viernes, 6 de junio de 2014

[Crítica película]: "Ruby Sparks" de Jonathan Dayton y Valerie Faris

Un poco de autocrítica, por favor

¿Por qué en la vida real no pasan
estas cosas?
Después de la exitosa asociación fruto de la que surgió "Pequeña Miss Sunshine", Jonathan Dayton y Valerie Faris vuelven a la dirección con "Ruby Sparks", su segunda película. A mí "Pequeña Miss Sunshine" me gustó mucho, un soplo de aire fresco a la road movie y a la comedia dramática, y con un reparto muy acertado. Con semejantes credenciales os estaréis preguntando: ¿Está "Ruby Sparks" a la altura? No, pero eso no quita que sea una buena película.

Calvin Weir-Fields (Paul Dano) es un escritor famoso por una novela que escribió hará unos años y que está sufriendo un bloqueo creativo que le impide escribir desde entonces. Todo estriba en que hace poco lo dejó su novia y está pasando un mal momento a lo que relaciones amorosas se refiere. Después de unas sesiones con su psicólogo, empieza a escribir intensamente sobre una chica imaginaria, Ruby Sparks (Zoe Kazan), que acaba materializándose por acto de magia.

Dejando a un lado cualquier referencia a la escritura, que me parece totalmente secundaria, lo mejor de "Ruby Sparks" es su potente tema de fondo y que tiene que ver con la naturaleza de las relaciones de pareja. ¿Las relaciones fracasan por culpa del otro, como solemos creer siempre, o es cosa de uno mismo? ¿Estás preparado para aceptar al otro con sus puntos fuertes y débiles o, por contra, vas a intentar moldearlo para que se ajuste a la imagen de pareja perfecta que te has construido tú en tu cabeza? Esa es la esencia de "Ruby Sparks" y se vale de una fantástica premisa para tratarlo: que Calvin sea capaz de controlar el comportamiento de Ruby reescribiéndola con su máquina de escribir. Cuando a Calvin le molesta algo de ella, en lugar de reflexionar si no es él la causa del problema, no vacila en atribuirle a ella cualquier error y en controlar sus actos a través de su máquina de escribir. Si ella hace amigos y no pasa tanto tiempo con él, él escribirá para que ella solo pase tiempo con él. Si es demasiado graciosa, escribirá para que esté triste. Y así con todo. Pero lo que es él, nada. Él no querrá cambiar, porque cree que la raíz del problema en sus relaciones son los demás y no él mismo. ¿Cuántas veces hemos actuado así? ¿Cuántas veces hemos culpado al otro por nuestros problemas e inseguridades? ¿Cuántas veces le hemos dicho a nuestra pareja que fuera de una manera u otra para que se adaptara a nosotros? El desenlace, donde Calvin le revela a Ruby su naturaleza y le demuestra que puede hacer lo que quiera con ella, es de una potencia desbordante. La catarsis emocional está en un punto álgido y es ahí donde Calvin se da cuenta de lo que ha estado haciendo y que es él el problema de la ecuación. Por mucho que ella cambie, él no se siente satisfecho.

Más allá del potentísimo tema de fondo y que está muy bien explotado, "Ruby Sparks" no deja de ser la misma historia romántica de siempre, más allá de las peculiaridades que se derivan de la fantástica premisa. Así pues, explora de manera más o menos tópica muchos de los puntos en común con sus otras primas hermanas; de la misma manera, fuerza escenas muy vistas, como la típica presentación de padres excéntricos sacados de "Los padres de él", o el final feliz made in Hollywood. O los clichés del escritor falto de inspiración que tanto les gusta a los americanos mostrar en sus producciones. Como ya he dicho, cualquier referencia a la escritura es secundaria y, más allá de algún detalle puntual interesante, y de los que uno podría estar más o menos de acuerdo, no aporta nada a la historia y acaba siendo un simple pretexto para la historia romántica. Además, la película peca de volverse algo lenta con tanta transformación de Zoe Kazan, cayendo en la redundancia entre tanto cambio (vaya oxímoron me acabo de sacar de la manga).

Yo también me pongo así cuando una de mis creaciones cobra vida

Y, antes de acabar, mención especial merecen los dos protagonistas. Paul Dano está increíble, cosa muy común en él, y Zoe Kazan también cumple muy bien y sabe transmitir a la perfección los diferentes extremos emocionales por los que pasa su personaje. Son, sin lugar a dudas, la piedra angular para que la propuesta no falle y el espectador quede atrapado en la historia.

En conclusión, "Ruby Sparks" consigue aportar algo más al ya manoseado género de la comedia romántica con una reflexión muy interesante sobre las relaciones de pareja. Es entretenida y, aunque transita pasajes ya explorados con demasiada recurrencia por otras películas del género y el final no está a la altura de la propuesta, se presta a la reflexión después de su visionado.

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