domingo, 22 de marzo de 2015

[Crítica película]: "Calvary" de John Michael McDonagh

La verdadera fe

Bueno, y otra actuación más nominable
que la de Bradley Cooper. Y ya van unas
cuantas.
Un buen día, el padre James Lavelle (Brendan Gleeson) es objeto de una extraña confesión. El feligrés en cuestión declara que sufrió incontables violaciones a manos de un cura cuando era niño y que, por ello, tiene que hacer algo para vengarse. Decide que va a matarlo y le da una semana de margen para que ponga orden en su vida antes de su muerte.

El padre Lavelle siente que tiene que hacer algo para redimir a sus feligreses; hacer algo para que abandonen las sendas que los llevan a llevar vidas poco cristianas. Se siente responsable de sus parroquianos en una época en la que la pérdida de valores está a la orden del día. En el marco de una sociedad que ha perdido la fe, ya no en dios, sino en cualquier otra cosa. Y solo tiene una semana para darle la vuelta a la tortilla, para conseguir aquello que no ha conseguido durante años de trabajo para la comunidad. Este propósito acabará resultando harto complicado. Habrá feligreses que querrán socavar su fe, como el médico (un buen ejemplo es la historia del paciente y el anestesista); tendrá que ser testigo de cómo sus feligreses andan descarriados y no tienen ningún interés en salvarse, como la mujer adúltera que no esconde que lo es e insinúa en más de una ocasión que le gusta que la maltraten. Tendrá que cargar con sus humillaciones, sus frustraciones, sus pecados, viendo que es prácticamente imposible redimir a su rebaño, que hay vidas hundidas en el pecado y en la ausencia de valores, mezquinos que se regodean de ello. Lavelle quiere perdonarlos, que quieran ser perdonados, que se rediman y quieran redimirse, que busquen consuelo en su figura y en dios, pero ellos no quieren ser perdonados ni redimirse. Lo pondrán a prueba más de una vez, pruebas de fuego para su fe, para darse cuenta que no puede salvarlos a todos, que la sociedad ha llegado a tal grado de pérdida de valores que ya no puede hacer nada para revertir la situación.

Es un tema muy potente y McDonagh consigue radiografiar a la perfección la sociedad de nuestros tiempos, a través de un humor negrísimo, una magnífica interpretación por parte de Gleeson y un punto de vista con el que algunos quizás no congeniemos, el de la fe en Dios. Quizás no compartamos su fe, pero sí somos capaces de apreciar y querer esa bondad por perdonar y ser perdonado que desborda Lavelle. Por defender sus creencias y por abanderar aquello que debería ser y no es la iglesia que representa. Y ahí está otro de los puntales de "Calvary": la fe de Lavelle en contraposición a lo que predica la iglesia católica. Se critica duramente la desvinculación de la institución con los feligreses, su preferencia por los bienes materiales antes de lo puramente espiritual y, sobre todo, por sus excesos, sus crímenes y su carencia de moralidad, tomando por ejemplo los casos de pederastia. Una película muy valiente, sin lugar a dudas.

En este caso, McDonagh ha dosificado y racionado el humor negro que desbordaba a raudales en su anterior film, "El irlandés", que era mucho más socarrona y orientada a la comedia que "Calvary". Ese sea, quizás, uno de los puntos que hacen que "Calvary" no acabe de ser todo lo redonda que debería. Hay mucha melancolía y tristeza, y las pocas dosis de humor son como un oasis en un desierto para el espectador que esperaba ver otra vez "El irlandés". Tampoco hubieran funcionado grandes dosis de humor, pero sí se echan en falta en según qué ocasiones. Da la sensación de estar delante de un espectáculo descompensado; cuando el espectador cree que está delante de un producto con grandes dosis de humor, con la risa preparada tras unos cuantos diálogos negrísimos, se da cuenta de que no, que la historia va en serio y que lo que se nos está contando no es para bromear. McDonagh debería haberse decantado, ya desde el inicio, por un enfoque u otro, y no por una mezcla desproporcionada.

¡Este niño es el mismo que salía en "El irlandés"!

Finalmente, destacar uno de los puntos fuertes de McDonagh, ya muy presente en "El irlandés", y que aquí también se acentúa: las ganas de ridiculizar los arquetipos del género y los recursos narrativos que se suelen emplear hasta el empacho en las obras del género en cuestión. En este sentido, "El irlandés" tenía momentos brillantes, sobre todo cuando veíamos a los malos de la película extrañándose por las reacciones de los demás cuando no actuaban como solían actuar los malos de las películas. Un buen ejemplo de esto en "Calvary" es la conversación que mantiene Lavelle con el obispo acerca de la identidad del asesino; su superior se saca de la chistera uno de esos diálogos tan profundos y que tanto subrayamos cuando los vemos en pantalla, o los leemos en un libro, por lo metafísicos y lo molones que son, y el padre Lavelle le contesta algo parecido a: "eso lo ha leído en un libro". Desmitificando, de un plumazo, la reflexión del otro y haciendo que nos demos cuenta de lo alejadas que están las obras de ficción de la realidad, realidad en la que difícilmente se mantienen diálogos tan floridos y profundos.

"Calvary" es una buena película, que habla del perdón y de la redención, de la pérdida de valores de una sociedad que parece que no va a ninguna parte, de la mano de un personaje entrañable y magníficamente interpretado. El único error de "Calvary" es que podría haberse contado con más humor negro e ironía, sin rebajar por ello el mensaje que quería transmitirnos el director. Esto acaba por desorientar al espectador en según qué momentos de la narración cuando no sabe si prepararse para reír o llorar.

