domingo, 29 de junio de 2014

[Crítica película]: "Solo los amantes sobreviven" de Jim Jarmusch

Ya puestos, ¿por qué no hablan en latín y se dejan de pseudoidiomas zombies?

A ver, en qué quedamos. ¿Es sobreviven o
permanecen?
No sé quién es Jim Jarmusch, ni si esta película es una de sus mejores obras ni si está a la altura de lo que da habitualmente. No he visto ni "El ladrón de orquídeas" ni "Noche en la Tierra", las que se supone que son sus obras más señaladas. Pero creo que le tengo calado.

Adam (Tom Hiddleston) es un vampiro que vive recluido en su casa a las afueras de Detroit y al que le encanta componer música. Está pasando por una crisis existencial que le hace replantearse su vida; está cansado de los humanos y de su habilidad para ir siempre a peor. Por este motivo, Eve (Tilda Swinton), su mujer, que vive en Tánger, le visitará para sacarlo de la depresión en la que se halla sumido.

Es una película en la que no ocurren muchas cosas. La sinopsis cuenta, aproximadamente, el 75% de la trama. Es de esas donde el trasfondo, la ambientación y el sello propio del director priman por encima del contenido. No hay nada más que decir. Fin de la crítica. Bueno, supongo que os estaréis preguntando muchas cosas.


¿Que si es pomposa? Hasta el infinito y más allá. Jarmusch es un intelectual y se las da de cultureta mostrándonos su amplia gama de conocimientos artísticos y científicos en cada escena. No viene a cuento citar la estrella diamante que palpita en el espacio exterior; se me ocurren cientos de metáforas menos pretenciosas y fuera de lugar donde Jarmusch podría haber transmitido lo que quería decir sin tanta pomposidad. Es harto pedante que los vampiros llamen a las plantas por su nombre taxonómico, por muy centenarios que sean, o que no paren de citar a ilustres científicos y literatos clásicos como si no se hiciera nada bueno en el presente. O que se pongan a hablar de Einstein y sus teorías.

¿Que si te hace reflexionar? Sí, pero no tanto como pueda parecer. No es ni tan honda ni tan trascendental como Jarmusch quiere que creamos. Los vampiros están condenados a ver el mundo arder y a ser testigos de cómo los humanos destruyen todo lo bonito de este mundo. Cómo los humanos reprimen todo aquello que podría hacer avanzar la sociedad o que la haría evolucionar a un nuevo estadío superior y ver cómo los zombies premian la estupidez. Todos nos hemos sentido así en una ocasión u otra, sobre todo cuando uno sintoniza Tele5 o se pone a ver las tertulias de 13tv, pero de ahí a establecer que cualquier momento pasado fue mejor y que el presente y el futuro no deparan nada interesante o digno de disfrute hay un trecho. Me cuesta imaginar a los vampiros pasándoselo en grande durante el medievo o pensando que los años oscuros fue una época llena de posibilidades. La desidia de Adam me parece comprensible, pero la relacionaría más con un cansancio de la vida atribuible a su inmortalidad y creer que nada podrá sorprenderle ya, que de un sentimiento de regresión humana.

¿El ritmo es lento? Sí, pero le va que ni anillo al dedo para lo que se nos está contando. Es necesario recrearse en lo cotidiano para entender la postura de Adam y Eve. La aparición de Ava (Mia Wasikowska) insufla algo de ritmo a una película que se estaba estancando y consigue añadir un giro argumental que empuja a los protagonistas a pasar a la acción. Pero eso no ocurre hasta muy entrada la película y puede llegar a aburrir.

A Tilda Swinton no tuvieron que caracterizarla para la película

¿Para verla en el cine? Por supuesto. No por sus efectos especiales, sino por esa ambientación tan conseguida, que nos hace creer que el mundo se está yendo al garete y que estamos acabados como especie. Que nada bueno saldrá de nosotros. Podemos estar más o menos de acuerdo, pero la tenebrosidad que se palpa en cada fotograma y la desolación que transpiran las calles de Detroit y de Tánger refuerzan la teoría del vampiro crepuscular que es Adam. ¿Cómo poder disfrutar de una BSO tan magnética y terriblemente bien escogida sino yendo al cine? "The taste of blood" es uno de los mejores temas que he oído en lo que llevo de año y que plasma a la perfección la depresión en la que se halla sumido Adam.

¿Que los protagonistas cargan todo el peso de una historia que en manos de otros hubiera sido un peñazo? También. Tom Hiddelston y Tilda Swinton están increíbles, dos monstruos de la actuación que nos deleitan con sus vampiros decadentes, acompañados por una gran Mia Wasikowska, el siempre acertado John Hurt y el más que solvente Anton Yelchin.

¿Os la recomiendo? Solo si os sentís trascendentales y queréis ver la decadencia del mundo a través de los ojos de unos vampiros filósofos. Si queréis disfrutar de una ambientación brutal, de una BSO increíble y de unas actuaciones muy buenas. Si queréis pasar un rato entretenidos, si buscáis más hondura y reflexiones de más calado, no.


