miércoles, 18 de junio de 2014

[Crítica película]: "Dallas Buyers Club" de Jean-Marc Vallée

Quién te ha visto y quién te ve, Matthew

La sinopsis abreviada de"D.B.C.":
"Philadelphia", pero en plan sórdido
y real
Mucho tiempo llevaba yo arrastrando esta crítica. No la critiqué para la quiniela de los Oscars porque los encargados de organizar los estrenos decidieron que estuviera en los cines después de la ceremonia y luego fui posponiéndola, hasta hoy. "Dallas Buyers Club" se llevó dos de los premios más importantes, el de mejor actor y el de mejor actor secundario, para Matthew McConaughey y Jared Leto respectivamente. Y el de mejor maquillaje. Y, aunque no se llevó el de mejor película, es una de las que demuestran que las películas de esta 86ª edición de los Oscars estaban a un muy buen nivel.

Ron Woodroof (Matthew McConaughey) es un mujeriego empedernido al que, tras una visita al médico, le diagnostican que tiene el SIDA y que tan solo le quedan un par de meses de vida. Su mundo se trastoca y, tras descubrir que el único tratamiento de por aquel entonces, el AZT, es ineficaz, se empeñará en encontrar una alternativa, aunque tenga que quebrantar la ley y enfrentarse a las farmacéuticas.

Poco hay que decir de películas como esta. Así que voy a ser directo, como pocas veces suelo ser. "Dallas Buyers Club" es de esas películas que más de uno debería ver para cambiar su manera de pensar sobre determinados temas. En este caso, sobre la homosexualidad y los enfermos de SIDA, tal como ya hiciera "Philadelphia" en su momento. En este sentido, Vallée cumple de sobras. El espectador más o menos desinformado sobre dichos temas recorrerá junto a Woodroof su periplo de tolerancia; al principio es tan homófobo o más que cualquiera de sus amigos chuscos con los que más tarde tendrá sus diferencias y al final se convertirá en un defensor acérrimo de los homosexuales y de los que, como él, están enfermos de SIDA, aunque sin perder su punto vulgar de antaño. Esta conversión es algo más realista que la de Denzel Washington en "Philadelphia" y el enfoque del colectivo homosexual mucho más sucio y realista que la susodicha. Son la ambientación y el tratamiento de estos temas los puntales que hacen de "Dallas Buyers Club" un soplo de aire fresco al género.

El desarrollo, como ya digo, es simple y previsible. Todos sabemos qué etapas recorrerá Woodroof y cómo acabará la historia. Pero es en esa simpleza donde Vallée, con su estilo personal, consigue sorprendernos con detalles muy agradables y emotivos. Que Woodroof no acabe ligándose a la doctora sorprende. Que desarrolle un afecto especial por Rayon (Jared Leto) y que no lo demuestre tanto como le gustaría al más emotivo de los espectadores, sorprende. Que Woodroof quiera lucrarse hasta bien entrada la película, aunque parece que ya ha tomado conciencia de cuál es la realidad de su entorno, es una alternativa refrescante a tanto héroe hollywoodiense.

Otro de los puntos fuertes es el reparto. McConaughey y Leto sufren una transformación brutal para meterse en el papel y sus actuaciones son muy buenas, en especial la de McConaughey, quién te ha visto y quién te ve. El resto cumple muy bien, a destacar una acertada Jennifer Garner y a un par de secundarios resultones, como son Steve Zahn y Denis O'Hare.

A la academia siempre le han gustado las transformaciones y la de Leto tenía las de ganar

Es cierto que "Dallas Buyers Club" peca de distanciarse demasiado de sus personajes. Al espectador le gustaría que hubiera más momentos enternecedores y desgarradores para empatizar con ellos, y que no se pasara tan de puntillas por momentos con gran potencial dramático, como es el caso de la sucinta muerte de Rayon. También peca de querer abarcar más de lo que la propuesta es capaz de soportar. Vallée quiere hablar de la homosexualidad, de la cruda realidad con la que tenían que verse los enfermos de SIDA por aquel entonces, de las carencias terapéuticas y de los estudios farmacológicos a los que eran sometidos y de cómo las farmacéuticas, una vez más, jugaron con los pacientes, con tal de enriquecerse a costa de ellos. Son muchos temas a tratar y Vallée picotea de unos y de otros, en mayor o menor medida, y se echa en falta algo más de alguno de ellos. El tema de la homosexualidad y el de los enfermos de SIDA es ampliamente desarrollado, con gran efectividad, pero la crítica a las farmacéuticas acaba quedando en un segundo plano y la conclusión de sus disputas contra las mismas, resumida en unas líneas después del fundido en negro. Uno espera más de esas tramas y, aunque están bien, saben a poco.

Sin embargo, estos puntos negativos no son capaces de ocultar que "Dallas Buyers Club" es una gran película, con momentos muy conseguidos, con actuaciones brillantes y que da que pensar. Merecida la nominación y merecidos los Oscars que se llevó.

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