martes, 29 de marzo de 2016

[Crítica libro]: "Asesinato en el campo de golf" de Agatha Christie


Imagínate si hubiese dos Poirots

Aún no sé muy bien qué pinta ahí la
esvástica xD
Es indudable el talento de Agatha Christie gestionando la intriga y dosificando la información. Tiene una habilidad pasmosa para los giros de guion, y cuando crees que todo está cerrado y bien atado, te sorprende con el enésimo twist. A veces, sin embargo, estos giros son algo forzados; vamos, que más allá de hacer encajar piezas que ni te habías imaginado que podían encajar y sacarse cartas de la manga que hacen que todo cobre un nuevo significado, a veces, y solo a veces, Christie es víctima de sus giros de guion y el intentar justificarlos. No suele ser así en la mayoría de sus libros, que suelen ser redondos, pero, por desgracia, tiene unas cuantas obras menores dónde esto no es así. Y Asesinato en el campo de golf es una de estas novelas. Es entretenida, tiene giros que no esperas, un asesino que no imaginas quién será hasta que Poirot te lo revela. Y tenemos a Poirot, el alma del libro.

Pero hay varios peros.

Aquí Hastings (el narrador) es un pesado del mil (o quizás lo recordaba menos plasta), más tontillo incluso que el lector, con unos razonamientos y una manera de pensar muy anticuadas. Y demasiado ingenuo. No es que me identifique con Poirot, porque está claro que no le llego ni a la suela de los zapatos, pero es que Hastings parece un crío de diez años cuando hace cábalas y un adolescente hormonado cuando se trata de bellas damas en apuros o, como él las llama, diosas. Este no es el Hastings que recuerdo de El misterio de la guía de ferrocarriles o La muerte de Lord Edgware y es un contrapunto demasiado débil para el increíble Poirot.

Además, como es una de sus primeras obras, y se nota, Christie aún no había descubierto que lo suyo era la intriga a palo seco, sin aderezos que entorpezcan el ritmo. En Asesinato en el campo de golf hay tramas pseudorománticas propias de hace dos siglos que entorpecen el caso.

Y ya en un segundo plano, hay algunos giros que hacen que las bases de todo el crimen se sostengan con alfileres. ¿No es demasiada casualidad que, oportunamente, cuando más lo necesita el matrimonio Renauld, aparezca un vagabundo por su casa, le dé un ataque epiléptico mientras forcejean con él y, voilà, se les ocurra todo el tinglado que montan? ¿No había otro modo más creíble de conseguir un cadáver para montar la farsa, señorita Christie? Y ya puestos: ¿no es extremadamente casual que Hastings conozca al principio de la historia, mientras viaja en tren, y de forma espontánea, a una chica que luego más tarde tendrá que ver con el crimen? Y no es que el encuentro fuera premeditado, es que el caso que le mandan a Poirot y este encuentro son dos hechos independientes que acaban confluyendo. Joder, sabía que el mundo era un pañuelo, pero no hasta tal punto.

Estamos ante una de las obras menores de Christie; te entretendrá, disfrutarás con Poirot y con un caso que, como siempre, no es lo que aparenta, pero no esperes un Asesinato en el Orient Express o un La muerte de Roger Ackroyd. Está más próximo a títulos como Miss Marple y trece problemas o El misterioso caso de Styles.

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