miércoles, 11 de febrero de 2015

[Crítica película]: "Whiplash" de Damien Chazelle

La letra con sangre entra

El cartel con más letra que he visto nunca
Los Oscars están cada vez más cerca y, a medida que voy viendo las nominadas, estoy cada vez más seguro que este año han seleccionado un buen puñado de films. Es cierto que no están todas las que deberían estar, ya sabéis qué pienso de "Interstellar" y su no-nominación, o de la infravalorada "Matar al mensajero", pero las que están no están nada mal. Incluida la "Whiplash" del primerizo Damien Chazelle, que no tiene nada que envidiarle a las demás.

Andrew Neiman (Miles Teller) es un chico al que le gusta tocar la batería y su sueño es convertirse en uno de los mejores baterías de jazz del mundo. Un buen día, recibe la visita del profesor Terence Fletcher (J.K. Simmons) y este le propone formar parte de su conjunto de jazz, el más prestigioso del conservatorio en el que estudia Andrew. Lo que no sabe Andrew es que Fletcher es partidario de unos métodos de enseñanza algo cuestionables y que su camino para convertirse en un baterista de renombre no va a ser nada fácil.

Si tuviera que definir con una sola palabra "Whiplash" sería, sin lugar a dudas, con el calificativo de intensa. Muy intensa. Y es, en gran parte, una de las cosas que yo pido de una película. Que me transmita emociones, que me llegue, que me crea a los personajes. Verlos empujados al límite, que se desgañiten si hace falta, que se dejen llevar por sus emociones. Y "Whiplash" lo consigue. Miles Teller y J.K. Simmons lo consiguen y con sobresaliente. Porque "Whiplash" es, casi exclusivamente, dos cosas: el intenso duelo alumno-mentor y, además, la radiografía de dos estilos de vida muy distintos.

Por un lado tenemos el camino que Andrew está dispuesto a emprender: el del genio abocado a la soledad, entregado solamente a su pasión. Presume que no tendrá tiempo que dedicarle a las relaciones; parece que el camino del genio va a ser una tortura gratificante. Y luego está la otra vida, la más sencilla, dedicada a cultivar amistades y centrada en los pequeños placeres que ofrece la vida, pero gris al fin y al cabo, porque será una existencia que no pasará a la historia. Ninguna de las dos, en mi opinión, es mejor que la otra, ni más compleja o sacrificada, ni una más digna de mención (la del genio) que la otra (la de la vida sencilla). Sí es cierto que no todos estamos preparados para llevar una vida u otra. Y es aquí donde Chazelle saca a relucir su talento; puede achacársele que peca de simplista, como si el término medio no existiera, como si no se pudiera ser un genio y compaginarlo con una vida sana, pero consigue apostar por lo que él cree y que la jugada le salga bien.

Luego están los métodos usados para enseñar. El método que usa Terence Fletcher es más que cuestionable y yo no creo que sea esa la manera más indicada para sacar el talento oculto de alguien, pero sí es cierto que para llegar a cotas tan altas es necesario hacer sacrificios, practicar hasta rabiar, que nos presionen para sacar lo mejor de nosotros mismos cuando, por cuenta propia, no seamos capaces. Hay sacrificios que no todos estamos dispuestos a correr, y más en una época dónde prima la vagancia y la inmediatez. Tiene sus puntos buenos y sus puntos malos. Es muy fácil quebrar a la persona y que se acabe hundiendo. Pero tampoco creo que la solución esté en el lado opuesto. Al fin y al cabo, supongo que es una mezcla de las dos cosas. Sin embargo, el objetivo de la película es mostrarnos unos métodos cuestionables muy arraigados en según qué disciplinas y lo hace de maravilla, dejando que el espectador saque sus propias conclusiones y pensando si es lícito o no cruzar los límites y si comparte o no la perspectiva del director.

No sé a vosotros, pero a mí sí me motiva que me digan "Buen trabajo"

Centrándonos en el argumento propiamente dicho, Chazelle no recurre a los esquemas manidos del género de superación, aunque la jugada no le sale del todo bien. Es original en el modo en el que se suceden las etapas; hay altibajos en la progresión ascendente de Andrew, sin que sepamos muy bien cuando van a ocurrir, y consigue sorprender con más de un giro. Sin embargo, hay un par de detalles que hacen más endeble la propuesta y que pueden llegar a desconcertar al espectador (spoiler): la escena del accidente de coche y lo ruin y rastrero que es Fletcher hacia el final. Trunca de algún modo la credibilidad de la propuesta; lo primero porque se sale de la realidad y lo segundo porque no encaja con un personaje al que solo le importaba sacar el talento oculto de los diamantes en bruto y que al final se dedica a sabotear al protagonista, llevado por una venganza que cuadra muy poco con lo que venía haciendo.

En conclusión, una película intensa que te mantendrá pegado a la butaca, gracias a dos actuaciones impresionantes, un duelo realmente intenso y un esbozo de dos estilos de vida y de unos métodos de enseñanza cuestionables. Muy recomendable.

4 comentarios:

  1. Siento curiosidad por ver esta película, sobretodo porque me interesa especialmente el asunto de como aprender y sacar lo mejor de nosotros mismos en cualquier actividad. Por otro lado, según dices, resulta que además de métodos cuestionables, el "maestro" resulta ser rastrero y mezquino. ¿No será precisamente que el que ejerce esos métodos es un rastrero integral?
    Está el estilo del "sargento de hierro" imprescindible cuando se trata de sobrevivir pero no me parece que sea el adecuado cuando se trata de arte o deporte. A mi también me motiva que me digan "buen trabajo" pero me parece que es cuando se compite por un puesto cuando los métodos se vuelven sádicos.

    Hay bastantes películas en las que se trata este tema, a veces en biopics, etc. Ahora recuerdo Cisne Negro, por ejemplo. La protagonista debía cambiar para poder dar vida a su actuación, sin embargo, psicológicamente ella no podía ir más allá. Por mentalidad masoquista elige hacerlo pagando el precio que conlleva realizar una obra de arte (o complacer a los que admiras en este caso), o lograr el papel protagonista.
    En cualquier caso ella elige. Y supongo que este chico de la película como cualquier profesional del arte o el deporte elige seguir soportando y pagar el precio de estar entre los mejores. En cierto sentido es comprensible que las exigencias sean duras porque si no en lugar de cien candidatos, por ejemplo, habría diezmil o cienmil para cada puesto.
    En resumen, que no es lo mismo sacar lo mejor de nosotros que lograr "un puesto en el Olimpo de los Dioses".

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    1. La verdad es que es un tema difícil; la cuestión estriba en precisamente eso que dices: es el chico el que escoge esa vida y no otra, es él el que se somete a esa tortura. Nadie le obliga a ello. Y, bueno, es cierto lo que dices. Hay que diferenciar lo de sacar lo mejor de nosotros mismos con el puesto en el Olimpo.

      Yo no sabría decir si esos métodos son o no son los mejores, pero creo que no son moralmente aceptables. Puedes quebrar a alguien, inutilizarlo emocionalmente. Pero todo pasa por lo que comentamos: puedes no elegirlos. Es como la droga, salvando las distancias.

      ¡Un saludo y muchas gracias por comentar, como siempre!

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  2. Creo que como se muestra en la película Whiplash, muchas veces lo único que necesitamos en sacar todo nuestro potencial con ayuda de alguien que nos inspire J.K Simmons hace un papel extraordinario.

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    1. ¡Pero sin pasarnos! Yo creo que hay un límite que no conviene sobrepasar, porque sino cometes el error de quemar a esa persona antes de tiempo.

      ¡Un saludo y gracias por comentar!

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