***Esta crítica pertenece a un proyecto conjunto impulsado por el Club del Cinéfilo, un grupo de Facebook al que pertenezco y con el que comparto la afición de ver cine y luego reseñarlo/criticarlo con otros bloggers. A continuación, las críticas de mis compañeros y compañeras:

martes, 24 de junio de 2014

[Crítica película]: "Nausicaä del Valle del Viento" de Hayao Miyazaki

Miyazaki begins

Ojalá todos los inicios fueran así
Hará poco menos de un año que Hayao Miyazaki nos dejaba, artísticamente hablando, con su última obra como director. “Se levanta el viento” no ha sido un éxito en taquilla en España, pero todos los seguidores de Miyazaki pueden estar de enhorabuena porque ha firmado uno de esos clásicos que pasarán a la historia, un canto a la esperanza y a la vida, y con un mensaje de fondo que aboga por el cumplimiento de nuestros sueños.

Pero esta no es la ocasión para hablar de “Se levanta el viento” y el desenlace de una carrera cuajada de éxitos. Es el turno de la obra que dio el pistoletazo de salida a lo que sería una fructuosa carrera en uno de los estudios de animación japonesa más relevantes de todos los tiempos: el Studio Ghibli. Allá por el año 1984, Hayao Miyazaki inauguraba su actividad en el estudio con “Nausicaä del valle del viento”, y a la que seguirían otros muchos éxitos, como “La princesa Mononoke”, “La tumba de las luciérnagas” o “El viaje de Chihiro”.

Podríamos describir “Nausicaä del valle del viento” como una epopeya antibelicista y ecologista de tomo y lomo en la que nuestra protagonista, Nausicaä, no es sino princesa de un valle recóndito, rodeado de reinos más grandes, fuertes y hostiles y, que tras haber permanecido escondida durante la hecatombe que asoló la Tierra mil años atrás, reaparece para resolver conflictos medioambientales de la forma más pacífica posible.

Pero, por supuesto, esto no es todo. Mucho menos, tratándose de la ópera prima del maestro Miyazaki.

En un momento dado, los reinos colindantes al Valle del Viento entran en crisis y la princesa se ve obligada a adentrarse en el bosque contaminado; es a raíz de los descubrimientos que hace allí cuando la obra comienza a cobrar especial interés, arrojando luz sobre una trágica, a la par que contemporánea, realidad: la naturaleza maltratada acabará por destruirnos si continuamos así. Ahí empieza el viaje contrarreloj de Nausicaä para detener a los humanos y salvar un bosque que, por muy tóxico que sea, se ha ganado su condición como ecosistema terrestre y que, por mucho que los intereses humanos entren en conflicto con él, se merece perdurar como pieza angular del puzzle medioambiental que conforma. Ella parece ser la única que comprende que en la diversidad es donde reside la riqueza del mundo y la convivencia, en la armonía.

Con el miedo que me dan los bichos, yo no me meto ahí ni borracho

Aunque a prioiri pueda parecer que el tema de fondo es el mayor aliciente para visionar una de las joyas del maestro, no es el único. Los personajes son entrañables, marca de la casa, el ritmo es trepidante y el dibujo, aunque los años no pasan en balde, conserva el detalle y el preciosismo que más adelante perfeccionaría el elenco de dibujantes del estudio.

También es cierto que no es la obra más sólida del autor. Hay cabos sueltos que no acaban de estar del todo bien resueltos y la película acaba de una forma un tanto abrupta; el espectador se huele que la historia podría continuar a partir de ahí y explorar otros lugares y tramas con más potencial. Y el que se huela eso, habrá acertado de lleno. Miyazaki no hizo otra cosa que adaptar un manga en el que estaba trabajando desde hacía dos años y que no acabaría hasta veintidós años más tarde, en marzo de 1994. Así pues, la película solo adapta los dos primeros tomos que tenía escritos por aquel momento -de forma un tanto sucinta-. Además, el manga solventa los déficits de los que adolece la película: los personajes son más profundos y están más perfilados, la trama está más trabajada y el desarrollo es menos precipitado que el del film.

En cualquier caso, con “Nausicaä del valle del viento” Miyazaki sembraría la semilla de lo que más adelante sería una de sus obras más maduras, “La princesa Mononoke”, con la que guarda un alto grado de parentesco y donde repetiría con uno de sus temas favoritos: la defensa a ultranza del medio ambiente. Para algunos, “Nausicaä” será simplemente un alegato ecologista demasiado obvio, para otros un buen fondo con una forma algo mejorable. Para mí es una película necesaria para reflexionar sobre nuestro papel en este mundo y qué relación deberíamos mantener con el planeta, más allá de sus errores menores fácilmente olvidables.

domingo, 22 de junio de 2014

[Crítica película]: "Dragon Ball Z: La batalla de los dioses" de Masahiro Hosoda

La sombra de "Dragon Ball" y "Dragon Ball Z" es muy alargada

Vaya película habéis ido a escoger para
introduciros en las salas de cine
españolas. Seguro que no había otra peor
"La batalla de los dioses" es la enésima película ambientada en el universo que en su momento tuvo enganchados a miles de espectadores en los sofás de sus casas. Yo soy un seguidor acérrimo de la saga, obviando el esperpento de "Dragon Ball GT", y la debo haber visto un mínimo de sesenta y siete veces. Y por eso mismo me niego a creer que "La batalla de los dioses" es "Dragon Ball". Os voy a enumerar todos y cada uno de los aspectos que convierten la última película de Goku y compañía en un despropósito y, para qué negarlo, un pestiño difícil de digerir.

