sábado, 15 de marzo de 2014

[Crítica serie]: "The Wire" 2ª temporada

Casi, pero no

Aunque no está al nivel de la 1ª, continúa
dándole mil vueltas a otras series (TWD
ejem ejem)
La 1ª temporada de "The Wire" fue mi temporada favorita del año pasado y una de las mejores que he visto nunca. "The Wire" no está hecha para el gusto de todos y se aleja de la comercialidad que, en muchas ocasiones, echa a perder muchas series (ahora me viene a la cabeza la nefasta midseason de la 4ª temporada de "The Walking Dead"). La temporada anterior quedaba más o menos cerrada y, junto con mi temor irracional hacia las segundas temporadas, me puse a verla no sin cierto recelo. ¿Qué ha ocurrido? Pues siento decirlo, pero está un par de peldaños por debajo de la 1ª, aunque conserva la mayoría de los rasgos que la convierten en una temporada notable.

Después de meter a casi toda la banda de Avon Barksdale (Wood Harris) en la prisión, el departamento de policía dio por cerrado el caso Barksdale y el grupo de investigadores que lideraba el teniente Daniels (Lance Reddick) fue disuelto y castigado por haber llegado tan lejos con un caso que al departamento de policía no le convenía tirar adelante. En esta 2ª temporada la trama se escinde en dos, una principal y otra más secundaria. La subtrama de las casas baratas y la organización liderada ahora por Stringer Bell (Idris Elba) pasa a un segundo plano, centrado casi exclusivamente en poner orden y salir a flote después del golpe que recibió su banda después del proceso judicial. El eje vertebrador de esta temporada, pues, se aleja de los entresijos de las bandas y se centra en los chanchullos que llevan a cabo los miembros del sindicato de estibadores del puerto de Baltimore, un punto de entrada de mercancías que abastecen a narcotraficantes y otras organizaciones ilegales de diversa índole. Es, pues, el turno del tráfico de drogas, de mujeres, de mercancías y de influencias; el sindicalista Sobotka (Chris Bauer) hace y deshace en el puerto de Patapsco y todo parece que le va de perlas, hasta que se enemista con el mayor Valchek (Al Brown) y este inicia una investigación en la que acabarán implicándose los protagonistas.

La trama de los estibadores funciona muy bien porque sitúa el foco de la corrupción en la clase obrera empobrecida, desconocida hasta el momento, aunque le cuesta arrancar en sus primeros capítulos. Pero una vez lo ha hecho, las piezas empiezan a caer una detrás de otra hasta un desenlace que, aunque no llega a las cotas de brillantez a las que se llegó en el último capítulo de la 1ª temporada, está plagado de escenas memorables (a la mente me viene la muerte de cierto personaje). Es, pues, todo un acierto porque permite obtener una perspectiva de la ciudad de Balitmore más ampliada. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de la subtrama de Stringer Bell, que, al fin y al cabo, no aporta nada nuevo que haga avanzar la trama. Se antoja más un interludio para lo que vendrá en la 3ª temporada, con unos McNulty (Dominic West) y Kima (Sonja Sohn) muy entregados en retomar el caso Barksdale y tirar de los hilos de Stringer, que de una línea que avance en algún sentido. Por suerte, no resulta cargante ni llega a lastrar el conjunto.

Nuestro pistolero favorito, una víctima de los recortes de personajes

Uno de los pocos errores que comete esta temporada es reducir el protagonismo de ciertos personajes que funcionaban muy bien en la primera y sustituirlos por otros que, aun comparándolos con los personajes que pueblan otras series y saliendo claramente beneficiados, no acaban de enganchar tanto como los otros. En esta temporada McNulty, Kima, D'Angelo (Lawrence Gilliard Jr.), Avon, Omar (Michael K. Williams) y Bubbles (Andre Royo), por poner unos ejemplos de los personajes más relevantes de la serie, son sustituidos por otros que acaban ocupando demasiados minutos en detrimento de éstos. Los Sobotka y los estibadores retratan la clase obrera empobrecida y empujada a los trapicheos ilegales, a esa dualidad entre el bien y el mal, a los débiles que tentados por su ansias de grandeza se ensucian con el dinero y las falsas morales. Ésta es su temporada, pero chupan mucha cámara y, al fin y al cabo, el espectador busca a sus detectives y policías favoritos. Y no es hasta la mitad de la temporada que estos se organizan e investigan los tejemanejes del sindicato de estibadores y no es hasta que han transcurrido dos tercios que McNulty no se mete de lleno en la investigación. No son necesarios cerca de 6 capítulos para dibujarnos a los Sobotka o para reunir a los personajes de nuevo. Aun así, "The Wire" continúa haciendo lo que mejor sabe: dibujar personajes con luces y sombras, ensuciados por una ciudad corrupta a todos los niveles; hay malos entrañables como los pandilleros de Stringer Bell o los Sobotka y buenos turbios como Carver (Seth Gilliam) y Herc (Domenick Lambardozzi). Los personajes vuelven a estar increíblemente bien perfilados.

Como herramienta para radiografiar la sociedad y los mecanismos de la droga y de la corrupción a todas las escalas "The Wire" continúa siendo una de las mejores producciones que se han hecho sobre la temática. Y es que, aunque la trama no acabe de enganchar tanto como en la 1ª temporada, ésta aporta lo que la primera no tuvo tiempo de mostrar: una visión global de los entresijos de los bajos fondos. Ahora sabemos de dónde sale la droga que comercializaban en el Este, ahora sabemos que los negocios ilegales no solo se circunscriben a la droga, sino que también abarcan el tráfico de personas y de mercancías, y que el dinero negro fruto de esas actividades es usado para el tráfico de influencias, tanto en el seno de los sindicatos como para untar a políticos. Un retrato realista, cercano y humano que vale su peso en oro.

En conclusión, esta segunda temporada incurre en algunos errores que provocan que el conjunto no sea tan redondo como en la primera temporada; se echa en falta algunos personajes carismáticos de la primera temporada y la trama no acaba de enganchar tanto como la del caso Barksdale. Sin embargo, continúa siendo una de las mejores series que he visto, con unos personajes muy bien perfilados y un realismo encomiable. Tengo ganas de saber qué me deparará la tercera.

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