miércoles, 28 de mayo de 2014

[Crítica película]: "Godzilla" de Gareth Edwards

¿Soy el único al que Godzilla le parece de un tamaño y dimensiones razonables?

¿De qué se alimenta Godzilla cuando
está en su chalet bajo las
profundidades?
Con la aparición del nuevo "Godzilla" es el momento de vilipendiar a Roland Emmerich y su flojísima adaptación de la historia del mítico monstruo japonés. Si uno analiza la versión de 1998 fríamente, con varios años de experiencia cinéfila, se encuentra con que los fallos superan los aspectos positivos, y de largo. Pero también es cierto que guardo un recuerdo entrañable de cuando era pequeño, porque me entretuvo mucho y siempre pedía que me la pusieran. Pero hay que madurar y aceptar que la versión de Gareth Edwards es superior, aunque tampoco es todo lo buena que podría llegar a ser, y me sorprende porque me gustó mucho su anterior película, "Monsters", y esperaba algo más de él.

Año 1999. El doctor Ishiro Serizawa (Ken Watanabe) y la científica Vivienne Graham (Sally Hawkins) descubren en una cueva subterránea de Filipinas dos capullos de una especie desconocida hasta el momento. Uno ya ha eclosionado y ha abandonado la cueva y se ha internado en el mar. Poco tiempo después, la central nuclear en la que trabajan los Brody, en Japón, sufre un ataque desconocido y provoca una gran cantidad de víctimas. Entre las víctimas se encuentra Sandra Brody (Juliette Binoche), la mujer de Joe Brody (Bryan Cranston), que no pudo salvarla del desastre. Joe dedicará varios años de investigaciones para averiguar qué es lo que ocurrió aquel día, sin éxito, hasta que descubre unas señales que provienen de la zona radioactiva dónde hubo el accidente. Junto a su hijo Ford (Aaron Taylor-Johnson), se adentrarán en la zona y descubrirán que un monstruo milenario está a punto de despertarse.

"Godzilla" solo tiene dos problemas, y graves, para que no se convierta en la grandiosa película en la que podría haberse convertido. El primero es el guion. La historia que se nos cuenta, que no es otra que el enfrentamiento entre tres monstruos, no necesita un drama familiar que ocupe tanto metraje. Tampoco lo necesitaría en caso de que estuviera bien construido y rehuyera los estereotipos del género, pero ese no es el caso. Así pues, la primera hora de película está lastrada por los intentos de esbozarnos una reconciliación padre-hijo de tomo y lomo, muy forzada y que luego tiene poca o ninguna relación con la historia de los monstruos. Si resulta forzado conectar a nuestro protagonista con la trama de Godzilla y los Muto a través de ese drama familiar, más forzado resulta aún intentar enlazar de algún modo la historia de la familia de Ford con la de los monstruos. A partir de ahí, todo es una casualidad tras otra para meternos a los personajes en los sitios donde los monstruos se enfrentan; así pues, Ford llega a Hawai y al poco los monstruos aparecen por allí. Luego, como no, los monstruos van a desencadenar el combate final en San Francisco, justamente en la ciudad donde vive la mujer y el hijo del protagonista. En lugar de una consecución tan cogida por los pelos, podrían haber aprovechado el sentimiento patriota de Ford, o una simple obligación militar, para inmiscuirlo en la defensa de su país. No hacía falta forzar tanto el guion.

Vaya plano, parece sacado de un wallpaper

Y el segundo problema  tiene que ver con el papel que desempeñan algunos personajes y las actuaciones de algunos actores. El reparto es realmente bueno, aunque desaprovechado. Lo de Sally Hawkins, David Strathairn y Juliette Binoche es un delito y Bryan Cranston, aunque actúa fenomenal, sobra por lo estereotipado de su personaje. Elisabeth Olsen en la misma línea que Cranston y eso nos deja con los dos personajes con un peso más preponderante, y a la vez, los que actúan peor. Ken Watanabe es un actor que me gusta y actúa muy bien, pero en "Godzilla" parece que solo ensayó la cara de pensativo, fuera cual fuera la situación en la que se encontrase el personaje, y está algo limitado. Y luego está Aaron Taylor-Johnson, que es capaz de poner la misma cara de palo tanto si está jugando con su hijo como si está viendo como dos monstruos se están repartiendo estopa delante suyo mientras se cargan media ciudad. Su actuación provoca que uno se desvincule de la película y no empatice con su mala suerte y las peripecias por las que tiene que pasar.

Si pasamos por alto estos dos inconvenientes, y durante la segunda parte uno los pasa por alto casi sin darse cuenta, Gareth Edwards ofrece un espectáculo entretenidísimo que mantiene al espectador pegado a la butaca. Su habilidad para la escenografía y para rodar escenas de acción se pone de manifiesto cuando los monstruos toman todo el protagonismo y los humanos pasan a un segundo plano. Las escenas de acción, la duración de las mismas y los efectos especiales están bien cocinados y denotan un gran talento tras las cámaras. En esta línea, destacar la escena de los paracaidistas lanzándose a la ciudad sumida en la oscuridad, el episodio del tren, el del puente de San Francisco y, en definitiva, toda la batalla en San Francisco. Y eso sin olvidar una BSO a cargo del siempre notable Alexandre Desplat, con temas realmente buenos, como "Two against one".