***NOTA ACLARATORIA. Para alguien que no esté familiarizado con el mundo de "Dragon Ball", aunque esto cueste de creer, podría pensar que muchos de los motivos que voy a dar para defenestrar "La batalla de los dioses" están fuera de lugar, que en caso de haber sido detectados en otro tipo de producción habrían sido motivo de aprobado y no de suspenso. Toda la saga de "Dragon Ball" se caracteriza por todo aquello que no tiene "La batalla de los dioses" y el aficionado de la saga original busca eso y no otra cosa.




10 - 1 = 9

No hay peleas. Bueno, sí, hay tres o cuatro, pero no valen un pimiento. La estética parece la de un videojuego, con los personajes irradiando esas auras que entorpecen y que impiden que veamos qué movimientos ocurren realmente. Para eso me pongo a jugar al "Budokai Tenkachi" y consigo recrear mejor la épica que se espera de las luchas. La serie original y muchos de los demás OVAs y películas que han sacado saben copsar aquello que tan bien se les daba y, aquí, esto no ocurre. Yo quería ver la intensidad de un enfrentamiento al límite, no un pasatiempo intrascendente. Algunos dirán que con una hora y media no daba tiempo de construir un Célula o un Freezer para dotar de épica a los combates y yo les diré que muchas otras películas, con ese tiempo, son capaces de eso y más.

9 - 1 = 8

Esos personajes no son los que yo recuerdo. Yo no recuerdo un Vegetta haciendo el ridículo e intentando hacer reír a la audiencia, o cagado de miedo ante un enemigo. Vegetta es un tío hosco, que solo piensa en él y que antepone su orgullo personal a todo lo demás. Que se lanza contra sus enemigos para alcanzar la gloria. Y aquí no es nada de todo eso. Tampoco recuerdo a un Son Goku reconociendo la derrota y rindiéndose tan fácilmente, reconociendo que no puede hacer nada para vencer a su enemigo. Ese NO es Goku. Vegetta y Goku son los ejemplos más sangrantes, pero no son los únicos; todos los demás son meras caricaturas de lo que habían sido, reducidos a meros chistes pasajeros, y que más que hacer reír al espectador, hacen que se sonroje.

8 - 1 = 7

¿Y los valores que transmitía la serie? ¿Dónde están? La serie no era muy profunda, pero lo que sí irradiaba era un aura de camarería, de amistad. Derrotar a los enemigos tenía como objetivo último salvaguardar la vida de los más débiles, sin olvidar los animales, y la de los amigos. De todo eso, aquí no hay nada. Sí, vale que se enfrentan al dios porque este quiere aniquilar la Tierra, pero no hay nada más allá de esa convicción. No hay heridos graves, ni luchas emotivas movidas por la venganza ni alardes de estupidez para que conectemos con aquellos sentimientos que se nos removían dentro cuando un personaje se sacrificaba por otro por el simple hecho de querer salvar a sus seres queridos.

7 - 1 = 6

¿Pero qué clase de enemigo es este? ¿Dónde están los Freezers, los Células y los Magin Boo? Y ya no solo por el punto de maldad que le falta a Lord Bills, sino por el diseño tan pobre que han escogido los dibujantes. Una serie donde su fuerte son los enemigos, un diseño como este me parece pobrísimo.

Se podría haber titulado perfectamente "La gastronomía de los dioses" y hubiesen sido más fieles al contenido. Porque
lo que es comer, comen más que luchan

6 - 1 = 5

¿Y esto dura casi hora y media? Podría haberse resumido tanto que dudo que hubiera dado para un capítulo de la serie. Y mira que la serie pecaba de alargar las cosas y de rellenar con paja, pero sabía mantener el interés. ¿Por qué? Porque ocurrían cosas todo el rato. Aquí, desgraciadamente, no es así. El preámbulo dónde se nos da a conocer a Lord Bills dura demasiado, rellenando la presentación con mil y una chorradas que no vienen al canto; la parte de la fiesta, aparte de bochornosa, abre "subtramas" que no pintan nada con la historia del dios y la destrucción del mundo; el desenlace es apresurado y falto de la épica que caracterizaba la serie. Un par de hostias y, antes de que te des cuenta, ya se ha acabado. La estructura es pésima.

5 - 1 = 4

¿Esta es la animación que está saliendo de la industria del anime a fecha de 2013? A mí me parece que no. Solo hace falta ver otros productos contemporáneos y darse cuenta que el presupuesto y la dedicación que le han dado a "La batalla de los dioses" es la misma que le darían a un capítulo malo de "Dragon Ball GT". Vergüenza da el dibujo tan poco pulido y detallado, los movimientos tan poco reales de algunos personajes, lo esquivos que son para mostrarnos las luchas y la paleta de colores sacada de un videojuego que usan. Me gustaría que le echaran un ojo a la animación de, ya no digo otras películas contemporáneas, sino de la propia serie. Que se revisen el combate que enfrentó a Goku y al Vegetta poseído por Babidí. Por poner un ejemplo. Eso era "Dragon Ball Z" y corría el año 1994.

4 - 1 = 3

Las transformaciones, las soluciones sacadas de la manga en el último momento, los poderes incrementados justo en el momento adecuado cuando parece que el malo va a ganar sí o sí, todo eso aparecía en la serie de vez en cuando. Pero la historia del saiyan dios, el ritual de mierda para transformar a Goku en uno de ellos y el dilema absurdo de si usar un poder como ese o no es de vergüenza ajena. Cómo introducen eso, tres cuartos de lo mismo. ¿Y desde cuando anteponían el entrenamiento a una solución tan fácil y rastrera como esa?

