martes, 17 de febrero de 2015

[Crítica película]: "La teoría del todo" de James Marsh

La manzana podrida en el cesto

Seguro que no sabíais que otro de los
nominados ya había hecho de Stephen
Hawking con anterioridad
Tarde o temprano tenía que ocurrir. Es como cuando llevas mucho tiempo comiendo almendras y de golpe te encuentras una de amarga (ya que ha salido el tema a colación: no os las traguéis, que llevan cianuro). Pues más o menos eso me ha ido ocurriendo mientras veía las nominadas a mejor película de este año. Todas, sin excepción, me parecen notables, desde "Boyhood" a "Whiplash", pasando por "Birdman", "El gran hotel Budapest" y "Descifrando Enigma", pero al fin he dado con la manzana podrida. "La teoría del todo" podría haber sido más de lo que acaba siendo.

"La teoría del todo" cuenta con algo que la hace sumar enteros independientemente de la calidad de la misma: que Redmayne está increíble, una actuación sobresaliente dónde las haya, y que Felicity Jones está a la altura, lo suficiente como para no quedar eclipsada por su compañero de reparto. Los dos brindan unos papeles difíciles de olvidar. El apartado técnico no está mal y la BSO tiene algunos temas interesantes. Pero ya.

Ahí acaba lo remarcable de una propuesta que arriesga muy poco y que acaba como un entretenimiento pasajero sin muchas aspiraciones. No hay reflexiones, no hay moralejas, no hay un tema definido que arme lo que estamos viendo. Uno no sabe muy bien si la película va del enfrentamiento entre los que creen en Dios y los defensores de una ciencia dónde Dios no tiene cabida; si va sobre la culpabilidad y el dilema de si es moralmente aceptable querer ser feliz y no cuidar de un discapacitado; o si va de la superación personal y de no rendirse nunca. O de sí la ciencia no siempre lo explica todo. Esto ocurre porque da unas pequeñas pinceladas de todos estos temas, pero no profundiza, ni remotamente, en ninguno de ellos.

Luego está la sensación de que no estamos viendo algo real. No hay crisis matrimoniales, más allá de algún reproche fugaz, ni peleas. Es difícil creer que en tantos años de matrimonio no hubiera rencillas, que no hubiera momentos dónde se tirasen los platos por la cabeza (es un decir) o que no hablaran nunca sobre lo que verdaderamente importa. El ¿triángulo? que se forma con el clérigo es tan previsible en su planteamiento y su desarrollo que cuesta creer que algo así ocurriera tal y como nos lo cuenta el guionista. O que la separación fuera tan sencilla como nos la cuentan.

¿Y la física? ¿Dónde me la habéis metido?

Para acabar, no se puede hacer una película de Stephen Hawking y que no salga física apenas. De hecho, son las escenas dónde se citan sus teorías, ya sea en boca de su mujer o en sus círculos universitarios, dónde el interés repunta, porque, al fin y al cabo, estamos hablando de un personaje dónde el tiempo o los agujeros negros, entre otras cosas, lo son todo. Es posible que muchos me achaquen que, bueno, es una película basada en las memorias de su mujer, que no son las memorias de él, que bla bla bla. Como si a estas alturas no hubiésemos visto films que se desmarcan del texto en el que se basan. Como si no hubiera margen de maniobra, como si el guionista y el director no pudieran desmarcarse allí dónde quisieran para separarse de un libreto tan maniqueo y claramente edulcorado.

En conclusión, la brillante actuación de Redmayne y el sobresaliente papel de Jones no consiguen esconder que estamos ante una historia simple, de poca hondura, que arriesga muy poco y que hubiera dado mucho de sí si hubiera metido un análisis más profundo de según qué temas y hubiese dado un papel más preponderante a la parte científica. Lástima.

1 comentario:

  1. Creo que fue una película bien tratada desde el tema que se abordó sobre la vida de Stephen. Eddie Redmayne y Felicity Jones hacen lucir aún más el filme, pues sus actuaciones simplemente son perfectas.

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