En conclusión, si no fuera por un guion pobrísimo y cuajado de estereotipos y un reparto desequilibrado, "Godzilla" hubiese sido infinitamente mejor de lo que acaba siendo. Muy entretenida y con una segunda mitad espectacular, es casi obligado visionarla en el cine. De otro modo no tendría sentido.

domingo, 25 de mayo de 2014

[Crítica película]: "Snowpiercer (Rompenieves)" de Bong Joon-ho

V de Vendetta se compra un billete de tren

En cierto momento de la película:
Esto es explotación infantil y lo demás
son tonterías
Decir que "Snowpiercer" ha tenido una difusión pésima es quedarse corto. Se ha estrenado en muy pocos cines y aún me cuesta entender por qué. Imagino que al ver el nombre de Bong Joon-ho como director y que estaba rodada en Corea del Sur echó para atrás a más de uno. No tengo ni idea, pero en mi opinión, se han equivocado. "Snowpiercer" es un entretenimiento notable que no tiene nada que envidiarle a otras superproducciones con más difusión y de calidad más cuestionable.

Un experimento fallido para combatir el cambio climático ha sumido el planeta en una glaciación que ha matado a la mayoría de la población. Los últimos rescoldos de la humanidad viajan en un tren que recorre todo el mundo sin detenerse desde hace ya 17 años. Dentro del tren las desigualdades sociales están muy marcadas y en los vagones de cola malviven con muy pocos recursos las castas inferiores, que viven subyugadas por los vagones de la cabeza, que están fuertemente armados y gozan de todos los lujos imaginables. En el último vagón, Curtis (Chris Evans) y Gilliam (John Hurt) esperan el momento para rebelarse y dar un vuelco al statu quo.

Lo primero que sorprende al ver "Snowpiercer" es el estilo personal que consigue imprimirle Joon-ho a casi todos los aspectos de la propuesta. Los personajes, los planos, la trama y la ambientación respiran una originalidad que la desmarca del estilo habitual de Hollywood, que parece algo estancado en propuestas de este calibre. La historia empieza sin que los personajes tengan que explicártelo todo, como suele ocurrir en la mayoría de películas, donde más bien parece que los personajes se dirigen al espectador que a los demás personajes. Es a través de diálogos coherentes y viendo cómo actúan los encargados del tren donde uno se hace una idea de lo que está ocurriendo. Poco a poco vemos hasta qué punto llegan las desigualdades y hasta dónde están dispuestos a llegar ambos bandos, los rebeldes por un lado y los gobernantes por el otro; las escenas impactantes se suceden una detrás de otra. El enfrentamiento en el túnel, la cacería que emprende cierto enemigo o el episodio del vagón escuela son muy originales y trepidantes. Sin embargo, pese a esos grandes momentos, y a pequeños episodios llenos de originalidad, el final no está a la altura y todo lo construido a lo largo de las poco más de dos horas que dura el filme acaba por deshincharse con un final algo rutinario y carente de inspiración.

Los personajes intentan desmarcarse del encasillamiento al que estamos acostumbrados y lo consiguen la mayoría de veces. Curtis, reconcomido por algo que hizo y que no nos es revelado hasta más adelante, se configura como un héroe atípico. No es capaz de controlarlo todo y es capaz de tomar decisiones que no siempre tomaría un héroe al uso. A veces sacrifica a sus hombres si de esa manera consigue algo que cree que puede beneficiar al conjunto y a veces se deja llevar por la ira sin pensar en las consecuencias de sus actos. A Minsu (Kang-ho Song) le da igual el resultado de la misión, sus planes son otros, y evita en todo momento meterse en el fregado a menos que esté obligado a ello. Y tres cuartos de lo mismo ocurre con la hija de Minsu (Ah-sung Ko). Sin embargo, no todo es redondo. Que los personajes intenten desmarcarse de lo habitual provoca que en ocasiones tengan comportamientos inexplicables o desacertados, sobre todo en el caso de Minsu y su hija, que son excesivamente secundarios durante el desarrollo y uno no sabe muy bien qué pintan y por qué participan tan poco de la revolución si luego se descubre que sí tenían un objetivo en mente. Además, el reparto es todo un acierto y, aunque algunos son algo fugaces, las actuaciones, en especial la de Tilda Swinton, son excelentes.

Las caras lo dicen todo: ¡serán hijos de yuca!

Visualmente hablando está a muy buen nivel. El contraste entre los vagones de cola y los de delante es muy vistoso y descubrir cómo será el siguiente es un aliciente más para seguir adelante con los personajes. Los primeros están sucios, abarrotados de camastros y de mugre; los que vienen luego son todo lujo, de una forma que resulta hasta insultante. Joon-ho juega mucho con el colorido y los extremos para acentuar las desigualdades sociales. Los paisajes del exterior, algo escasos, también están cuidados, pero a veces los efectos especiales son algo limitados para la época en la que estamos. En líneas generales funcionan bien, siempre que impliquen ver al tren desde fuera, pero a veces se nota demasiado que están hechos por ordenador. Un buen ejemplo es cuando abren la máquina que elabora el mejunje que comen los vagones de cola; el movimiento de las cuchillas parece sacado de un videojuego. 

Todos esos aspectos hacen que el espectador se olvide por un momento que es la misma historia de siempre, la del héroe atormentado y solitario que, superando sus demonios internos con cada obstáculo que salva, acaba por tomar conciencia de su destino y de la fuerza que atesora en su interior. Además, Joon-ho consigue que el mensaje antisistema que quiere vendernos no sea tan obvio y lo consigue gracias a algunos giros de guion que, aunque son algo previsibles, ayudan a dicho menester.

En conclusión, "Snowpiercer" es un entretenimiento diferente de lo que estamos acostumbrados y derrocha originalidad por los cuatro costados. Hay escenas muy conseguidas, personajes que se desmarcan del tópico y estéticamente hablando es muy buena, pero un final algo decepcionante y que algunos personajes se comporten de forma poco coherente, la privan de una puntuación más elevada. Habrá que seguirle la pista a Bong Joon-ho.


