viernes, 18 de abril de 2014

[Crítica película]: "En la boca del miedo" de John Carpenter

Carpenter, te pierde la cutrez

Por muy cutre que sea esta película,
no es capaz de superar la escena de
los mamporros de "Están vivos"
De John Carpenter he visto varias películas y solo me gustaron, y mucho, "La cosa" y "Christine". Todo lo demás me parece, hablando sin tapujos, flojísimo. Y me sorprende la legión de fans que arrastra. No lo entiendo. De Uwe Boll todo son risotadas y comentarios jocosos, críticas endiabladamente ingeniosas de lo malignas que son, y con razón. Solo hace falta ver la perla "Alone in the dark" para hacerse una idea del cine del maestro del esperpento. Pero es que Carpenter tiene destellos de Uwe Boll en sus películas y se le adora.

El cine de Carpenter, después de haber visto algunas de sus películas más malas, que son las más, se podría resumir en la conjunción de dos aspectos contrapuestos:

A) Ideas, la mayoría de veces, geniales. Con un potencial bestial, de las que auguran un pasatiempo y entretenimientos más que dignos. Ahí está "La cosa", una de las mejores películas de terror que he visto. Ahí están las ideas de las que parten las pésimas "Están vivos", "2013: Rescate en L.A." y la que nos ocupa, "En la boca del miedo". Centrándome en esta última, la idea de una novela de terror apoderándose de la realidad y cuestionando los límites de la misma, con un John Trent (Sam Neil) metiéndose en una espiral de locura y surrealismo, es, cuanto menos, notable. Durante la primera mitad Carpenter nos va sumergiendo en un relato cada vez más intrigante, donde la realidad y la ficción se van entremezclando hasta hacerse indivisibles; uno no sabe muy bien qué es lo que está ocurriendo, si todo es producto de la mente del escritor de marras o si Trent se está volviendo loco. La segunda mitad podría estar bien si no fuera por...

B) Una realización que da pena. Qué digo, de vergüenza ajena. Al señor Carpenter le pierden las paridas, las escenas cutres, los efectos especiales de baratillo, las chorradas que no vienen a cuento, su nula capacidad para plasmar con efectividad aquello que nos quiere contar. En la película que nos ocupa, después de rodar escenas dignas de la mejor de las películas de terror, como el viaje en coche hacia el pueblo de Sutter Cane (Jurgen Prochnow), que es excelente, luego Carpenter no tiene pudor en mostrarnos a una vieja-monstruo despedazando a su marido, o un monstruo de plástico retorciéndose en un invernadero o a una banda de tíos armados acudiendo a una iglesia vete a saber por qué y que acaban siendo masacrados por una jauría de perros, todo aderezado con una economía de recursos dignas de estudio. La película es de 1995, pero "La cosa" tiene efectos visuales mucho mejores y es de principios de los ochenta. Y eso sin contar las escenas que no vienen a cuento, como cuando Neil y su compañera se lían a puñetazos. El mundo está devastado y a Sam Neil lo único que se le ocurre es irse a un cine a ver la película de marras y, atentos, con unas palomitas. La seriedad, lo quieras o no, se pierde. No te lo crees. A Carpenter le pierden esos detalles y son los que provocan que cualquier buena idea se eche a perder. Y eso sin contar la canción de los créditos iniciales y finales, que no pega ni con cola con lo que estamos viendo y que le da ese toque de serie B tan cutre.

Y entonces la película finaliza y a uno se le queda la cara de corcho, sin saber muy bien si el director lo hace a posta o es que es tonto del culo. Porque arruinar de ese modo una idea con tanto potencial con una realización pobrísima solo está en las manos de un inepto. Solo para fans incondicionales del maestro, pero no para los demás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario