miércoles, 24 de diciembre de 2014

[Crítica película]: "Solaris" de Steven Soderbergh

Buscando espejos

Esta crítica también podéis encontrarla
en el número #4 de la revista Argonautas
Hay algo que siempre es difícil de asumir: que lo que ocurre dentro de nuestra cabecita es distinto de lo que ocurre fuera de ella. Y no estoy hablando de la base neurológica de los sentidos, que si solo percibimos lo que el cerebro quiere que percibamos y todo ese rollo neurocientífico. Estoy hablando de las películas que nos montamos dentro de nuestra cabeza y que raramente casan con la realidad. Tampoco estoy hablando de nuestras utopías materialistas; es indudable que ese costoso yate o esa mansión en Alaska con un escritorio con vistas a un paisaje nevado la mar de inspirador están algo lejos de cumplirse. Hablo de algo mucho más íntimo y personal. Hablo de cómo llegamos a idealizar a nuestra pareja e intentamos moldearla a imagen y semejanza de nuestro ideal. Y del dolor que eso causa. De eso quiero hablar yo y de eso habla “Solaris” (2002).

¿Qué es Solaris? Solaris es un planeta misterioso que descubrieron los humanos tiempo atrás, cuando se lanzaron a investigar el espacio, pero que se ha mantenido indescifrable hasta el momento. El astronauta Kelvin es enviado a la estación espacial que orbita alrededor del planeta para que continúe la investigación que llevaba a cabo otro científico que murió recientemente. Al poco de instalarse en la estación descubrirá que el planeta Solaris ejerce un influjo sobre su mente capaz de materializar a su ser más querido.

¿Y qué tiene que ver una odisea espacial con algo tan terrenal?, os preguntaréis. Pero vayamos por partes, que a veces tengo la sensación de que la ciencia ficción y la fantasía son víctimas de un nutrido desdén que les atribuye una falta de profundidad que sí suelen tener. Suele ser un vehículo para hablar de otros temas, sobre todo de la esencia humana, y que ya les gustaría tener otras obras de ficción contemporánea. Y la “Solaris” de Stanislaw Lem es un buen ejemplo de ello, sino uno de los mejores. Sin entrar en muchos detalles, pues es el turno de la versión dirigida por Steven Soderbergh y no el de la versión en papel, es capaz, en tan solo trescientas páginas, de ofrecer múltiples lecturas y tratar temas tan humanos como la incomunicación o la soledad. La adaptación de Soderbergh es mucho más simplista y acaba circunscribiéndose al contraste entre la realidad y las fantasías que tanto daño nos causan. Y con éxito, aunque la crítica no compartiera mi opinión.

Volviendo a la reflexión iniciada en el primer párrafo, podríamos decir que a Kelvin le ocurre algo que nos ha ocurrido a todos: que la persona que imaginamos no es la misma que tenemos delante, por mucho que nos empeñemos en que sea así; que ocurra que nos engañemos para creer que es así, pero que en realidad no conozcamos al otro o no queramos conocerlo, por miedo a que no sea como esperamos que sea y no encaje con el ideal que nos hemos fabricado nosotros. Es en esa tesitura en la que se encuentra Kelvin cuando, de buenas a primeras, recibe la visita de su mujer. Con el tiempo se dará cuenta, además, de que aquello que la convertía en la persona que quería ya no está, que solo quedan unos recuerdos que ya no casan.

Con la de posibilidades que ofrecía el planeta y verlo relegado a un simple macguffin...

Nos pasamos la vida buscando a alguien que sea como nosotros, tal y como Kelvin hacía mientras vivía con su mujer, alguien que cumpla con esas directrices utópicas que nos marcamos, del mismo modo en el que la humanidad de la novela se dedica a buscar otras civilizaciones y transformarlas en nuestro ideal humanizado de extraterrestre, sin éxito, del mismo modo que intentamos moldear a otro a imagen y semejanza sin conseguirlo. Quizá por eso nos pasamos la vida buscando espejos en lugar de buscar otros mundos, como diría Lem. Y, como acaba descubriendo Kelvin, había algo especial en su mujer que no es capaz de recrear con sus recuerdos. Será que hasta que no perdemos a nuestro ser querido no nos damos cuenta de lo especial que es y de lo inútil que es intentar cambiarlo.