***Esta crítica pertenece a un proyecto conjunto impulsado por el Club del Cinéfilo, un grupo de Facebook al que pertenezco y con el que comparto la afición de ver cine y luego reseñarlo/criticarlo con otros bloggers. A continuación, las críticas de mis compañeros y compañeras:

viernes, 23 de mayo de 2014

[Off-topic]: "Aún hay alguien por aquí, aunque no lo parezca"

Persiguiendo a Ivan Rúmar

Han pasado muchos días ya desde mi última entrada. Desde el sábado, concretamente. Algunos pensaréis: este se está desentendiendo del blog. No, no y no. El trabajo me ocupa desde las 15 hasta las 23h, si todo va bien y las cosas salen más o menos a pedir de boca, y a partir de las 23h mi rendimiento ya no es como para soltar genialidades en una crítica. Así que solo tengo tiempo de hacer cosas por las mañanas y, aunque procuro organizarme bien, no tengo tanto tiempo como para pulir una crítica en el tiempo en el que solía hacerlo.

Y eso me deja el viernes y el sábado, mis días libres; el primero lo ocupo, como toda buena persona, a pasar el día fuera, a Barcelona, y en ir al cine o a otro acontecimiento lúdico con mi hermano o con mis amig@s. Y luego está el sábado, día que me dedico a ver películas y escribir. Así que si veis que la frecuencia con la que escribo se reduce, no os preocupéis, que estoy ahí y continuaré ofreciéndoos contenidos tan rápido como me sea posible.

¿Y todo este rollo para qué? ¿Es que acaso eres un egocéntrico que piensa que nuestra vida de lectores de blog y demás pasa por leerte a ti y ya está? ¿Te crees que entramos cada día o qué? Bueno, calmaos. Seguro que algún acosador/a hay por ahí dándole al botón de la flechita circular por si publico algo. Ahora en serio. Las demás semanas había podido compaginarlo mejor y ofreceros entre dos y tres entradas a la semana, pero en esta he estado ocupado con otro proyecto que tengo entre manos y del que no os había hablado aún. La revista Argonautas, de nueva creación, me ofreció la posibilidad de participar como colaborador y de escribir para ellos artículos en la sección que tendrán destinada para críticas de series de TV y cine basadas en obras escritas y, como no podía ser de otro modo, acepté. Aunque me dieron mucho tiempo de plazo para hacerlo, como podéis imaginaros, la he tenido que pulir estos últimos días, rozando el plazo límite que me habían ofrecido. Pero llegué a tiempo. Los que queráis saber más sobre esta revista, os redirigo a su página web.

Imagen mental de Ivan Rúmar cuando la palabra acosadora cruza sus neuronas

Pero el objetivo de esta entrada es hablaros de otras entradas que tengo pendiente de escribir por un motivo u otro y que aún no he publicado y que próximamente vais a poder leer por aquí. En el apartado de películas, podréis disfrutar dentro de poco de:
  • "Snowpiercer" de Bong Joon-ho, mi primera película coreana;
  • "Dallas Buyers Club" de Jean-Marc Vallée, de la que he querido hablar desde que la vi el día de su estreno;
  • "Ruby Sparks" de Jonathan Dayton y Valerie Faris, porque quiero hablaros, por encima de todo, del tema que trata y que me parece muy interesante;
  • Y, en un futuro no muy lejano, un especial donde os hablaré de la saga de "X-Men" (estoy haciendo una maratón para cuando estrenen "X-Men: Días del futuro pasado"), otro sobre Satoshi Kon (tal y como prometí en el anterior vídeobalance) y otro sobre la trilogía de "Berserk".
En el plano series,


Y en el plano libros,

  • "El gran Gatsby" de Francis Scott Fitzgeralt;
  • "La torre de la golondrina" de Andrzej Sapkowski, el sexto de la saga de "Geralt de Rivia", y que es un librazo de tomo y lomo;

Y eso sin olvidarme del vídeobalance de Abril, que seguramente llegará a últimos de este mes o principios del siguiente.

Y esto es todo. ¡Nos vamos leyendo por aquí queridos lectores y lectoras!

sábado, 17 de mayo de 2014

[Off-topic]: "Baratometrajes 2.0 - El futuro del cine hecho en España"

Hay más cine español ahí fuera

A ver si prosperan sus intentos y nos
llegan más
Voy a ser sincero y a contaros la verdad: sé poco o nada sobre cine español. No he visto ni los clásicos ni muchas de las producciones más modernas. De cine español solo conozco a Alejandro Amenábar y sus películas con actores de Hollywood, los estimulantes largometrajes de Nacho Vigalondo y una de esas películas que clasificaríamos dentro del saco del cine español independiente, "Stockholm" de Rodrigo Sorogoyen. Con motivo de la crítica que escribí sobre ella, Hugo Serra y Daniel San Román se pusieron en contacto conmigo para hablarme de su documental, "Baratometrajes 2.0 - El futuro del cine hecho en España", y a ver si podía opinar de él y darle un poco de difusión.

Pero hablemos un poco de mí. Siempre he pensado que el cine español que inunda las salas es bazofia. Solo he necesitado unos cuantos tráilers y algunos zappings desafortunados para hacerme esa idea. Sé que eso no dice nada bueno de mí, pero no puedo obligarme a ver películas que no me entran ni a tiros. Suelen ser comedias románticas chuscas, dramones de tres al cuarto y crónicas de la guerra civil. Y mi opinión no mejora si nos trasladamos a la pequeña pantalla, porque os juro que no sabría nombraros una sola serie española buena. En este aspecto, no me diferencio de los entrevistados de a pie que salen en el documental. Por suerte, esto no siempre es así. Vi "Stockholm" y asistí a una de las mejores películas del 2013. Me llevé una muy grata sorpresa; la idea era potentísima y me dejó reflexionando durante mucho tiempo. Y eso no lo consigue cualquiera. Después me enteré que la habían rodado con 215.000 euros y por crowdfunding. Y eso me llevó a pensar que quizás en este país se estaba haciendo un cine que desconocía. Del que no había oído hablar nunca. Y gracias a "Baratometrajes 2.0." y unas conversaciones que mantuve con mi amigo Carlos, de "El rincón de Carlos del Río", que está metido en el rodaje de "Hazlo por mi" de Álvaro de la Hoz, he descubierto un tipo de cine del que no sabía mucho.

Como suscribe uno de los entrevistados en "Baratometrajes 2.0", de ahí a pensar que el cine independiente es mejor que el otro hay un trecho. Eso no podemos saberlo hasta que lo veamos. Pero la cuestión que nos exponen los directores no es esa: ese cine debería tener las mismas oportunidades que el comercial, el poder exhibirse en una sala de cine sin tantos inconvenientes y palos en las ruedas. ¿Problema? Que no tienen ni el dinero ni la capacidad de difusión ni el amparo de las distribuidoras. La industria del cine español ha sido muy continuista y ha optado por lo fácil, por aquello que creía que le daría más beneficios, independientemente de la calidad del mismo. Además, hay mucho mamoneo de por medio y, como el documental nos demuestra, eso provoca que mucho talento potencial pueda llegar a perderse de no ser por el empuje de estos directores y/o productores y proyectos como los de este documental. Porque seamos sinceros, yo no había oído hablar de ellos antes. Pero al oírlos hablar he descubierto que tienen proyectos, que lo dan todo por ellos y que tienen ideas muy interesantes. Y hay que darles la oportunidad y, en este sentido, "Baratometrajes 2.0." es un gran documental. Más allá de una labor técnica y un montaje inspirado, que intercala muy bien el tema propiamente dicho con espacios donde los entrevistados nos cuentan cómo sería un mundo sin cine.

Vale, he omitido la parte donde le casqué un 3 a "El cosmonauta"

Os recomiendo su visionado. En ningún momento se hace tedioso y seguro que conocéis un puñado de películas y de directores que de otro modo no conoceríais; os podrán gustar más o menos, pero no hay que apartarlas y dejar que se pierdan en el olvido, porque quién sabe, quizás encontremos más de una joya. A mí "Stockholm" me gustó tanto que la puse en la posición número 5 de mi top 10 de 2013. Por delante de la oscarizada "12 años de esclavitud", ojo.

Y aquí tenéis el enlace a la página web, donde encontraréis más información y la posibilidad de haceros con este documental por un puñado de euros.

miércoles, 14 de mayo de 2014

[Crítica libro]: "Cómo escribir ciencia-ficción y fantasía" de Orson Scott Card

Descubriendo los entresijos del autor de "El juego de Ender"

Creo que paso más tiempo leyendo
sobre escribir que escribiendo
Orson Scott Card es uno de los autores más relevantes a lo que literatura fantástica y de ciencia ficción se refiere y es conocido por su obra más famosa, "El juego de Ender". Yo la he leído y es una de las mejores obras del género, sin lugar a dudas. Así que cuando me enteré que Alamut sacaría un libro suyo donde nos contaría las vicisitudes del trabajo de escritor y algunas claves para escribir ciencia-ficción y fantasía, supe que debía hacerme con él. Y el resultado ha sido satisfactorio.

"Cómo escribir ciencia-ficción y fantasía" está dividido en cinco partes y cada una aborda diferentes aspectos del oficio de escritor que resultan muy interesantes para el novelista en ciernes. Card se desenvuelve muy bien en todas ellas, y aunque algunas sean más interesantes que otras o puedan ayudar más al escritor que otras, está tan bien contada que, más allá de su valor para el aprendizaje, se convierte en una lectura más que notable. Y el humor del que hace gala de vez en cuando ayuda, y mucho, a que no se convierta en un manual de escritura tedioso.

El primer capítulo es un ensayo sobre los límites de la ciencia-ficción y la fantasía; qué entra en dicha categoría y qué no, cuáles son los principales elementos de género, cuál es la situación actual (teniendo en cuenta que fue escrito a principios de los años 90) y qué autores deberíamos leer para adentrarnos en la ficción especulativa con garantías. Habla del comportamiento de los lectores del género, cuáles son las barreras que lo hacen más o menos accesible al público y cuál es el panorama editorial y de revistas de relatos del mismo, entre otras muchas cosas. Es un capítulo muy interesante y que, aunque a efectos prácticos no es el capítulo más jugoso del libro y del que el escritor novel en ciernes aprenderá más, no solo por su naturaleza, sino porque es altamente probable que esté algo desfasado, ya que el mercado americano no funciona igual que el de aquí, es muy ameno y recomendable de leer.

