antepasados de los alumnos de la clase en la que se encuentran nuestros dos amigos. Hay referencias que están ahí como sacadas de la Wikipedia (en el caso de Uhlman, la enciclopedia) y hay descripciones de personajes que, por el poco o nulo peso que tienen, no pintan nada en la narración. Está claro, como ocurría en Paradero desconocido, aunque esta última es mejor, que todo es un vehículo para narrarnos como el nazismo fue capaz de destruir cosas tan puras a nivel íntimo como la amistad floreciente entre dos chicos intelectuales y sensibles, y que no se quedó solo en lo de los campos de concentración y el desembarco de Normandía; sin embargo, esto se queda en algo interesante rebozado de hechos y datos que son una mera carcasa que no nos interesa lo más mínimo. Y luego está el final: ese giro tan novelesco en la última frase te saca completamente de la narración, le da un toque de ficción que no encaja con el tono realista e incluso autobiográfico de lo que se narra.

Un alma valerosa, la segunda mitad de la historia, es algo más conmovedora, menos fría que la anterior, pero tiene un serio hándicap pese a ser algo superior a la anterior y que la hace perder enteros: que te está contando los mismos hechos, desde la perspectiva del otro amigo, Konradin, que ya se narraban en la anterior novela, y hay muy poca cosa que resulte novedosa en ella. El interés va decayendo cuando descubres que solo quedan pocas páginas para el final y has estado leyendo la misma historia y que apenas ofrece nada nuevo, porque no nos engañemos, la perspectiva de Konradin no necesitaba de otra novela para mostrarse, porque ya la deducías tú mismo de lo que no se contaba en la anterior historia y de lo que Hans iba deduciendo él solo.

Si dejamos a un lado estos aspectos negativos, ambas obras tienen aciertos parciales que las hacen recomendables: principalmente, para entender las mentalidades de los aristócratas y las clases medias antes y durante la aparición de Hitler y para ver cómo, hasta en aquellas élites más intelectuales -representadas por el personaje de Konradin-, se apostó por el nazismo fácilmente. Que no fue cosa de lavados de cerebro, sino que la aristocracia aprovechó esa situación, desde su óptica, para recuperar esa gloria perdida de los tiempos pasados y volver a ocupar ese lugar floreciente que habían ostentado; y, de pasada, para usurpar las riquezas de los judíos ricos que se estaban haciendo un hueco en un estamento que creían exclusivo de ellos, y vieron en Hitler esa vía de recuperar lo que creían que solo debía ser para los alemanes que tenían antepasados alemanes.

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