lunes, 9 de marzo de 2015

[Crítica libro]: "Desgracia" de J.M. Coetzee

Desasosiego intravenosa

"Según mi experiencia la poesía te habla
y te llega a primera vista o no te llegará
nunca (...)". ¡Qué cierto!
A J.M. Coetzee solo lo conocía de haber ganado el premio Nobel y de ver que un buen número de personalidades relevantes del panorama narrativo español lo citaban en este especial del ABC como uno de los imprescindibles del siglo XXI. Decidí que leería la novela que más citaban, la presente "Desgracia", y he salido satisfecho, pero con reservas.

David Lurie es un profesor de universidad desapasionado; su trabajo como profesor no le motiva, no consigue destacar como escritor y ha llegado a un punto dónde lo único que le llena es el sexo que mantiene cada jueves con una prostituta. Por una serie de circunstancias fortuitas, se interrumpe su relación con la prostituta y su mundo empieza a tambalearse; al poco, se enamora de una de sus alumnas, hecho que solo hará que propiciar su caída en desgracia. 

A partir de ahora atentos, que destripo todo el libro.

Poco a poco, somos testigos de la paulatina caída en desgracia de David Lurie en un contexto sociopolítico muy concreto, el de la época postapartheid. La comunidad negra está experimentando un resurgir desorganizado promovido por las nuevas políticas después de años subyugados y torturados por los blancos; ambos colectivos, incapaces de adaptarse al nuevo papel incierto que les toca desempeñar a partir de ahora. En este contexto es en el que Lurie se autoexilia después del escándalo con su alumna, yéndose a vivir con su hija, y en el que ocurrirá cierto suceso que marcará el devenir de sus vidas. Hasta el momento, Lurie vive con la certeza de que puede dirigir los pasos de su hija, que puede proyectar en ella todo su ser, que aún es capaz de redirigir su vida y adaptarse a los cambios. Que su integridad, pese a lo que diga su entorno, se mantiene inquebrantable. Pero no es así. El trágico ataque que sufrirán padre e hija a manos de tres hombres de raza negra marcará un antes y un después en su relación y en su concepción del mundo.

Lurie acabará por darse cuenta que no puede cambiar nada de lo que ha ocurrido, que no puede influir en la vida de las demás personas, porque él está anclado en un tiempo que ya ha pasado y porque es incapaz de adaptarse a los cambios. Ni su hija ni su antiguo status ya no le pertenecen. Ya no es capaz de seducir a las chicas que le interesan. Ni su condición de hombre blanco sirve ya para imponerse a lo que antaño era la subyugada raza negra. Solo le queda resignarse. Resignarse a no poder ser un modelo para nadie ni a dejar ninguna huella en este mundo. Ya ha quemado todos los cartuchos. Ya es tarde para cualquier tipo de redención. Y es al final cuando llega a la conclusión que debe dejar que todo siga su decurso, sin inmiscuirse, aunque lo que vea le desagrade o le resulte incomprensible. Retirarse y esperar una muerte dulce, a que alguien le acompañe durante el trámite antes del fin, tal y como ocurre con los perros que trata en la clínica, que al igual que él, están en estado terminal. Comprende, al fin, que para el mundo no somos nada y que éste continuará girando hagamos lo que hagamos.

Así pues, el tema de fondo es prácticamente lo que mueve la narración. La concisión y la capacidad de Coetzee para plasmarlo todo son excelentes, además de lo bien trazado que está Lurie, pero a la vez uno no acaba de entender todos los razonamientos que conducen a según qué personajes a llegar a las conclusiones que llegan. El caso de Lurie y Petrus está muy claro y uno entiende muy bien sus motivaciones y sus decisiones, pero no ocurre así con la hija de Lurie. Uno no acaba de entender su resignación ni su voluntad de someterse al nuevo orden social sin enfrentarse; entiendo que Lurie, acabado en muchos frentes, reaccione del modo en el que acaba reaccionando, pero no así su hija. Es un personaje que merecería un análisis más a fondo, para poder comparar su manera de pensar con la de su padre.

Además, uno tiene la sensación de que todos los hechos son forzados para que encajen con el tema y que todo ocurre en un lapso de tiempo demasiado ajustado. Sin embargo, el estilo conciso y sencillo de Coetzee, descarnado y frío a la vez, sin caer en sentimentalismos, lo compensa sobradamente.

"Desgracia" es una novela desasosegante en la que no me gusta pensar, porque concibe una vida demasiado triste e impotente. Espero que mi madurez no acabe así. Tiene un tema muy potente a costa de algunos "peros" narrativos y que algún personaje no acabe de ser todo lo convincente que debería, pero es una novela recomendable. Eso sí, si no estás deprimido.

4 comentarios:

  1. Hola Ivan, a mi me gusta como has destripado el libro porque me he hecho una idea muy concreta de lo que va. Leí hace años Un hombre lento y no me enteré a donde quería ir a parar el autor con el tema.


    Sé que tiene mucho prestigio y es muy respetado por otros escritores pero a mi me gusta que además de escribir muy bien me llegue el tema .

    Hay quien dice que es un autor al que le gusta disgustar a los lectores para despertar su conciencia etc.

    No se si estarás de acuerdo pero por lo que comentas es posible que tenga el estilo de las películas de Michael Haneke. Siempre me han resultado desagradables y no entendía porque hacía películas así hasta que vi La Pianista y entonces entendí su estilo. Según él no pretende provocar si no mostrar de manera desagradable lo que es desagradable, como por ejemplo, la violencia (en lugar de mostrarla de manera atractiva)


    Leí no hace mucho
    - http://cultura.elpais.com/cultura/2013/09/11/actualidad/1378916169_491842.html -

    un artículo de Antonio Muñóz Molina sobre Coetzee y me ayudó a entender el estilo de este autor. Por lo visto a A. M. M. le provoca las mismas sensaciones que a muchos pero el sabe exactamente porque y como lo hace Coetzee. Vamos, que desmonta su estilo literario y para ello lo compara con Cormac McCarthy .
    Como tú has escrito varias críticas de este autor quizá te interese la comparación; también me parece un artículo especialmente interesante para escritores y por eso te pongo el enlace.
    Me gustaría saber si tu opinión coincide con la de A. M. M.

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    1. Disgustar disgusta un rato largo, ya te lo digo. De Michael Haneke no he visto nada. Es un crimen, lo sé. ¿Por dónde me recomiendas que empiece?

      Leído ya el artículo de Molina, bueno, ojalá yo pudiera diseccionar de ese modo las obras que leo y veo. Él expresa esa sensación de frialdad y desapego que me transmitió "Desgracia"; un estilo que apuesta por un análisis desde la distancia y que fácilmente puede hacer que acabemos desvinculándonos de la historia. En ese límite me sentí yo cuando lo leía, a un paso de lo segundo, de la inanición que dice Molina. Pero me gustó.

      Sobre el artículo se desprende otra cosa (muy secundaria y que quizás no venga a cuento) que hace tiempo leí en un foro de literatura y del que ya no recuerdo nada más que la idea general. Hace poco esa idea ha ido regresando y tu artículo me ha hecho pensar en ello: que los escritores siempre suelen escribir de lo mismo y del mismo modo. Hace poco me pasó con "La oscuridad exterior", que me pareció un prototipo fallido de "La carretera", pero con la que guardaba ciertas semejanzas. Hay gente que comenta que hay muchos autores que una vez leídas dos o tres obras, ya no te sorprenden más. ¿Tú qué piensas de ello?

      ¡Un saludo y muchas gracias por tu aporte! Siento haber tardado tanto en contestar, pero esperaba tener un momento de calma para leerme el artículo tranquilamente.

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  2. Pues que estoy de acuerdo contigo sobre lo que leíste. Tus comentarios a de La oscuridad exterior yo también los enlazo con esta reflexión tuya, el artículo que mencionas y el de M. Molina. Es cierto que hay autores que dejan de interesar una vez que se nos ha pasado el deslumbramiento con su estilo narrativo.
    Pasa lo mismo en el cine y en el arte en general. Algunos estilos los amamos y otros los odiamos, en cualquier caso son los que mas negocio atraen en todas las áreas.
    Lo ideal es estilo y contenido de ideas, de reflexión aunque suele ser la excepción. En muchos casos lo que hay son ideas recicladas en un estilo nuevo y personal. Que esta muy bien para las nuevas generaciones etc. pero con el tiempo aburren a la mayoría excepto a los que sienten una afinidad intelectual con el autor.

    Respecto a Haneke, lo que es recomendarte, ninguna película. Es como ver la autopsia de un cuerpo humano vivo. Si te empeñas La cinta blanca y La pianista me resultaron mas digeribles. De todas prefiero esta última porque, a pesar del desagrado consiguió mantenerme interesada hasta el final y pude comprender lo que H. pretende al hacer estas películas porque muestra con rigurosidad el complejo y sutil camino que lleva a la victima a convertirse en verdugo.

    La última Amor, no la he visto, aunque no dudo de que será tan buena como dicen, pero es que, como tú señalas en este análisis de "Desgracia" hay obras que mejor dejarlas para cuando no nos van a influir negativamente.



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    1. Sí, yo también creo que lo ideal es mantener el estilo que te hace ser quién eres y luego ir variando las reflexiones e ideas que quieres tratar. Demasiado de lo mismo acaba por empachar al lector. O al espectador, si lo pasamos al mundo del cine. Ahora, a bote pronto, me viene a la cabeza la serie de "The Walking Dead", que le ocurre algo similar. Es un fracaso como serie porque siempre le dan vueltas a los mismos temas y a las mismas ideas, como si estuvieran estancados y no dieran para más. Hay que reinventar lo que cuentas y las ideas que subyacen a ello, porque sino estás condenado a repetirte.

      Tomaré nota de tu recomendación (o no recomendación, según se mire). Dicen que "Amor" es devastadora y por ahora no tengo muchas ganas, la verdad.

      ¡Un saludo y, como siempre, gracias por tus aportes!

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