En el segundo capítulo Card entra en materia y aborda uno de los aspectos más importantes, si eres un planificador empedernido a lo que a escritura se refiere: la construcción de las reglas que regirán el mundo en el que se ubicará la historia. Según Card, es uno de los trabajos más importantes antes de ponerte a escribir cualquier historia de ciencia-ficción y fantasía, y yo lo secundo. A mí me gusta tener una base antes de escribir, un marco donde situar a los personajes y la historia, y crear el mundo en el que se desarrollará es uno de los aspectos que más me gusta cuidar. El capítulo es muy interesante e inspirador; la parte en la que habla de los viajes espaciales, las reglas de la magia o los lenguajes está muy bien escrita y uno se olvida que está leyendo un manual de escritura. Pero no es hasta la tercera y cuarta parte que Card no habla de herramientas para mejorar la escritura; es algo sucinto en este apartado y se echa en falta algo más, pero como guía cumple. Es muy interesante, tal y como ocurre en los demás apartados, por lo ameno de sus explicaciones y el humor que impregnan sus palabras, pero para aquel que quiera profundizar en aspectos como construcción de personajes, estructura o punto de vista será mejor que recurra a otras lecturas especializadas, como "Dynamic Characters" de Nancy Kress o "Point of view" de Alicia Rasley.

Vale, ahora (después de haber escrito la crítica) acabo de leer sus declaraciones homófobas. Suerte que te
estoy evaluando según tu obra y no como persona...

En el quinto y último capítulo, Card deja a un lado las técnicas literarias y aborda uno de los aspectos más minusvalorados de la literatura sobre escritura: la vida y el negocio del escritor. En este apartado vuelve a ocurrir lo mismo que en el ensayo que abre el libro y tiene que ver con el desfase entre el mercado literario estadounidense y el español, de manera que algunos de los consejos que da o los certámenes que propone son poco útiles para el escritor en ciernes de aquí, en tanto que es una lectura más interesante que práctica. Por suerte, solo se circunscribe a algunos apartados y podemos disfrutar de uno de los mejores capítulos del libro; volvemos a disfrutar del Card más inspirado, sobre todo por el humor con el que nos lo cuenta todo. Es imposible no sentirse identificado con él cuando habla de los problemas económicos que arrastra el novel -y el experimentado- durante su carrera literaria, o reírte un rato cuando habla de la dinámica de los talleres literarios y cuán perjudiciales pueden ser para uno o inspirarte cuando habla de la vida cotidiana del escritor.

Y para acabar, hay un apéndice con entrevistas a otros escritores que enriquecen el libro, aunque no vengan mucho a cuento. Es interesante ver qué opinan Elia Barceló, Andrzej Sapkowski o César Mallorquí sobre sus rutinas y sus libros favoritos.

En conclusión, uno de esos libros que uno relee con el paso del tiempo, no solo por los contenidos, sino por lo interesantes que son las reflexiones del autor y lo bien escrito que está. No llega a la altura de "Mientras escribo" de Stephen King, pero si te gustó éste, "Cómo escribir ciencia-ficción y fantasía" no te defraudará.

domingo, 11 de mayo de 2014

[Crítica serie]: "True Detective" 1ª temporada

Mucho ruido y pocas nueces

Hay que ser tonto como para pasar de
la Monaghan
Es difícil añadir algo más a las infinitas tertulias que ha suscitado esta serie. Muchos dicen que es la mejor serie de los últimos tiempos, que Nic Pizzolato y Cary Joji Fukunaga se acaban de marcar un buen tanto, que pasará al panteón de series ocupado por "The Wire" o "Los Soprano". Que esta es la serie/película definitiva del género. Viene abalada tanto por la crítica como por el público y tiene muchos números de ganar el premio a mejor serie en la próxima ceremonia de los Emmy (y, quien sabe, el de mejor actor de serie dramática). Pues mal que me pese, no opino lo mismo. Es un buen entretenimiento, está por encima de muchas, pero nada más.

Dos detectives de Louisiana, Rust Cohle (Matthew McConaughey) y Marty Hart (Woody Harrelson), son entrevistados por los detectives Maynard Gilbough (Michael Potts) y Thomas Papania (Tory Kittles), que están investigando un caso que ellos mismos ya investigaron hará quince años. Por aquel entonces, atraparon al culpable y el caso se cerró, pero el asesino en serie ha vuelto a matar durante estos últimos años y eso les obligará a rememorar todos los pasos que dieron por aquel entonces para desentrañar la identidad del asesino y poner fin a una cacería que se ha extendido demasiado en el tiempo.


Veamos, pues, qué es lo que tiene "True Detective" que no tengan otras series. Qué es lo que la hace tan espectacular.

A) Una ambientación muy conseguida; el sur de los Estados Unidos y la América profunda son retratados en toda su naturaleza. Un lugar crudo, muy conservador, y en el que aún late el horror que antaño impregnó la tierra. Es un lugar sucio, alejado de los pueblecitos idílicos made in Hollywood a los que tan acostumbrados estamos. Aproximación, sin embargo, para nada exclusiva de esta producción. Para retratos crudos de la America profunda, "Winter's bone" no le hace sombra. Quizás se eche en falta algo más de oscuridad, que se nos muestren los asesinatos como en todo buen thriller policial y que no acaben siendo meras anécdotas, pero la ambientación sigue siendo uno de sus puntos fuertes.

B) Un reparto de lujo. McConaughey y Harrelson están geniales en sus respectivos papeles. McConaughey borda su personaje pesimista y complejo, en especial cuando luce la estética del presente, y Harrelson interpreta su papel de tipo insatisfecho y autodestructivo a la perfección. Sin ellos, "True Detective" no sería lo mismo. A destacar también el elenco de secundarios, algo fugaces y demasiado en un segundo plano, como los jefes de policía interpretados por Kevin Dunn y Paul Ben-Victor, y que podrían dar para mucho más, pero que su sola presencia ya eleva la calidad del producto. Michelle Monaghan está muy bien en su papel de mujer desdichada y la pareja de detectives interpretados por Potts y Kittles son un buen contrapunto a McConaughey a lo que actuaciones se refiere.

