jueves, 4 de agosto de 2016

[Crítica libro]: "El hombre en el castillo" de Philip K. Dick


Coitus interruptus

Que me importan una mie*** las joyas
y las antigüedades
Alentado por las opiniones positivas que colocaban este libro como uno de los mejores escritos de ciencia-ficción que se habían escrito y habiendo sido recomendado por escritores de la talla de Roberto Bolaño o  llevado por opiniones tan a tener en cuenta como la de Stanislaw Lem, que dijo que toda la ciencia ficción que se escribía en Norteamérica salvando a K. Dick era basura (no sé si usó estos términos, pero sí era esta la idea), me dije: tienes que leer más a Dick y, en concreto, una de sus obras más laureadas: El hombre en el castillo. De él ya había leído con anterioridad Esperando el año pasado y me pareció un libro que tardaba demasiado en arrancar, pero cuando lo hacía, era una historia buenísima sobre viajes en el tiempo. Lástima que El hombre en el castillo no arranca nunca.

A medida que iba leyendo e iba terminándolo, tenía muy claro que había dos historias que no iban a ir a ningún lugar: la de Frank Frink y su taller de joyería y la de Robert Childan y su tienda de antigüedades, que siendo políticamente incorrecto, me la sudaban. Oiga, que no digo que no entendiese de qué iban ni qué querían simbolizar (véase el penúltimo párrafo de esta crítica), pero simple y llanamente no me interesaban lo más mínimo y solo hacían que entorpecer la única trama que realmente funciona: la trama que gira alrededor de la reunión entre Baynes y el almirante japonés. Esa es la única que verdaderamente va alguna parte, la que inyecta algo de ritmo a la historia y la que realmente ofrece algo interesante y que hace avanzar argumentalmente el mundo que recrea Dick. Lástima que poco después de que llegue el clímax, la reunión propiamente dicha y su “interrupción”, vuelve a decaer centrándose en lo que le supone moralmente a Tagomi haber matado a los asaltantes y etcétera. Empieza a entrar en disquisiciones filosóficas sobre la comprensión del mundo y no sé qué más sobre el ying y el yang que, francamente, después de lo de la reunión, me interesaban poco o nada. No era el momento para cortar en seco el ritmo narrativo sino para rematar la faena, y poco después te das cuenta de que ya puedes ir olvidándote de esperar algún tipo de conclusión de la trama más potente de todas, la de lanzar una bomba de hidrógeno en Tokyo. 

Y luego está la trama de Juliana, que, desgraciadamente, también acaba en agua de borrajas. Joe es interesantísimo, pero cuando Juliana decide acabar con él todo se difumina y la reunión final con el escritor es decepcionante, porque no entiendes (y a estas alturas de la misa, tampoco quieres entender) qué es el libro, qué quiere decir el autor con que el libro fue escrito por el Oráculo, por qué no hay castillo ni fortaleza ni nada, por qué sigue vivo el autor si no se protege de nada, si Dick me está diciendo que esta realidad donde nazis y japoneses han ganado la guerra es un sueño/realidad paralela/yo qué sé ni qué tiene entonces el libro que ver con esto. Quizás si Childan y Frink y Tagomi no me hubieran aburrido tanto hubiese estado más atento y dispuesto a entender. Quizás.

Luego están las reflexiones que poco o nada aportan a la historia, como todo el mundillo de las antigüedades y lo que va asociado al valor histórico de los objetos, que ocupa demasiadas páginas, o las que sí son interesantes pero que estás cansado que te las manoseen hasta decir basta, como la del sentimiento de inferioridad mezclado con el de admiración que se siente hacia el enemigo que te derrotó y cómo poco a poco las tradiciones o maneras de ser y pensar del ganador van calando poco a poco en el derrotado y viceversa, o el afloramiento de una nueva consciencia americana a medida que el tiempo va transcurriendo y se dan cuenta de que no hay nada auténtico y místico y tangible detrás de la filosofía oriental de los japoneses.

A todo esto, me doy cuenta de que a Dick no le falta imaginería, pero si algunas nociones de estructura narrativa y arcos de personajes. ¿Es todo negativo? Para nada. La recreación del mundo que propone Dick funciona muy bien la mayor parte del tiempo, aunque haya cosas que no acaben de cuadrarme, como esa imagen de los japoneses respetuosos y tan alejados de los nazis que me resquemaba un poco, y si no que se lo cuenten a los chinos y los americanos que estuvieron en la guerra del Pacífico, que a los japoneses también se les fue la olla e hicieron cosas que nada tenían que envidiar a los nazis. Pero excepto cosas como estas y lo extrañamente maniqueos que resultan los nazis, la ambientación y la recreación histórica del “qué hubiese pasado si…” es excelente y casi el único leit motiv, junto a la trama de Baynes, que genera el suficiente interés como para seguir leyendo sin abandonar el libro.

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