3 - 1 = 2

Todos los puntos anteriores me hacen pensar que solo quisieron reírse de sí mismos. En este sentido, lo han conseguido. Pero a mí no me hace gracia.

Y esa es su nota. Se salva del suspenso más absoluto porque en ocasiones hace reír al espectador; lástima que en otras te rías de ella y no con ella. Algunos esgrimirán que para ver más de lo mismo, que no deberían haberse molestado. Pues yo digo que cuando voy a ver "Dragon Ball", yo quiero ver más de lo mismo. Si quiero todas esas cosas que me han querido dar con "La batalla de los dioses", me busco otra serie o película que me dé eso. Y mejor.

miércoles, 18 de junio de 2014

[Crítica película]: "Dallas Buyers Club" de Jean-Marc Vallée

Quién te ha visto y quién te ve, Matthew

La sinopsis abreviada de"D.B.C.":
"Philadelphia", pero en plan sórdido
y real
Mucho tiempo llevaba yo arrastrando esta crítica. No la critiqué para la quiniela de los Oscars porque los encargados de organizar los estrenos decidieron que estuviera en los cines después de la ceremonia y luego fui posponiéndola, hasta hoy. "Dallas Buyers Club" se llevó dos de los premios más importantes, el de mejor actor y el de mejor actor secundario, para Matthew McConaughey y Jared Leto respectivamente. Y el de mejor maquillaje. Y, aunque no se llevó el de mejor película, es una de las que demuestran que las películas de esta 86ª edición de los Oscars estaban a un muy buen nivel.

Ron Woodroof (Matthew McConaughey) es un mujeriego empedernido al que, tras una visita al médico, le diagnostican que tiene el SIDA y que tan solo le quedan un par de meses de vida. Su mundo se trastoca y, tras descubrir que el único tratamiento de por aquel entonces, el AZT, es ineficaz, se empeñará en encontrar una alternativa, aunque tenga que quebrantar la ley y enfrentarse a las farmacéuticas.

Poco hay que decir de películas como esta. Así que voy a ser directo, como pocas veces suelo ser. "Dallas Buyers Club" es de esas películas que más de uno debería ver para cambiar su manera de pensar sobre determinados temas. En este caso, sobre la homosexualidad y los enfermos de SIDA, tal como ya hiciera "Philadelphia" en su momento. En este sentido, Vallée cumple de sobras. El espectador más o menos desinformado sobre dichos temas recorrerá junto a Woodroof su periplo de tolerancia; al principio es tan homófobo o más que cualquiera de sus amigos chuscos con los que más tarde tendrá sus diferencias y al final se convertirá en un defensor acérrimo de los homosexuales y de los que, como él, están enfermos de SIDA, aunque sin perder su punto vulgar de antaño. Esta conversión es algo más realista que la de Denzel Washington en "Philadelphia" y el enfoque del colectivo homosexual mucho más sucio y realista que la susodicha. Son la ambientación y el tratamiento de estos temas los puntales que hacen de "Dallas Buyers Club" un soplo de aire fresco al género.

El desarrollo, como ya digo, es simple y previsible. Todos sabemos qué etapas recorrerá Woodroof y cómo acabará la historia. Pero es en esa simpleza donde Vallée, con su estilo personal, consigue sorprendernos con detalles muy agradables y emotivos. Que Woodroof no acabe ligándose a la doctora sorprende. Que desarrolle un afecto especial por Rayon (Jared Leto) y que no lo demuestre tanto como le gustaría al más emotivo de los espectadores, sorprende. Que Woodroof quiera lucrarse hasta bien entrada la película, aunque parece que ya ha tomado conciencia de cuál es la realidad de su entorno, es una alternativa refrescante a tanto héroe hollywoodiense.

Otro de los puntos fuertes es el reparto. McConaughey y Leto sufren una transformación brutal para meterse en el papel y sus actuaciones son muy buenas, en especial la de McConaughey, quién te ha visto y quién te ve. El resto cumple muy bien, a destacar una acertada Jennifer Garner y a un par de secundarios resultones, como son Steve Zahn y Denis O'Hare.

A la academia siempre le han gustado las transformaciones y la de Leto tenía las de ganar

Es cierto que "Dallas Buyers Club" peca de distanciarse demasiado de sus personajes. Al espectador le gustaría que hubiera más momentos enternecedores y desgarradores para empatizar con ellos, y que no se pasara tan de puntillas por momentos con gran potencial dramático, como es el caso de la sucinta muerte de Rayon. También peca de querer abarcar más de lo que la propuesta es capaz de soportar. Vallée quiere hablar de la homosexualidad, de la cruda realidad con la que tenían que verse los enfermos de SIDA por aquel entonces, de las carencias terapéuticas y de los estudios farmacológicos a los que eran sometidos y de cómo las farmacéuticas, una vez más, jugaron con los pacientes, con tal de enriquecerse a costa de ellos. Son muchos temas a tratar y Vallée picotea de unos y de otros, en mayor o menor medida, y se echa en falta algo más de alguno de ellos. El tema de la homosexualidad y el de los enfermos de SIDA es ampliamente desarrollado, con gran efectividad, pero la crítica a las farmacéuticas acaba quedando en un segundo plano y la conclusión de sus disputas contra las mismas, resumida en unas líneas después del fundido en negro. Uno espera más de esas tramas y, aunque están bien, saben a poco.