C) Una selección de temas muy acertados que consiguen meterte en la historia. A destacar el tema del opening, y el propio opening, uno de los mejores que he visto nunca. Sin embargo, aquí abajo os dejo uno de los temas más que más me han gustado y que le va como anillo al dedo a la serie.


D) Diálogos muy elaborados. La verborrea de McConaughey y lo trascendental de sus reflexiones ayudan a dotar de grandilocuencia a lo que se nos cuenta y de que la serie esté a otro nivel. Estamos acostumbrados a los diálogos que no procesamos de lo sencillos que son, a las frases hechas manidas y a líneas de diálogo que no ocupan más de cinco palabras, y en "True Detective" son tan absorbentes y recargados que el mínimo despiste implica perder el hilo. Y es de agradecer cuando una serie le activa las neuronas a uno.

Y veamos qué la convierte en una más, en un producto más interesante que excelente:

A) Tramas poco desarrolladas y que caen en los estereotipos. Los aspectos positivos mencionados con anterioridad no ocultan que las tramas secundarias, que debieran serlo más, como los asuntos familiares de Woody Harrelson y las diferencias entre los dos detectives, toman un papel demasiado preponderante a lo largo de los capítulos, hasta el punto de empañar el caso y convertirse, en algunos capítulos, en el eje principal de la serie. Así pues, asistimos a melodramas familiares muy vistos ya: hombre casado que tiene una amante, escenas de sexo made in HBO con la susodicha, la-mujer-no-sabe-nada-al-principio-y-luego-se-entera-y-la-lían, hijas que no se llevan bien con él y así sucesivamente. Da igual si el papel de hombre infiel lo interpreta Woody Harrelson, que las actuaciones sean increíbles o te creas lo que ocurre: es tan previsible y redundante que es imposible abandonar la sensación de dejà vu.

El caso tiene potencial, pero no es explotado adecuadamente. El primer capítulo apunta a que el cadáver de la chica no es más que una pieza de un complejo puzzle que apenas somos capaces de atisbar. Además, la información que recibimos es poca y desordenada; hay ocasiones que uno no sabe muy bien por donde tirará el caso y qué pistas les conducirán por el buen camino y cuáles no. Y eso es un acierto. Sin embargo, poco a poco dicha complejidad se va diluyendo. No hay nada detrás de los diálogos retorcidos, los saltos temporales y la evolución de los personajes. Es un caso como otro cualquiera, donde los personajes van de A a B y de B a C sin desviarse ni un ápice de los estereotipos del género. Es casi insultante que al final todo sea producto de un perturbado, por muchos implicados que hayan quedado en la sombra; la historia se prestaba a otra cosa y caen en la opción más fácil. El asesino recuerda, y mucho, al Buffalo Bill de "El silencio de los corderos", un personaje que sentó precedente. Para bien y para mal.

Hay que reconocer que el tío suelta cada una... Yo me quedo con esta: “La vida es lo suficientemente larga como para que seas realmente bueno en una sola cosa. Así que ten cuidado en qué eres bueno”

B) Luego están los altibajos a lo que ritmo se refiere. Hay capítulos intensos, con un torrente desbordante de información, de diálogos bien construidos y de hechos impactantes. Y luego están los que no aportan prácticamente nada a la historia. Así pues, después de un buen capítulo inicial, sobreviene un segundo capítulo aburrido y tedioso, más centrado en la relación de los personajes y en construir su psicología que en el propio caso; luego viene el tercer capítulo, centrado casi exclusivamente en el caso, con un McConaughey muy inspirado y un final impactante. Luego viene el capítulo cuatro, uno de los más flojos, donde se gastan cerca de cincuenta minutos en infiltrar a McConaughey en una banda de moteros. Y así hasta llegar a los dos capítulos finales, donde se apresuran a hacer todo lo que no habían hecho con anterioridad. Ya es demasiado tarde para hacerlos trabajar juntos, como verdaderos detectives. Ya es demasiado tarde para centrarse en el caso. Y ahí es cuando empiezan a sacarse datos de la manga, conexiones imposibles y situaciones que rozan lo inverosímil. No me creo el detalle de la pintura verde y cómo les conduce al asesino; es muy precipitado y nada acorde al personaje que hace la deducción y al ritmo de la investigación. Roza lo inverosímil que McConaughey, tras tantos años de investigación, no conecte eso y que Harrelson lo haga en un par de minutos. No me trago que McConaughey se infiltre a lo Jason Bourne en la casa de un cargo tan importante como es el del reverendo Tuttle, ni más ni menos que el hermano del gobernador del estado, y tampoco me creo que secuestren a un sheriff y no pase nada en ese sentido. Y es entonces cuando, desgraciadamente, todo el aparato se desmonta y queda una serie -más- de policías interesante y, lamentablemente, que se mueve más en el terreno de la fantasía que en el del realismo. Llegados a este punto, ¿qué la diferencia de la primera temporada de "The Killing"?

