jueves, 26 de marzo de 2015

[Crítica película]: "Ex Machina" de Alex Garland

¡Por fin los robots no se dedican a destruir el mundo!

Si todos los robots van a ser así, firmo lo
que haga falta
Caleb (Domhnall Gleeson) es seleccionado por Nathan (Oscar Isaac), el jefe de la empresa multimillonaria en la que trabaja como programador, para que pase con él una semana en un paraje remoto con el objetivo de testear una IA en la que ha estado trabajando durante tiempo.

Hay diálogos elaborados. El enfoque es serio y honesto. Las interpretaciones no desentonan: correcta la de Gleeson, notable la de Vikander y excelente la de Isaac. No cae en los tópicos manidos del género, y eso es de agradecer. No hay cosa que me moleste más que ver a los robots y a las IAs como si fueran los malvados de las películas; vale que el esquema de Terminator es notable, pero demasiadas han bebido del mismo y han denigrado unas figuras que, en su concepción inicial, solo eran espejos de nosotros mismos y un vehículo para hablar y reflexionar sobre el ser humano.

Si todo es tan bonito, ¿qué es lo que falla en "Ex Machina"? El problema de tan sosegada propuesta radica en que el tema que trata no da para una película de hora y tres cuartos; uno siente que el ritmo lento y pausado con el que ocurren las cosas no es otra cosa que el intento de enmascarar el hecho de que no había material suficiente para hacer un largometraje. La película se resiente en según qué tramos, dónde la intriga y la tensión decaen; al espectador le da tiempo a preveer los derroteros de la misma y no consigue generar, además, intriga alguna porque ya hemos deducido cosas antes de que el guionista nos las revele. (Spoilers) Dudo que alguien no supiera que era Ava (Alicia Vikander) quién provocaba los apagones (sorprendentemente, nuestro protagonista llega a esta conclusión muchísimo más tarde, cuando parece que es obvio que los genera ella aposta); o que Garland no jugaría la carta de que Nathan instalara cámaras y micrófonos independientes del circuito general para grabar sus conversaciones durante los apagones; o que el espectador no augurase que Ava no estaba haciendo otra cosa que jugar con Caleb para trabajarse la huida. Tan pronto como esos puntos nos son revelados, ya no logran sorprender al espectador.

Típica estampa en la que tu jefe te dice que no le trates de usted, que es más un colega (qué digo, un amigo) que tu jefe. ¡Ja!

Sin embargo, no todo es malo en "Ex Machina". El tema que trata es muy interesante y lo hace con honestidad. Todo gira alrededor de estas preguntas: ¿Ava tiene conciencia de sí misma? ¿Si tiene conciencia, en qué se diferencia de un ser humano? ¿Qué implica eso? Pues bien, ¿es Ava una IA? Al final vemos que sí lo es, en tanto que se vale de las mismas estratagemas que el ser humano para sobrevivir. Es capaz de fingir, de engañar, de mentir, en definitiva, de hacer todo lo que sus captores no hayan intentado con ella antes. La única diferencia es que ella es consciente en todo momento de sí misma, de sus límites y de cómo sacar partido a todas sus facultades, a diferencia de los humanos, imperfectos y poco conscientes de sí mismos. Ava tiene consciencia de sí misma, quiere sobrevivir y llevar la vida que ella quiere. Solo por las reflexiones que suscita, merece la pena acercarse a este producto.

Estamos ante un producto interesante, bien interpretado y con un conjunto de ideas tratadas desde la seriedad que merecen, lejos de los alardes de pirotecnia habituales en el género. Sin embargo, peca de lenta y alargada, y en gran medida se debe al hecho de que el material del que parte no da para tanto. Sin duda alguna hubiese funcionado mejor como un capítulo de "Black Mirror" que como un largometraje.

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