Sin embargo, estos puntos negativos no son capaces de ocultar que "Dallas Buyers Club" es una gran película, con momentos muy conseguidos, con actuaciones brillantes y que da que pensar. Merecida la nominación y merecidos los Oscars que se llevó.

viernes, 13 de junio de 2014

[Crítica serie]: "Breaking Bad" 1ª temporada

Destellos de genialidad en un mar de aburrimiento

Sí, Bryan Cranston es genial, pero Aaron
Paul tiene una capacidad para hacer reir
que ya les gustaría a muchos
Aclamadísima entre las aclamadas, calificada por muchos de obra maestra imprescindible, aquí está la idolatrada "Breaking Bad". Ha cosechado varios Emmys, entre otros premios, a lo largo de todas sus temporadas y este 2013 se alzó con el de mejor serie de drama. Con solo ir a Filmaffinity uno puede ver que goza de un flamante 8,8, cosa seria en este portal, y uno no puede hacer otra cosa que afrontar su visionado con la mayor de las expectativas. Y con la mayor de las decepciones, constatar que no es todo lo brillante que uno podría esperar con semejante publicidad, al menos en su primera temporada.

Walter White (Bryan Cranston) es un profesor de química de instituto que lleva una vida muy monótona. Vive con su mujer Skyler White (Anna Gunn) y con un hijo adolescente discapacitado (RJ Mitte) y siente que no ha vivido la vida. Hasta que le diagnostican un cáncer de pulmón muy agresivo y decide ponerse a fabricar drogas con un ex-alumno del instituto, Jesse Pinkman (Aaron Paul), para costearse el tratamiento.

El tema de fondo es muy interesante. Un personaje que ha vivido reprimido toda su vida, pero que la muerte inminente a manos de un cáncer muy virulento le empuja a hacer todo aquello que no ha hecho en su vida. Pero no de golpe y porrazo, no. Walter no se lanza a hacer paracaidismo, a irse con jovencitas o a comprarse un deportivo como si no hubiera un mañana, como pudiéramos imaginar de tal sinopsis, sino que su despertar es mucho más gradual y realista. Poco a poco experimenta la sensación de libertad, de poder decir lo que piensa sin preocuparse de qué dirán los demás y de ganarse la vida de una forma que la sociedad no reconoce como legal. Está harto de cumplir las reglas, de hacer lo que se espera que haga y de vivir sometido a la voluntad de los demás. Está harto de su cuñado, que es el foco de atención de la familia y que simboliza todo aquello que él no será nunca. Está harto de que su mujer y, por extensión, toda la familia decida por él. Está harto que lo mangoneen y sean condescendientes con él. Está harto de todo y la perspectiva de una muerte cercana resulta liberadora.

Las interpretaciones están a un gran nivel, con un fabuloso Aaron Paul y un genial Bryan Cranston a la cabeza de un reparto plagado de buenas actuaciones, y hay escenas muy conseguidas, como la escena del desenlace con Tuco (Raymond Cruz) y todo el primer capítulo, o cuando el cuñado le enseña al hijo de Walter en qué puede convertirse si empieza a tomar drogas. Hay destellos de verdadera genialidad, al más puro estilo hermanos Coen.

¡Venga, venga, anímate ya de una vez!

Como digo, el problema no viene de la premisa, ni de sus personajes ni del tema que trata. El problema viene del ritmo que le imprime Vince Gilligan a cada capítulo. Los hay de intensos, como el primero y el último, y los hay de aburridos, como los cinco intermedios, que bien podrían haberse resumido en dos y hubiesen transmitido lo mismo y hubieran ganado en ritmo. Y eso es de lo que peca esta primera temporada: de alargada y de ideas interesantes lastradas por un guion demasiado autocomplaciente. Hay un buen ejercicio detrás de la dirección, se nota que tiene potencial y hay escenas verdaderamente interesantes, apuntaladas por diálogos con miga y actuaciones de tomo y lomo, pero acaba quedándose en un quiero y no puedo.

En conclusión, una temporada con altibajos pero con potencial. Hay momentos que destilan un gran saber hacer y otros de un aburrimiento sin límites. Por suerte, goza de un buen reparto y de escenas inspiradas que animanf a seguir con la segunda temporada.

miércoles, 11 de junio de 2014

[Crítica libro]: "La torre de la golondrina" de Andrzej Sapkowski

¿Puede Sapkowski reinventarse en cada entrega? Sí

Vaya un personaje está hecho Regis.
El tío siempre da en el clavo
El final está próximo. Quedan atrás los días en que Geralt vagabundeaba por el mundo matando monstruos por dinero, los días de "El último deseo" y "La espada del destino", o aquellos días de "La sangre de los elfos" y "Tiempo de odio" donde las intrigas palaciegas empezaban a mover sus engranajes. El viaje de no retorno empezó en "Bautismo de fuego" y "La torre de la golondrina" es la continuación de ese periplo. Y, a la vez, una de las mejores entregas de la saga.