En conclusión, la forma está más cuidada que el fondo. Una trama poco trabajada, mal desarrollada y que cae en los tópicos del género acaba lastrando una ambientación, unos personajes, unas actuaciones y unos diálogos excelentes. Por suerte, el balance es positivo, pero no es la obra maestra en la que podría haberse convertido.

miércoles, 7 de mayo de 2014

[Crítica película]: "Tierra prometida" de Gus Van Sant

Van Sant se pasa al café descafeinado

No sé tú, pero estos americanos
cambian su escala de valores a la mínima
El tándem Gus van Sant, como director, y Matt Damon, como guionista, vuelve a reunirse por tercera vez (la primera vez para rodar la exitosa "El indomable Will Hunting" y la segunda para para rodar la desapercibida "Gerry") para rodar "Tierra prometida", una película que aborda el polémico tema del fracking. Steve Butler (Matt Damon) trabaja para una empresa de gas natural, Global Crosspower Solutions, como ejecutivo encargado de comprar terrenos para realizar prospecciones. Un buen día, le toca el turno a McKinley, un pueblo rural empobrecido por la crisis, con el objetivo de comprar todos los terrenos para que Global pueda extraer el gas natural del subsuelo haciendo uso de la polémica técnica del fracking. Parece que McKinley va a ser un pueblo más, pero la oposición de algunos de sus habitantes y la llegada de un lider ecologista (John Krasinski) van a complicarle, y mucho, las cosas.

A veces se piensan que somos tontos. Qué digo. Muchas veces. Y los guionistas, Damon y Krasinski, nos toman por ello continuamente. Es imposible creer que el personaje interpretado por Damon crea de verdad en lo que hace, que lo que está vendiéndoles a los habitantes del pueblo no tiene fisuras y que es buena persona haciendo lo que hace. Venga ya. Es imposible que en una profesión como esta no seas un tipo, como mínimo, frío y calculador. No me lo creo. Ojo, no digo que sean mala gente. Pero no me lo pintes como si el tipo no supiera para qué clase de empresa y personas trabaja. Se sorprende cuando al final descubre que solo era una pieza más del puzzle, como si el jugar sucio y las triquiñuelas empresariales le viniesen de nuevo, acostumbrado como parece estarlo al principio. De hecho, no duda ni un momento en comprar terrenos muy por debajo de su precio real. Un tipo que al principio de la película te dicen que es muy bueno haciendo eso no puede ser tan inocente como nos lo pintan. Con semejante falta de verosimilitud llegamos a un final igualmente increíble, que no encaja para nada con el tipo de persona que se nos ha presentado al inicio.

Posiblemente el duelo entre Krasinski y Damon y entre éste último y Holbrook sea lo más relevante de este filme; cuando discuten sobre el fracking alejándose un poco de la fantasía y la poca rigurosidad que empañan otros pasajes es cuando vislumbramos todo el potencial que alberga semejante premisa. El resto transcurre a través de los convencionalismos más obvios del género redentor; ese tipo de películas que empiezan con un protagonista que está en el lado "equivocado" y que poco a poco va tomando conciencia del bando en el que se ha situado, que es malvado y pérfido, y se va trasladando al otro, el que generalmente es bueno y débil. Es un esquema que me gusta y no pocas películas que lo han usado han conseguido un hueco en mi altar personal, incluso cuando rayan lo poco probable, como es el caso de "El último samurái", pero que puede funcionar muy mal si se usa de una forma tan evidente e irreal como en esta película. Además, hay tramas de relleno innecesarias que no ayudan a diluir lo evidente del guion, como el pseudoromance entre Damon y DeWitt o todas las subtramas, por pocas que sean, que involucran a McDormand, que rallan el tópico. Y eso sin contar los intentos de humanizar a los personajes a través del humor, que caen en dique seco.

¡Pero qué fácil es ligarse a una chica en estas películas!

Pero el error más grave de todos es el mensaje ecologista que nos quiere meter Van Sant a punta de pistola. Por obvio. No hay complejidad, ni escalas de grises; todo es sencillo, o eres malo o eres bueno, sin puntos intermedios. No hay lugar para enturbiar a los contrarios al fracking ni para diluir la malevolencia de los partidarios de Global. Ni para retratar la decadencia de las zonas rurales ni para sembrar un verdadero debate entre subsistir vs. conservar el medioambiente. Opta por la simpleza y elude el polémico y espinoso debate centrándose en la evolución de Damon, desaprovechando una gran ocasión para ahondar en un tema muy en boga en lo que a tertulias medioambientales se refiere.

Erraría si dijese que todo son puntos negativos en "Tierra prometida"; la película se beneficia del buen hacer de su reparto, con un siempre solvente Matt Damon y unos interesantes Krasinski y Holbrook, aunque fuera de este grupo se quedaría McDormand, pues su papel de cínica huele a refrito de otros trabajos anteriores. La dirección de Van Sant consigue imprimirle un aire más profesional del que aparentemente tendría si estuviera dirigida por otra persona y, como ya he comentado, hay pasajes interesantes entre la mediocridad.

En conclusión, Gus Van Sant y Damon optan por no mojarse mucho con el debate que suscitaría la premisa de la que parten y optan por plantearnos una trama y una evolución de personajes muy previsibles y rayando el tópico. "Tierra prometida" podría resumirse en una palabra: descafeinada.

viernes, 2 de mayo de 2014

[Crítica película]: "El viento se levanta" de Hayao Miyazaki

El viento se levanta. Hay que intentar vivir

¿Seríais capaces de tirar adelante un sueño
como este?
Ver una película de Hayao Miyazaki es transportarte a un mundo donde lo cotidiano se entremezcla con lo fantástico de una forma casi mágica. Toda una experiencia. Y digo esto habiendo visto solamente tres de sus películas. No he tenido ocasión de ver toda la producción de uno de los fundadores del prestigioso Studio Ghibli, un icono de la animación japonesa de todos los tiempos, y uno de los directores que ha contribuido más a dicha industria, pero pronto voy a ponerle remedio. Porque "El viento se levanta" es una obra maestra de cabo a rabo.

