viernes, 27 de noviembre de 2015

[Crítica libro]: "El planeta del exilio" de Ursula K. Le Guin

Se acerca el invierno

A ver si nos aclaramos: ¿es "Planeta de
exilio" o "El planeta del exilio"?
Hará ya más de medio año empecé "Mundos de exilio e ilusión" de Ursula K. Le Guin, una edición de la ya extinta colección que inició RBA para lanzar novelas de scifi y fantasía hará un tiempo y que desgraciadamente canceló al poco, en la que se recopilan las tres primeras novelas que escribió la autora sobre el ciclo Hainish. Leí el primero de los tres, "El mundo de Rocannon", y pese a que es una agradable lectura con un final trepidante, no es redondo. Impelido por la urgencia de completar de forma mínimamente digna el reto que me puse a principio de año (al menos la mitad), decidí continuar y seguir con el segundo, "El planeta del exilio", y, bueno, vaya salto cualitativo experimentó Le Guin (pese que ambos fueron publicados el mismo año). "El planeta del exilio" tiene una estructura narrativa más pulida (se nota que es una novela planificada al dedillo, no como la anterior), con las ideas claras y un tema de fondo que recuerda a "El mundo de Rocannon", pero mucho más trabajado.

Estamos en un planeta en el que conviven los alterranos, los nacidoslejos, que vinieron desde otro planeta como una división de la Liga de Todos los Mundos para estudiar a las diferentes culturas que lo pueblan, y pronto olvidados por la Liga a causa de una guerra que estalló a escala intergaláctica hará mucho tiempo, más desarrollados y más inteligentes que los nativos; por otro lado, los autodenominados hombres, la raza autóctona del planeta, organizados en comunidades más primitivas y supersticiosas, enfrentadas entre sí, pero mejor adaptados que los nacidoslejos. Los nacidoslejos viven en Landis, la última de las ciudades de la Liga que sigue en pie, languideciendo paulatinamente; sus vecinos más cercanos, los tevarianos, son una comunidad de nativos nómadas con la que viven en incómoda paz. Ambas comunidades han vivido manteniendo las distancias, hasta el punto en el que apenas se relacionan más allá de lo meramente estricto. Todos se consideran a sí mismos como humanos y desprecian, abiertamente o inconscientemente, al otro. Hasta que deben enfrentarse a un enemigo común, los gaal, que viven en el norte y que llevan tiempo creciendo en número para hacerse con todos los territorios más al sur de dónde viven y sobrevivir así a un invierno que durará quince años.

"El planeta del exilio" toca varios temas, como lo que implica vivir lejos del hogar en el que naciste, incluso si no naciste en él, o la tristeza y desazón que provoca el vivir en una sociedad moribunda y condenada a desaparecer. Pero es el racismo y la desconfianza hacia otras culturas y modos de vida el eje principal de esta novela corta. Muestra como el racismo se interioriza con el tiempo y acaba convirtiéndose en algo inconsciente para muchos. Pese a que ambas comunidades se alían contra un invasor común, se unen simplemente porque "la unión hace la fuerza", no porque se quieran. Y del mismo modo deshacen el pacto en cuanto los dos protagonistas, un nacidolejos y una tevariana, se enamoran. Son castigados por la intolerancia y la estupidez reinante y es eso precisamente lo que los llevará a todos al borde de la extinción. Quizás lo único que pueda achacársele a "El planeta del exilio" es que la tribu nómada de los tevarianos sea la más racista de las dos y la que acabe arruinando la alianza, y los colonizadores iniciales, los nacidoslejos, los más tolerantes y los que acaban siendo más respetuosos. Como si quisiera contarnos que los colonizadores de un territorio siempre son superiores moralmente y los autóctonos los más intolerantes. Producto de una mente colonizadora, que le haremos.

Conclusión: si empezáis cronológicamente, que "El mundo de Rocannon" no os frene y continuad leyendo. "El planeta del exilio" es una buena novela para pasar un buen rato.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

[Crítica libro]: "Todos los fuegos el fuego" de Julio Cortázar

Haced caso a vuestras madres

Con portadas tan anodinas como esta
no me extraña que la gente no se
acerque a libros como este
Hacía tiempo que mi madre, como asidua lectora que había sido de literatura latinoamericana, me insistía en que debía empezar a leer a Julio Cortázar. Que si Rayuela es buenísima, que si El perseguidor le había impresionado, que si Cortázar como persona le encantaba. Pero como suele ocurrir cuando alguien te recomienda algo, haces caso omiso y dices que te lo apuntas "a tu interminable montaña de lecturas pendientes". Al final le hice caso -a medias- y me hice con Todos los fuegos el fuego más o menos por Sant Jordi y no lo he cogido hasta ahora. Y bueno, mi madre, una vez más, tenía razón. Mi primera incursión en el universo de Cortázar no podría haber sido más satisfactoria. Todos los fuegos el fuego es un excelente recopilatorio de cuentos sobre las relaciones humanas, ya sea a nivel de sociedad (como en la "Autopista del sur"), entre los individuos de una familia ("La salud de los enfermos"), entre parejas o triángulos ("Todos los fuegos el fuego") o con uno mismo ("El otro cielo"). Entre otras muchas cosas, claro. 

Por ejemplo. "La autopista del sur" es un relato perfecto sobre cómo se construyen las sociedades y cuáles son los pilares que las fundamentan, sean cuales sean las circunstancias en las que se encuentren los individuos que las forman, y en la necesidad de los individuos de agruparse y relacionarse entre sí. En cierto modo me ha recordado a Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, aunque la historia del portugués fuera mucho más cruda que la de Cortázar. "La salud de los enfermos" es un ejemplo claro de cómo una mentira sostenida en el tiempo acaba pagándose cara y "La isla al mediodía" es brillante por ser capaz de mostrar ese estado de ánimo tan difícil de abordar que es el producto de enfrentar la monotonía de la rutina versus la libertad que ofrece la aventura. En "El otro cielo", uno de los mejores del conjunto, Cortázar es capaz de describir con precisión milimétrica el individuo encontrándose en la tesitura de dejar atrás la juventud, el libre albedrío, y entrar en la rutina de la madurez, en meterse de lleno en el tríptico matrimonio-familia-trabajo estable. Es un momento clave en la vida de toda persona y es algo gradual, soterrado, un cambio que te arrastra casi sin darte cuenta, como si algo programado dentro de ti empezase a transformarte como transforma al protagonista de esta historia.

Volviendo al global, el conjunto es sorprendentemente regular, alejado de las antologías a las que suelo estar acostumbrado, dónde los autores/as suelen mezclar cuentos más buenos con otros más flojos. Todos son excelentes ("La autopista del sur", "La señorita Cora" y "El otro cielo" son muy, muy buenos), con contenido, con múltiples lecturas, releibles. De este grupo dejaría fuera "Reunión", que me dejó algo frío, y "Instrucciones para John Howell", no porque no me gustara, sino porque no acaba de encajar temáticamente con todos los demás.

Consejo: haced caso a vuestras madres.