En "La torre de la golondrina" continuamos el viaje que emprendieron Geralt y compañía en busca de Ciri por los territorios devastados por la guerra. Las diferentes facciones implicadas que ya habíamos visto en entregas anteriores están estrechando el cerco y están tomando medidas cada vez más expeditivas para dar con la Niña de la Antigua Sangre; nada más empezar, Ciri aparece medio muerta a la cabaña del eremita Vysogota, un lugar recóndito perdido en los pantanos y que los mercenarios que la han desfigurado no conocen.

Si bien era cierto que en "Bautismo de fuego" la trama apenas avanzaba y se centraba, de forma exquisita, en el día a día de nuestros protagonistas y en su periplo por las tierras convulsas al norte y al sur del Yaruga, en "La torre de la golondrina" la trama sí avanza y los clímax se van sucediendo uno detrás de otro sin dejar descanso al lector. Sin ir más lejos, nada más empezar, vemos caer como moscas a los Ratas a manos del implacable Bonhart, solo una pequeña demostración de las penurias que tendrá que atravesar Ciri a manos de sus captores. A partir de ahí hay muchas escenas a destacar; toda la parte de Geralt, Cahir y Angouleme en las minas es muy emocionante, la conversación que tienen más tarde Geralt y Cahir en la cueva, de gran fuerza, y las revelaciones que Avallach le hace a Geralt en la Gorgona, desgarradoras. Me extendería demasiado si las citara todas, pero no puedo no comentar uno de los finales más brillantes de la saga, un clímax brutal, con una Ciri poseída por la venganza atemorizando a la banda de Antillo, a Bonhart y a Rience en el lago de la torre de Tor Zirael. Esa escena es de una fuerza devastadora; Ciri, por fin, puede poner en su sitio a los enemigos que la han estado torturando hasta el momento y el lector asiste a ello, entre temeroso, sintiendo lo que sienten los mercenarios de Antillo, y satisfecho, por tener la posibilidad de paladear una venganza largamente esperada.

Pero no solo la historia es uno de los puntos fuertes de "La torre de la golondrina". Sapkowski es un maestro de la narración y juega con el lector contando los hechos desde mil y un puntos de vista diferentes, para enriquecer de algún modo una historia que de otro modo pecaría de sencilla o lineal. Así pues, puede estar contándonos qué ocurrió tal día desde el punto de vista de una mercenaria que está siendo ajusticiada en un tribunal nilfgaardiano por hechos que aún no conocemos, que hacerlo a través de sueños proféticos, fragmentos del libro que está escribiendo cierto personaje o desde el punto de vista de un par de mercenarios borrachos que están escuchando leyendas de monstruos sin saber que la protagonista ha salido en su busca para matarlos. Que la historia esté contada de este modo permite que el lector quede atrapado, sin saber muy bien qué es lo que ocurrirá ni que se derivará de cada situación, y que tenga la sensación que esta historia no se la han contado aún.

Y esta cada vez me cae mejor

Uno de los aspectos más relevantes de esta entrega es ver como Sapkowski se atreve a jugar con el tiempo narrativo. "La torre de la golondrina" apenas abarca un par o tres de meses de la historia, a diferencia de otros libros de la saga, pero Sapkowski opta por un relato no lineal para estirarlos. Cada punto de vista se sitúa en unos días concretos, desordenados entre sí, y se hace referencia a personajes que es posible que no tengamos la ocasión de saber qué hacían por esa misma época hasta mucho más adelante en la novela. De ese modo, a medida que nos acercamos hacia el final, entendemos porqué determinadas cosas ocurrieron de la manera en que lo hicieron. Por ejemplo, porqué Schirrú estaba en la mina esperando a Geralt y porqué le sale a pedir de boca toda la trampa que organiza con la banda del Ruiseñor y la guardia nilfgaardiana. O qué ocurrió durante los días en que Ciri estuvo presa de Bonhart y Antillo, consecuencias que cronológicamente ocurren al inicio de la novela y que no leeremos hasta el final, y que ayudan a entender el odio de Ciri y la cacería que emprende en el hielo.

Y, en definitiva, y para no ser más redundante, esta novela, tal y como ocurría en las demás, tiene todo aquello que hace a Sapkowski uno de los mejores escritores de fantasía que haya podido leer. Hay diálogos ingeniosos, humor y drama a partes iguales impregnando cada página, personajes increíblemente bien construidos y un mundo cada vez más rico.

En conclusión, "La torre de la golondrina" es una de las mejores entregas de la saga de "Geralt de Rivia" y reúne todos aquellos ingredientes que ya vienen siendo seña identitaria de Sapkowski. En este volumen la historia avanza, hay muchas escenas memorables y no hay tiempo para aburrirse. Muy recomendable.

viernes, 6 de junio de 2014

[Crítica película]: "Ruby Sparks" de Jonathan Dayton y Valerie Faris

Un poco de autocrítica, por favor

¿Por qué en la vida real no pasan
estas cosas?
Después de la exitosa asociación fruto de la que surgió "Pequeña Miss Sunshine", Jonathan Dayton y Valerie Faris vuelven a la dirección con "Ruby Sparks", su segunda película. A mí "Pequeña Miss Sunshine" me gustó mucho, un soplo de aire fresco a la road movie y a la comedia dramática, y con un reparto muy acertado. Con semejantes credenciales os estaréis preguntando: ¿Está "Ruby Sparks" a la altura? No, pero eso no quita que sea una buena película.

