miércoles, 7 de mayo de 2014

[Crítica película]: "Tierra prometida" de Gus Van Sant

Van Sant se pasa al café descafeinado

No sé tú, pero estos americanos
cambian su escala de valores a la mínima
El tándem Gus van Sant, como director, y Matt Damon, como guionista, vuelve a reunirse por tercera vez (la primera vez para rodar la exitosa "El indomable Will Hunting" y la segunda para para rodar la desapercibida "Gerry") para rodar "Tierra prometida", una película que aborda el polémico tema del fracking. Steve Butler (Matt Damon) trabaja para una empresa de gas natural, Global Crosspower Solutions, como ejecutivo encargado de comprar terrenos para realizar prospecciones. Un buen día, le toca el turno a McKinley, un pueblo rural empobrecido por la crisis, con el objetivo de comprar todos los terrenos para que Global pueda extraer el gas natural del subsuelo haciendo uso de la polémica técnica del fracking. Parece que McKinley va a ser un pueblo más, pero la oposición de algunos de sus habitantes y la llegada de un lider ecologista (John Krasinski) van a complicarle, y mucho, las cosas.

A veces se piensan que somos tontos. Qué digo. Muchas veces. Y los guionistas, Damon y Krasinski, nos toman por ello continuamente. Es imposible creer que el personaje interpretado por Damon crea de verdad en lo que hace, que lo que está vendiéndoles a los habitantes del pueblo no tiene fisuras y que es buena persona haciendo lo que hace. Venga ya. Es imposible que en una profesión como esta no seas un tipo, como mínimo, frío y calculador. No me lo creo. Ojo, no digo que sean mala gente. Pero no me lo pintes como si el tipo no supiera para qué clase de empresa y personas trabaja. Se sorprende cuando al final descubre que solo era una pieza más del puzzle, como si el jugar sucio y las triquiñuelas empresariales le viniesen de nuevo, acostumbrado como parece estarlo al principio. De hecho, no duda ni un momento en comprar terrenos muy por debajo de su precio real. Un tipo que al principio de la película te dicen que es muy bueno haciendo eso no puede ser tan inocente como nos lo pintan. Con semejante falta de verosimilitud llegamos a un final igualmente increíble, que no encaja para nada con el tipo de persona que se nos ha presentado al inicio.

Posiblemente el duelo entre Krasinski y Damon y entre éste último y Holbrook sea lo más relevante de este filme; cuando discuten sobre el fracking alejándose un poco de la fantasía y la poca rigurosidad que empañan otros pasajes es cuando vislumbramos todo el potencial que alberga semejante premisa. El resto transcurre a través de los convencionalismos más obvios del género redentor; ese tipo de películas que empiezan con un protagonista que está en el lado "equivocado" y que poco a poco va tomando conciencia del bando en el que se ha situado, que es malvado y pérfido, y se va trasladando al otro, el que generalmente es bueno y débil. Es un esquema que me gusta y no pocas películas que lo han usado han conseguido un hueco en mi altar personal, incluso cuando rayan lo poco probable, como es el caso de "El último samurái", pero que puede funcionar muy mal si se usa de una forma tan evidente e irreal como en esta película. Además, hay tramas de relleno innecesarias que no ayudan a diluir lo evidente del guion, como el pseudoromance entre Damon y DeWitt o todas las subtramas, por pocas que sean, que involucran a McDormand, que rallan el tópico. Y eso sin contar los intentos de humanizar a los personajes a través del humor, que caen en dique seco.

¡Pero qué fácil es ligarse a una chica en estas películas!

Pero el error más grave de todos es el mensaje ecologista que nos quiere meter Van Sant a punta de pistola. Por obvio. No hay complejidad, ni escalas de grises; todo es sencillo, o eres malo o eres bueno, sin puntos intermedios. No hay lugar para enturbiar a los contrarios al fracking ni para diluir la malevolencia de los partidarios de Global. Ni para retratar la decadencia de las zonas rurales ni para sembrar un verdadero debate entre subsistir vs. conservar el medioambiente. Opta por la simpleza y elude el polémico y espinoso debate centrándose en la evolución de Damon, desaprovechando una gran ocasión para ahondar en un tema muy en boga en lo que a tertulias medioambientales se refiere.

Erraría si dijese que todo son puntos negativos en "Tierra prometida"; la película se beneficia del buen hacer de su reparto, con un siempre solvente Matt Damon y unos interesantes Krasinski y Holbrook, aunque fuera de este grupo se quedaría McDormand, pues su papel de cínica huele a refrito de otros trabajos anteriores. La dirección de Van Sant consigue imprimirle un aire más profesional del que aparentemente tendría si estuviera dirigida por otra persona y, como ya he comentado, hay pasajes interesantes entre la mediocridad.

En conclusión, Gus Van Sant y Damon optan por no mojarse mucho con el debate que suscitaría la premisa de la que parten y optan por plantearnos una trama y una evolución de personajes muy previsibles y rayando el tópico. "Tierra prometida" podría resumirse en una palabra: descafeinada.

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