domingo, 27 de diciembre de 2015

[Off-topic]: "Balance lector del 2015"

No, no he cumplido el reto que me marqué

Y otro año que pasa. Este año me había marcado la nada desdeñable meta de leer 55 libros, porque soy muy chulo, y he vuelto a quedarme corto. Aunque, por otro lado, esa es la gracia. ¿Qué sería de los retos si fueran fáciles de cumplir? He leído un total de 42 libros, aunque si contamos que "Mundos de exilo e ilusión" son tres libros en uno, he leído 44 libros, más que este año pasado y el anterior, aunque por muy poco. Pasado a páginas, unas 11.210; unas mil más que el año pasado, pero aún lejos de las casi 13.500 de 2013. Por otro lado, este también ha sido un buen año lector; no he tropezado con ninguna bazofia, quizás porque ya he aprendido a evitar según qué libros, y hay muchos libros comprendidos entre las 3 y las 5 estrellas, que no está nada mal.

Si para algo ha servido este año ha sido para reafirmar que Haruki Murakami es uno de mis escritores favoritos y leerle es cómo reencontrarme con alguien muy próximo y con el que comparto, siempre desde la humildad, muchos puntos de vista y sensaciones. En Tokyo Blues me emocioné, que no es nada frecuente que me ocurra con un libro, y en De què parlo quan parlo de córrer comprendí qué clase de persona es y confirmar que algunos de mis puntos de vista e ideas sobre las personas, sobre mi mismo y sobre la vida no son, para nada, extraños. Cormac McCarthy, otro de mis favoritos, me decepcionó con la aburrida e incoherente La oscuridad exterior, pero en Todos los hermosos caballos he vuelto a redoblar mi fe en su literatura y en su particularmente fría y aséptica narración.

También he descubierto a autor@s como Olga Tokarczuk, a la que tuve la ocasión de conocer en la Feria del Libro de Madrid, y darme cuenta que es una escritora brillante (aunque me molesta mucho que solo tenga un libro traducido). También tengo ganas de leer más de Roberto Bolaño, Javier Cercas y Julio Cortázar, cuyas lecturas he disfrutado muchísimo, y continuar riéndome de lo lindo con Terry Pratchett y su Mundodisco. Ursula K. Le Guin y Stanislaw Lem me han mantenido atrapado en sus mundos de ciencia-ficción y me he reencontrado agradablemente con Stephen King, al que tenía algo abandonado, y con el que pienso pasar más horas este año que viene ahora que he empezado con su vasta saga de La Torre Oscura. Autores tan dispares como Imre Kertész, Jon Krakauer, Gabriel García Márquez y Samanta Schweblin también han sido buenas apuestas a las que hay que seguirles la pista. Y luego están los fracasos, pero no voy a centrarme mucho en ellos. Patrick Rothfuss, Milena Busquets y Robert W. Chambers, mis apuestas más comerciales, han resultado ser un bluff y de Alastair Reynolds y Thomas Wolfe esperaba mucho más.

Sin más dilación, aquí tenéis la lista de libros leídos. En negrita mis favoritos.

1. El baile de Irene Némirovsky
2. Los detectives salvajes de Roberto Bolaño
3. Desgràcia de J.M. Coetzee
4. La oscuridad exterior de Cormac McCarthy
5. El inquilino de Javier Cercas
6. Máscara de Stanislaw Lem
7. Antígona de Salvador Espriu
8. Supervivent d'un cant remot de Josep Carner
9. Tempestat de flama de Bartomeu Roselló-Pòrcel
10. Ilíada de Homero
11. Tòquio Blues de Haruki Murakami
12. Impostura de Enrique Vila-Matas
13. Así es como la pierdes de Junot Díaz
14. Mendel el de los libros de Stefan Zweig
15. Seda de Alessandro Baricco
16. Las grandes familias de Maurice Druon
17. El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez
18. Todos los hermosos caballos de Cormac McCarthy
19. Nada que esperar de Tom Kromer
20. Pasaporte de Óscar Sejas
21. Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza
22. También esto pasará de Milena Busquets
23. Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq
24. Esperando el año pasado de Philip K. Dick
25. De què parlo quan parlo de córrer de Haruki Murakami
26. Una puerta que nunca encontré de Thomas Wolfe
27. Espacio Revelación de Alastair Reynolds
28. Hacia rutas salvajes de Jon Krakauer
29. Distancia de rescate de Samanta Schweblin
30. Un lugar llamado Antaño de Olga Tokarczuk
31. La luz fantástica de Terry Pratchett
32. El nombre del viento de Patrick Rothfuss
33. Lo contrario de la soledad de Marina Keegan
34. Entre paréntesis de Roberto Bolaño
35. Todos los fuegos el fuego de Julio Cortázar
36. El Rey de Amarillo de Robert W. Chambers
37. Cómo sobrevivir a Carla de Luis Cano Ruiz
38. El pistolero de Stephen King
39. Sin destino de Imre Kertész
40-42. El mundo de Rocannon, El planeta del exilio y Ciudad de ilusiones de Ursula K. Le Guin
43. Historia del tiempo de Stephen W. Hawking
44. Muerte súbita de Álvaro Enrigue