5 comentarios:

  1. Hola Ivan, por fin he visto Calvary y me ha gustado mucho. Esta película es un ejemplo de estupenda concisión narrativa . Es que no se puede decir mas con menos.

    Me parece que el director hace un trabajo muy equilibrado de análisis de la situación de la iglesia católica en esta época y especialmente en Irlanda, en donde se descubrieron casos terribles de pederastia. También me parece un logro que con diálogos y escenas casi esquemáticos haya mostrado de manera redonda las consecuencias de quedarse estancados en el afán de venganza y en el victimísmo.

    Ha sido un acierto mostrar a un sacerdote que siente y vive su trabajo como una vocación sin la cual su vida carece de sentido y que por esa razón decide volver al pueblo aún sabiendo lo que le espera.

    El título de la película parece hacer referencia al calvario del sacerdote pero también al de la iglesia católica que parece estar enfrentándose a una muerte anunciada.

    Me pareció interesante como un personaje dice "Jesucristo se suicido" refiriéndose a que caminó voluntariamente a su muerte igual que el sacerdote de la película. Lo que podría pasar desapercibido para bastante gente no católica es el sentido de ese "suicidio". Lavelle vuelve al pueblo porque le importa esa gente soberbia estancada en el rencor y la autodestrución, porque si solo logra despertar la fe en uno solo de ellos su muerte y su vida no han sido en vano. Y lo logra con el banquero cuando, junto al mar, le queda con él para hablar mas tarde en lugar de decirle que no va a poder. Es un gesto de humanidad que tiene con él y el banquero por primera vez siente algo y llora. También la hija cuando va a ver al asesino lleva el perdón reflejado en su cara. El perdón y su ausencia es el protagonista de la película.

    Lo que no logran comprender la gente del pueblo es que el sacerdote es un hombre tan débil como ellos y con los mismos problemas y dificultades, sin embargo le exigen a él y a su iglesia que sean perfectos mientras ellos se regodean en todo lo contrario. Eso está muy bien mostrado en la película.
    De hecho, y a pesar de odiarle, de un modo u otro, todos le buscan y él está siempre disponible para todos.
    Lo que yo veo en la conclusión es que como "el perdón está infravalorado" se quedan estancados en el rencor y el victimísmo con lo cual justifican la violencia con que tratan al sacerdote, su destrucción y por extensión la de la iglesia católica. El resultado entonces es el de su propia destrucción porque se quedan solos y sin nadie a quien les importe lo más mínimo sus sufrimientos.
    Por tanto hay razones para la desesperanza y razones para la esperanza (mostrada en tres personajes) tal y como señala la frase del inicio de la película.

    La iglesia católica podría "morir" como institución pero lo que importa es que haya personas como Lavelle, capaces de comprender las debilidades humanas, aceptarlas y perdonarlas, confiando en que podrán ser superadas.
    Lo dicho, Ivan, que me ha gustado mucho y me parece muy buena.

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    1. Me alegro que te gustara. Es una película muy potente, sin lugar a dudas, y parece que hemos llegado a conclusiones parecidas. Nada que objetar a tu riguroso análisis.

      Perdona por el retraso. He estado un par de días sin internet y con el smartphone no me manejo tan bien como para gestionar el blog y todo eso.

      ¡Un saludo y muchas gracias por tu aporte!

      P.D. Lo que no entiendo es porque no has montado tú un blog sobre críticas de cine y literatura. Tus análisis siempre son muy acertados y valen mucho la pena.

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    2. Gracias por tu comentario Ivan. Es cuestión de prioridades. Ahora no veo tanto cine ni leo tanto como antes porque prefiero llevar el huerto y hacer colchas de retales, sin embargo disfruto mucho con los análisis de historias de todo tipo. Es una manera de aprender y apreciar diferentes puntos de vista sobre un tema, por tanto no me interesa tanto escuchar el mío como conocer diferentes perspectivas, siempre puedo aprender algo más.

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  2. Por cierto que también vi El Irlandés y la disfruté un montón.

    Respecto a tu última reflexión sobre la desmitificación de los diálogos "molones y metafisicos" en "las obras del genero". ¿A qué genero te refieres Ivan?¿En qué películas estas pensando?

    En Calvary a mi me parece que McDonagh, al señalar estos detalles a través de Lavelle, lo que hace es mostrarnos a un sacerdote que trata con la realidad de los hechos sin juzgarlos y a otros que son idealistas, inocentes y abstractos, en cualquier caso, sin los pies en el suelo y, por tanto, ineptos para comprenderse a ellos mismos y menos a otro ser humano.

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    1. Cuando digo eso me refiero al género policíaco, a películas que buscan un asesino o intentan comprender lo que ha hecho dicho criminal. Suelen haber muchas frases bonitas, pero que en la vida real no usaríamos.

      Y tienes toda la razón. De hecho, yo comenté eso pensando también en eso, aunque no he sabido plasmarlo como tú: solemos ver películas o libros (que no digo que sean malos, ojo) que creen que son capaces de plasmar sentencias sobre el ser humano, o lo que sea, y usan lenguaje muy florido que, en la vida real, no tiene sentido. En cambio, Lavelle es capaz de ver las cosas como son, sencillas, sin artificios.

      Sin embargo, también lo veo como una especie de sarcasmo, burlándose de la supuesta trascendencia de la que hacen gala muchas películas y de los clichés del género. Esto también lo vemos en "El irlandés".

      ¡Un saludo!

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