"Se levanta el viento" nos propone un recorrido de la mano de uno de los diseñadores aeronáuticos más importantes de Japón, Jiro Horikoshi, desde sus inicios en la universidad hasta su época trabajando para la compañía de ingeniería Mitsubishi. Y es que Jiro, desde bien pequeño y tan pronto como supo que sus limitaciones visuales le impedirían convertirse en piloto de aviación, decidió que se convertiría en diseñador de aviones y que daría forma a los aviones que poblaban sus sueños.

La película es un canto a la esperanza y a la vida. De vivirla al máximo y de luchar por nuestros sueños, porque si uno se propone cualquier cosa es capaz de conseguirla con perseverancia y esfuerzo. Jiro es un buen ejemplo de ello. Creció en una sociedad atrasada respecto a las demás potencias emergentes que despuntaban a lo ancho y largo del mundo; los ingenieros aeronáuticos japoneses estaban a horas luz de conseguir modelos tan avanzados como los que consiguió Junkers en Alemania o Coproni en Italia, pero él consiguió, tras muchos fracasos y años de dedicación, diseñar uno de los cazas más famosos de la Segunda Guerra Mundial, el mítico Zero. Pese a las barreras de la época y las trabas a las que fue sometido por parte del gobierno del momento, pudo conseguir lo que se propuso. Miyazaki se vale hábilmente de los sueños de Jiro, y me refiero a los fisiológicos, para transportarnos a ese mundo de ensueño donde nuestras metas se cumplen y donde Jiro es capaz de hacer volar sus diseños.

Hay numerosas escenas para el recuerdo. Los distintos encuentros en el tiempo de Jiro y Nahoko son muy emotivos; los fragmentos oníricos de Jiro donde sueña en los aviones y comparte sus sueños con los de Coproni son de una fuerza tremenda; el episodio del avión de papel, otro tanto, donde vemos a Jiro compartiendo su pasión con Nahoko; la escena del terremoto, que nos da los primeros brochados de la catadura moral de nuestro protagonista. Cada escena tiene su propósito y contribuye a forjar la personalidad de nuestro protagonista. El eje principal de la historia, cómo Jiro consigue poco a poco lo que se propone, está tan bien desarrollado como las diferentes subtramas complementarias. Una de ellas es el romance entre Hiro y Nahoko, que es capaz de dar el toque emotivo necesario para tocar la fibra sensible del espectador. Uno está harto del romance a la Hollywood y cuando uno ve algo con un mínimo de seriedad se agradece. La subtrama amorosa acompaña perfectamente al retrato de Hiro y está increíblemente bien hilvanado con el resto de tramas; los diferentes episodios en el hotel de campo, la boda y la despedida siguen una progresión muy adecuada. Y eso sin contar que "Se levanta el viento" es una excusa perfecta para reseguir la historia del Japón de la primera mitad de siglo, una época de grandes cambios; así pues asistimos a algunos de los episodios clave, como el gran terremoto de 1923, la epidemia de tuberculosis que asoló la capital años después y la entrada del país en la Segunda Guerra Mundial.

El viento es un elemento importantísimo en esta película, protagonista de los momentos más relevantes

Está claro que Miyazaki busca con esta película humanizarnos al soñador, al creador infatigable que en busca de sus sueños perjudica, sin quererlo, a los otros. Jiro no es un mal tipo, todo lo contrario, pero sus sueños chocan directamente con la vida de miles de personas. Miyazaki busca esa disyuntiva y consigue que los sentimientos encontrados florezcan en el espectador. ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar con tal de cumplir tus sueños? ¿Qué carga estarías dispuesto a sostener sobre tus hombros el resto de tu vida? ¿Dejarías a un lado todo lo demás para dedicarte a ello sin reservas? Son cuestiones que uno no puede responder con ligereza y sin ella Miyazaki las plantea; es como si estuviera retratando algunos aspectos de su propia vida (intuición mía), como si en su etapa como director de cine hubiese renunciado o dejado de lado otras cosas igualmente importantes. Tal y como le cuenta Coproni a Jiro en uno de sus sueños, la fiebre creadora solo dura 10 años y luego uno debe retirarse. Da la sensación de que Miyazaki ha acabado una etapa y que ahora empieza otra.

"El viento se levanta" es, pues, la despedida de un genio. Hay multitud de detalles que lo evidencian. El más notorio y evidente es cuando Nahoko vuelve al sanatorio en las montañas, en el momento en el que la relación con Jiro va viento en popa. Cuando la hermana de Jiro, entre llantos, pregunta el porqué de su retiro, la mujer de Kurokawa contesta algo parecido a "Porque querían que la recordaran hermosa". Básicamente es esto lo que buscaba Miyazaki, retirarse a tiempo, con uno de sus mejores trabajos, por todo lo alto. Y lo ha conseguido.

Finalmente, no podía acabar sin hablar de la animación. Es de la vieja escuela, sin técnicas CGI avanzadísimas que acaban estropeando la animación, como el abuso del mismo en la trilogía de "Berserk: La edad de oro", que acaba por restarle realismo a las imágenes y a los movimientos de los personajes. Miyazaki apuesta por el gran colorido marca de la casa, con unos paisajes detalladísimos y con personajes y vehículos más sencillos. El movimiento de los aviones y de los personajes es muy fluido y dotado de gran realismo. Mención especial merece el episodio estremecedor del terremoto o las pruebas de vuelo de los aviones.

En conclusión, una obra maestra se mire por donde se mire. Miyazaki se ha retirado firmando una gran película, con unos personajes bien construidos, un guion muy interesante y, sobre todo, cuajada de reflexiones. "Se levanta el viento" es, además, un canto a la esperanza y a vivir nuestros sueños. Altamente recomendable.



Y recordad:

"El viento se levanta. Hay que intentar vivir"