martes, 15 de diciembre de 2015

[Crítica libro]: "Historia del tiempo" de Stephen W. Hawking

La teoría de la relatividad no da miedo

El astronauta que cayera en un agujero
negro sería reciclado XD
Seamos sinceros: no tenemos ni p*** idea sobre cosas de las que deberíamos tener más idea, aunque solo fuese porque deberíamos tener más curiosidad sobre el mundo que nos rodea y, en este caso, el universo en el que vivimos. Seguro que si ahora os pregunto qué ocurre a nivel de partículas cuando algo tan cotidiano como la gravedad actúa sobre un cuerpo o si os pido que me expliquéis por qué recordamos el pasado y no el futuro seguro que no sabríais qué contestarme (ni yo hubiese podido antes de leer este libro). Bueno, lo mío tiene más delito porque tuve un profesor de física en la universidad, David Jou, que impartió un curso de libre elección que tenía por objetivo acercar los diferentes aspectos clásicos y actuales de la física, la biología y otras ciencias a estudiantes que nunca los hubieran tocado. Curiosamente, David Jou también fue el encargado de escribir el breve apunte biográfico de Hawking, al menos en el apéndice de la edición que mi madre compró de Historia del tiempo de Círculo de Lectores de 1988 (apunte biográfico de 6 páginas mucho más interesante que la reciente La teoría del todo). Casualidades de la vida. Así que aun teniendo ese bagaje, tengo que reconocer que en ocasiones me ha costado deshacer mis esquemas mentales erróneos en según qué puntos durante la lectura de Historia del tiempo y en otros he tenido que desistir de entenderlos al dedillo para conformarme haciéndome una idea general. Lo que sí tengo claro es que la lectura de este libro es necesaria, se entienda perfectamente o no, cueste o no, porque no está de más interesarnos por temas que normalmente ignoramos, porque, lo queramos o no, vivimos en un universo que no entendemos.

La concepción que tenemos del universo, como individuos que salen de la escuela y no se preocupan por saber más, es arcaica y desfasada. Tenemos unas ideas sobre el tiempo y el espacio que llevan décadas en desuso y con las que nos sentimos muy cómodos. En la escuela/instituto empiezan por ellas porque son aproximaciones más sencillas del mundo que nos rodea y porque es interesante conocer cómo evolucionó el pensamiento científico a lo que el universo y todo lo relacionado con él se refiere, pero al menos en mi caso, el temario se quedó ahí. No me contaron nada de la teoría de la relatividad ni las implicaciones que eso tenía, ni me explicaron que anulaba muchas de esas ideas que me habían estado enseñando semanas atrás, del mismo modo que los científicos tienen que rehacer continuamente lo que ellos creen. Tampoco me hablaron de la teoría de cuerdas, ni de las partículas subatómicas más allá del electrón, ni del big bang ni del modelo inflacionario del universo. Ni quiénes eran Dirac, Feynman o Friedmann, o lo importantes que fueron Heisenberg o Hubble en sus respectivos campos. Aunque esto no tenga mucho que ver con el libro (o quizás sí), la educación debería replantearse, si no lo hace ahora ya, porque sinceramente lo desconozco, dar el salto y tratar también de enseñar las teorías más actuales, por muy difícil que sea el digerir dichas teorías y acercarlas a la gente corriente. Es por eso que cuando Hawking te empieza a contar que el tiempo no es el mismo para cada persona, que transcurre distinto según la posición y la velocidad de cada observador, se nos gira el cerebro y nos negamos a que nos cuenten más, no vaya a ser que se nos crucen los cables. O cuando intenta explicarte, después de varios pasajes particularmente espesos y sesudos, que quizás no haya ni un inicio ni un final del universo, sino que el universo simplemente es y ya está. Pues bien, ya basta de creencias erróneas. Es el momento de leer Historia del tiempo de Stephen W. Hawking. Perfecto para desengrasar nuestro cerebro, acomodado en ideas erróneas y en la cómoda ignorancia.

Pero no os voy a engañar. Pese a que Hawking escribió este libro para acercar conceptos complicadísimos y hasta cierto punto casi inimaginables a los demás mortales que no tienen conocimientos de física, no es, en muchas ocasiones, un libro fácil de digerir. Es un libro para ir poco a poco, dónde hay que releer varios pasajes para entender el siguiente, porque la física actual es compleja y necesitamos tiempo para absorber todos esos conceptos y teorías que nunca nos habíamos molestado en conocer. Es normal que el lector se sature, que abandone el libro cansado de tanto fotón virtual y tiempos imaginarios, y acabe, hasta cierto punto, asqueado. No lo niego. Yo tuve la suerte de tener a David Jou de profesor en la universidad, como ya os he comentado antes, y ya nos explicó muchas de estas cosas. También ayuda, por otro lado, lo bien que escribe Hawking, siempre ameno y dispuesto a bromear cuando se tercia, humilde cuando debe confesar que se ha equivocado cuando una de sus creencias es tumbada por otro científico y por él mismo y conciliador cuando se trata de discutir, sin prejuicios, sobre si un Creador podría tener o no cabida en un universo como el nuestro.