La versión de Soderbergh, aunque se pasa por ahí la mayor parte del libro, sí sabe plasmar a la perfección ese contraste entre la persona real y la de nuestros sueños. Es cierto que no es perfecta: tenía que introducir, tanto si sí como si no, unos cuantos giros de guion de esos que gustan tanto y que no vienen a cuento o un desenlace francamente decepcionante si lo comparamos con el de la versión en papel. Se ahorra la ciencia ficción propiamente dicha eliminando de un plumazo las investigaciones que se llevan a cabo en la superficie de Solaris, para acabar reduciendo el planeta a un mero macguffin. Tal y como ocurre con los visitantes de Solaris, el original no se parece en nada a la copia, pero no por ello deja de resultar estimulante en su diferencia.

4 comentarios:

  1. Buena crítica, me han dado ganas de verla!!!!!!!!! Aunque George Clooney me tira bastante para atrás

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    1. ¡Muchas gracias Delorian!

      A mí me gustó, aunque el libro es mejor. Pero digamos que son diferentes y está bien en su diferencia. Clooney no es que sea el actor definitivo, pero creo que no está nada mal. Dale una oportunidad y me cuentas ;)

      ¡Un saludo y feliz navidad!

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  2. Ivan, no he leído el libro pero he visto las dos películas de Solaris. El remake de S. y la original de Andrei Tarkovski. Desde luego T. muestra la complejidad de temas que tu mencionas del libro. La de S. en comparación es entretenimiento . Me decepcionó que S. copiara el ambiente y el tono general, músical, etc. de la original- por eso digo que es un remake- y que además ignorara lo mejor que hay en la original, por ejemplo, que el planeta es una masa de agua y que, en toda la película los momentos en los que el agua aparece ,en cualquiera de sus formas, hace de hilo conductor del tema esencial de la película, que es el agua como origen y transmisora de vida y amor (por lo de que el hombre es setenta y cinco por ciento de agua y todo eso)
    Andrei T. lo muestra con escenas poéticas sencillas y sin palabras. Es el acierto mas grande de la película - tiene muchos mas- porque después de verla el poso que queda es el de esas imágenes que logran hacernos entender intuitivamente más allá de la historia - que es la que tú has descrito con bastante claridad.
    El único fallo, y gordo, que yo le veo a la película de A. T. es que peca de lo mismo que las películas de autor de los años setenta; es lento que te mueres, soporífero en realidad, justo en los momentos en que no sucede nada, y hay bastantes. Es una pena porque el planteamiento tanto de la historia como visual es buenísimo, incluso de las imágenes futuristas. Así que me muero por decir que es una película magnifica y un clásico y todo eso, porque me lo parece y más aún después de los años pasados por ella, y sin embargo no puedo porque te vas a encontrar con "un ladrillo" , que además dura dos horas y algo.! O sea que es solo para cinéfilos sufridores o cotillas curiosas como yo.

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    1. Buenas Lola,

      Yo no he visto la de Tarkovski. Sinceramente, porque me pareció un ladrillo con sus casi tres horas de duración. El libro es tal y como defines tú la película. Apenas hay diálogos, aunque es mucho más dinámico, porque hay capítulos dónde se habla del planeta, de cómo lo encontraron y de las expediciones que se han ido organizando hasta llegar al momento actual. En ese sentido, es mucho más de ciencia-ficción que la versión de Soderbergh -e imagino que la de Tarkovsky-.

      Técnicamente, y espero no pegar un patinazo, el planeta no es de agua. Al menos en la novela. Es un océano, pero no de agua, sino de una entidad inteligente que no ha podido ser descrita usando los baremos humanos. En el libro no se hace referencia al agua ni su naturaleza ni las reflexiones que apuntas, sino que está más orientado en mostrarnos la incomunicación humana y la dificultad inherente a definir, describir, categorizar, etc. seres tan distintos a nosotros (como somos los individuos humanos los unos de los otros) midiéndolos bajo el prisma de unos sentidos y unos constructos mentales que no encajan con los de una civilización extraterrestre. En la imposibilidad de establecer contactos con seres inteligentes porque carecemos de un "idioma" común. Y a parte de todo esto, de lo que hablo en la entrada, que es lo único en lo que se centra Soderbergh.

      Aun así, intentaré ver la de Tarkovsky. Pero como bien dices, parece pertenecer a ese grupo de películas tediosas que se hacían antes. A mí me pasó, por poner un ejemplo de muchos, con "El padrino 2". Un buen fondo, pero lastrada por una duración excesiva.

      ¡Un saludo Lola y muchas gracias por comentar, como siempre!

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