Calvin Weir-Fields (Paul Dano) es un escritor famoso por una novela que escribió hará unos años y que está sufriendo un bloqueo creativo que le impide escribir desde entonces. Todo estriba en que hace poco lo dejó su novia y está pasando un mal momento a lo que relaciones amorosas se refiere. Después de unas sesiones con su psicólogo, empieza a escribir intensamente sobre una chica imaginaria, Ruby Sparks (Zoe Kazan), que acaba materializándose por acto de magia.

Dejando a un lado cualquier referencia a la escritura, que me parece totalmente secundaria, lo mejor de "Ruby Sparks" es su potente tema de fondo y que tiene que ver con la naturaleza de las relaciones de pareja. ¿Las relaciones fracasan por culpa del otro, como solemos creer siempre, o es cosa de uno mismo? ¿Estás preparado para aceptar al otro con sus puntos fuertes y débiles o, por contra, vas a intentar moldearlo para que se ajuste a la imagen de pareja perfecta que te has construido tú en tu cabeza? Esa es la esencia de "Ruby Sparks" y se vale de una fantástica premisa para tratarlo: que Calvin sea capaz de controlar el comportamiento de Ruby reescribiéndola con su máquina de escribir. Cuando a Calvin le molesta algo de ella, en lugar de reflexionar si no es él la causa del problema, no vacila en atribuirle a ella cualquier error y en controlar sus actos a través de su máquina de escribir. Si ella hace amigos y no pasa tanto tiempo con él, él escribirá para que ella solo pase tiempo con él. Si es demasiado graciosa, escribirá para que esté triste. Y así con todo. Pero lo que es él, nada. Él no querrá cambiar, porque cree que la raíz del problema en sus relaciones son los demás y no él mismo. ¿Cuántas veces hemos actuado así? ¿Cuántas veces hemos culpado al otro por nuestros problemas e inseguridades? ¿Cuántas veces le hemos dicho a nuestra pareja que fuera de una manera u otra para que se adaptara a nosotros? El desenlace, donde Calvin le revela a Ruby su naturaleza y le demuestra que puede hacer lo que quiera con ella, es de una potencia desbordante. La catarsis emocional está en un punto álgido y es ahí donde Calvin se da cuenta de lo que ha estado haciendo y que es él el problema de la ecuación. Por mucho que ella cambie, él no se siente satisfecho.

Más allá del potentísimo tema de fondo y que está muy bien explotado, "Ruby Sparks" no deja de ser la misma historia romántica de siempre, más allá de las peculiaridades que se derivan de la fantástica premisa. Así pues, explora de manera más o menos tópica muchos de los puntos en común con sus otras primas hermanas; de la misma manera, fuerza escenas muy vistas, como la típica presentación de padres excéntricos sacados de "Los padres de él", o el final feliz made in Hollywood. O los clichés del escritor falto de inspiración que tanto les gusta a los americanos mostrar en sus producciones. Como ya he dicho, cualquier referencia a la escritura es secundaria y, más allá de algún detalle puntual interesante, y de los que uno podría estar más o menos de acuerdo, no aporta nada a la historia y acaba siendo un simple pretexto para la historia romántica. Además, la película peca de volverse algo lenta con tanta transformación de Zoe Kazan, cayendo en la redundancia entre tanto cambio (vaya oxímoron me acabo de sacar de la manga).

Yo también me pongo así cuando una de mis creaciones cobra vida

Y, antes de acabar, mención especial merecen los dos protagonistas. Paul Dano está increíble, cosa muy común en él, y Zoe Kazan también cumple muy bien y sabe transmitir a la perfección los diferentes extremos emocionales por los que pasa su personaje. Son, sin lugar a dudas, la piedra angular para que la propuesta no falle y el espectador quede atrapado en la historia.

En conclusión, "Ruby Sparks" consigue aportar algo más al ya manoseado género de la comedia romántica con una reflexión muy interesante sobre las relaciones de pareja. Es entretenida y, aunque transita pasajes ya explorados con demasiada recurrencia por otras películas del género y el final no está a la altura de la propuesta, se presta a la reflexión después de su visionado.

lunes, 2 de junio de 2014

[Off-topic]: "Ya ha salido el primer número de la revista Argonautas"


Sí, otra vez con autobombo. ¿Os acordáis que en esta entrada os dije que me habían pedido que escribiese una crítica para la revista Argonautas, de nueva creación? Pues ayer salió el primer número de la revista y en ella la crítica que escribí, en la sección "Basado en...". Os animo a que la leáis entera; Elena Álvarez, Santiago Sánchez y todo el elenco que ha participado en ella ha hecho un muy buen trabajo. Aquí os pego el enlace a la revista. 

¿De qué has escrito?, os preguntaréis. Pues de "Nausicaä del valle del viento" de Hayao Miyazaki. El tema del primer número de la revista gira alrededor de los inicios y justo se me ocurrió hablar de Miyazaki y sus inicios en el Studio Ghibli, a raíz del estreno en cines de "Se levanta el viento" y su retirada del cine de animación. Espero que os guste.

domingo, 1 de junio de 2014

[Crítica libro]: "El Hobbit" de J.R.R. Tolkien

"El Hobbit" o de como se la llegan a liar a Bilbo

¿En serio que no habían pensado en
el traslado del oro?
Si uno lee la crítica que escribí de "La desolación de Smaug", la segunda parte de la trilogía de "El Hobbit", verá que no me sentí muy satisfecho de ella. Pecaba de alargada, con demasiadas subtramas que no aportaban nada a la historia, y carecía de la épica que sí tenía la trilogía de "El señor de los anillos". Pensé que lo mejor era leerse el libro de una vez por todas y poder contrastar la versión cinematográfica con la versión en papel. Como era de esperar, la novela es mucho mejor. Pero lo que no era de esperar era que Peter Jackson, en "La desolación de Smaug", solventara algunos de los puntos débiles del libro.