También es cierto que Hawking tampoco espera que el lector memorice esas partes tan espesas, sino que este se quede con una idea general sobre el estado actual (al menos a fecha de 1988) del universo, en qué estado se encuentran las investigaciones en todos los campos relacionados con él, cuáles son los objetivos y metas en los años venideros, cuáles han sido los aciertos y los fracasos necesarios para llegar a este punto, y cuál ha sido su contribución a todo esto. Que el lector se interese en conocer de dónde partimos, hacia dónde vamos, qué sentido tiene todo o si nunca llegaremos a una teoría unificada que lo explique y lo prediga todo.

domingo, 6 de diciembre de 2015

[Crítica libro]: "Sin destino" de Imre Kertész

Canto a la esperanza

Me meo en "El niño con el pijama
de rayas"
Como much@s han apuntado ya, esta es la versión de verdad de la historia de El niño con el pijama de rayas. Sin pasar por el filtro del mainstream, en toda su crudeza y realidad. Hasta me han entrado ganas de restarle una estrellita más al otro leyendo este. Porque, lo queramos o no, tiene muchísima más validez todo lo que nos cuenta Kertész, que sí vivió el horror de los campos de concentración, que una persona que no lo ha hecho.

Pero dejando a un lado todo eso, otro de los puntos clave de Sin destino es que se lee con rapidez; tienes ganas de saber qué vendrá luego, aunque ya puedas más o menos imaginar que todo acabará llevando al personaje a un campo de concentración y que se los horrores inimaginables se irán sucediendo uno detrás de otro. Esto me lleva a que el verdadero mérito de "Sin destino" es cómo está escrito y lo innovador que resulta situar el punto de vista en un joven de 14 años que no entiende muy bien todo lo que ocurre a su alrededor; y es ahí donde radica la gracia (si es que puedo usar esa palabra para definir la experiencia de esta lectura), el contrastar lo que uno sabe sobre el holocausto con la versión subjetiva y no del todo perspicaz y sagaz de un joven inexperto en los temas de la vida. Bajo este prisma, hay tramos que ganan brutalmente, como la llegada a Auschwitz y el proceso de selección, y las penurias en Zeitz, dónde Kertész ha sido capaz de removerme las tripas y hacerme sentir incómodo en más de una ocasión. Sin embargo, paradójicamente, acaba siendo lo único achacable a Sin destino, puesto que acaba por cansar lo que al principio empieza siendo tan original.

Es difícil de creer, e incluso de aceptar por el lector, o al menos así me ha ocurrido a mí, que Kertész incida sobre algo a lo que no estamos acostumbrados cuando nos hablan del holocausto y los campos de concentración: que incluso en esas condiciones, puede surgir la alegría de vivir y tener cabida la esperanza. Es tal el horror y tales las historias que nos han contado y hemos visto o leído que automáticamente excluimos esa posibilidad. Y duro es ver cómo el protagonista se aferra a eso y no a los horrores una vez ha terminado su periplo, viendo todo por lo que ha pasado. Cuando leía el desenlace parecía que me sentía identificado con aquellos que se enfadan con él por no centrarse en los horrores, condenar inmediatamente a los nazis, pedir que los ahorcaran a todos y olvidar todos esos momentos en los que fue denigrado y torturado; centrándose solamente en que hubo momentos en los que llegó a ser feliz allí dentro. Y es que es así. Si no hubiese sido por su compañero Bandi Citrom, o los cuidados que recibe en Buchenwald por parte de Pietka y el médico, hubiese sucumbido al horror. Porque incluso en esas circunstancias, como dice Citrom y pronto asume el protagonista, uno no puede abandonarse, tiene que recorrer todo ese periplo paso a paso, sin pensar demasiado en todo lo que puede venir o lo duras que sean las circunstancias presentes. En el campo de concentración había momentos para la camarería, para compartir las penas con los demás o aislarse en algo tan infravalorado como la imaginación. Aunque todo eso nos sea difícil de aceptar mientras lo leemos, por el bagaje fílmico y literario sobre el género que tenemos. Tan difícil como el punto de vista del protagonista, que en ocasiones trata de justificar y buscar sentido a unas prácticas humillantes y degradadoras, o justificar que todo lo que le ha ocurrido es producto de un destino preestablecido. Porque creer en lo contrario le parece imposible: que alguien libremente pueda vivir todo lo que ha vivido le parece increíblemente imposible. Y eso es lo que diferencia el relato de Kertész de los demás: que es capaz de incomodarnos y que veamos unos hechos conocidos bajo otra perspectiva, más rica en matices, pero ojo, sin olvidar el horror.