sábado, 19 de septiembre de 2015

[Crítica libro]: "También esto pasará" de Milena Busquets

Crónica de un bluff

Yo soy biólogo, simpático, rencoroso
cultísimo, solidario, genérico,
introvertido, abierto, colérico
A Milena la vi en el pasado Sant Jordi. Yo estaba con el libro “El inquilino” en la mano y deseando que por fin me llegara el turno para que Javier Cercas me lo firmara. Mientras esperaba y evitaba que se me colaran, me entretenía observando a los otros escritor@s que se diseminaban por la mesa del stand que había montado Fnac. Había una cola larguísima delante de Albert Rivera, cosa que dice mucho de la situación política y cultural de este país, y una quilométrica esperando que Albert Espinosa les firmara su último libro. Luego estaba Sarah Lark, que imagino que no debe ser una habitual de estas cosas y que todos sus fans deberían aprovechar la ocasión cuando viene, pero en este caso no fue así. No había nadie. Y luego estaba Milena. No es que firmara muchos libros, pero había un flujo más o menos constante. Me pareció buena mujer y simpatiquilla, así que pensé que podría leer su libro. Sí, a veces me dejo guiar por cosas tan superficiales como esas para leer un libro. Qué le vamos a hacer.

Cuando uno lee “También esto pasará” le invade la sensación de que todo lo que nos cuenta Milena es superficial y ajeno. No he conseguido sentir nada por la protagonista ni por su crisis existencial a raíz de la muerte de su madre. Ni por muchas de sus ideas sobre cómo es la gente de tal o cuál generación. Me irrita que crea que las experiencias que narra en esta novela son universales y que todos las hemos vivido, cuando no son otra cosa que hechos y vivencias con las que solo se podrá identificar alguien de clase media alta (o, como bien sintetiza Marc Pastor en esta escueta crítica en Goodreads, los jóvenes que protagonizan los anuncios de Estrella Damm del verano una vez llegados a los 40 años).

Por otro lado, hay demasiados personajes para tan pocas páginas y tan poca historia. Al final uno se pierde entre tantos personajes masculinos, a saber: Guillem, Óscar, Martí, Nacho, Hugo, Santi, Damián, Tom, Pep, Edgar, Nico y Daniel (vale, estos tres últimos son niños) y todos con sus micropapeles y tan poco desarrollados que podrían haber sido omitidos. Además tiene detalles de escritora poco versada, como describir de la misma manera siempre que hace acto de presencia un personaje nuevo (enumerar 45823 características, a ser posible contradictorias para dar la sensación de complejidad –“Guillem es arqueólogo, bebedor, culto, solidario, inteligente, catalanista, simpático, tramposo, fuerte, mal pensado, generoso, muy divertido” –, y luego describir cómo viste). Que recurra a ello una vez podría llegar a ser original, pero hacerlo con todos los personajes cansa.

Lo mismo ocurre con lo que se narra. Hay muchas escenas que no acaban aportando nada al conjunto, por lo poco desarrolladas que están y por lo anecdóticas que acaban siendo, como la visita al ex de su amiga (el de los perros) o la fiesta nocturna del final, en la que de sopetón te cuenta que tenía un amigo del alma con el que salía siempre de fiesta y con el que se va al piso de no sé quién y habla con un puñado de gente que parece que van a tener algo de protagonismo, pero no es así, porque Blanca se larga tal y como vino y ya nunca más se supo de ellos. Uno acaba preguntándose, demasiado a menudo, qué pintan tal y cual situación y tal personaje y qué pretende Milena conseguir con ello. Es como si te dieran unas cuantas piezas de un puzzle al que le faltan unas cuantas y que al final ni siquiera te molestas en completar.

2 comentarios:

  1. has dado en el clavo, es un truño, un libro de aficionado, sentimental y superficial, sin encarnadura.

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  2. Tan superficial como la autora. Un niña pija metida a escritora

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