Bilbo Bolsón es un hobbit que vive muy cómodo en su agujero-hobbit, centrado casi exclusivamente en recostarse en su sillón frente al fuego, tomar el té y comer pastelillos. Así han sido todos los días de su vida. Hasta que un buen día la visita inesperada del mago Gandalf y de una compañía de trece enanos altera su vida proponiéndole una aventura: recuperar el tesoro que custodia el malvado dragón Smaug y devolver el esplendor a la estirpe del enano Thorin. ¿Qué papel jugará Bilbo en esta empresa? Pues el del saqueador que se encargará de sustraerle el tesoro al dragón.

El ritmo de "El Hobbit" es endiablado, todo lo contrario de las dos adaptaciones para la gran pantalla que hemos podido ver hasta el momento. El viaje es muy liviano y las aventuras que se encuentran son numerosas, pero se detiene solo lo justo y necesario en cada una de ellas, de manera que el lector no se aburre de ninguna de ellas; así pues, Tolkien consigue retener al lector a lo largo de las diferentes aventuras y que, casi sin darse cuenta, acabe llegando a la montaña Solitaria de la mano de sus personajes. El episodio de los trolls es muy simpático, las aventuras en las Montañas Nubladas y el duelo de acertijos entre Bilbo y Gollum son entretenidísimos y la estada en la casa de Beorn, divertidísima y reconfortante. Las peripecias en el Bosque Negro, desde el enfrentamiento contra las arañas hasta que los enanos consiguen huir en los barriles, es pura aventura y no hay momento para el respiro. La llegada a Lago y la búsqueda de la puerta oculta en la ladera de la Montaña Solitaria son momentos tensos, por la cercanía de la conclusión. Además, el transcurso de la novela tiene un propósito muy bien perfilado: transformar a Bilbo Bolsón, sin que él mismo se vaya dando cuenta, de un tipo aburrido, comodón y cobarde a un hobbit valiente, honorable y capaz de arriesgar su vida por sus amigos.

La novela funciona muy bien mientras el objetivo del viaje es ese, hasta que llegan a la Montaña Solitaria y Bilbo tiene su tan esperado encuentro con el dragón Smaug. Es ahí donde Bilbo y la aventura llegan a su cúspide, para luego decaer en un tramo final que nada tiene que ver con lo que se había visto hasta ahora. La muerte de Smaug, las posteriores disputas por el oro entre los enanos, los humanos y los elfos y la batalla contra los trasgos son hechos tan precipitados como gratuitos. Tolkien, que se había olvidado por un momento de la épica y la complejidad que caracterizan sus otras obras, y había apostado por el entretenimiento y la aventura en un relato para los más jóvenes, parece arrepentirse de ello y acaba firmando un final fuera de lugar. La historia toma un cariz adulto de golpe y que deja al lector descolocado.

Suerte que en la película le dan más importancia al mapa, porque lo que es en el libro,
solo se lo miran un par de veces y ya.

Además, Tolkien fuerza demasiado las cosas para que esa batalla encaje en la historia que nos estaba contando. Cuando Smaug ataca la villa, se saca de la manga a Bardo y su motivación para cargarse el dragón, y que Jackson resuelve muy bien en su película al presentárnoslo mucho antes (aunque esa parte sea muy aburrida en la película), en lugar de presentárnoslo cuando los enanos llegan a Lago la primera vez. También es tan casual como gratuito que los trasgos se presenten de golpe, pues el lector creía que el incidente en la Montaña Nublada era agua pasada y para nada tan relevante como para que estos organizaran un ejército y marchasen contra los enanos, los humanos y los elfos. Además, se antojaba que el viaje hasta la Montaña era arduo y dificultoso, pero sin embargo hacia el final confluye todo el mundo ahí en un abrir y cerrar de ojos, como es el caso de Beorn o el ejército trasgo. Pese a ello, solo es un error pasajero, y el desenlace vuelve a estar a la altura de lo ya visto. La vuelta a casa es muy rápida, pero Tolkien sabe plasmar a la perfección los cambios que han tenido lugar en Bilbo y su reencuentro con su lado Bolsón.

Respecto a los personajes, pese a no estar muy desarrollados en la mayoría de casos, son entrañables y no se exige más detalle en una historia de este cariz. La ambientación, la geografía y los guiños referidos a su magna obra están muy cuidados, como es de esperar de Tolkien.

En conclusión, una novela cuajada de episodios divertidísimos, pero truncada por un desenlace muy forzado que no encaja con el tono aventurero de las primeras tres cuartas partes de la novela. De no haber sido así, Tolkien hubiese firmado una novela juvenil de aventuras redonda. Es una novela muy entretenida y disfrutable y que sin lugar a dudas recomiendo a todo aquel que quiera meterse en el mundo de "El señor de los anillos".