domingo, 9 de febrero de 2014

[Crítica película]: "El lobo de Wall Street" de Martin Scorsese

Crónica de un desfase

W.S.: Drogas, mujeres, drogas, dinero,
drogas y más drogas
Martin Scorsese es uno de mis directores favoritos. Haré un acto de valentía y os confesaré que "Uno de los nuestros" no me gustó. Me aburrí y no le vi el qué. Pero "Infiltrados" y "Shutter Island" me encantaron y "El cabo del miedo" y "Gangs of New York" también me gustaron. Así que sabía que que con "El lobo de Wall Street" podía ir sobre seguro. Pero no esperaba lo que encontré. Me pasó algo que hacía tiempo que no me pasaba en un cine ni, por supuesto, con una película de Martin Scorsese: me reí muchísimo.

"El lobo de Wall Street" cuenta la historia real de un corredor de bolsa neoyorquino, Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), que durante los años 80 y 90 se dedicó a todo tipo de negocios de dudosa legalidad, convenciendo a clientes de que comprasen sus productos de alto riesgo sin tener en cuenta que sus clientes podían llegar a perder todo su dinero. Pronto fundó su propia agencia bursátil y creó una élite de brokers que pronto se enriqueció a costa de estafarles el dinero a sus clientes. Y eso sin contar la vida llena de desenfrenos, drogas, sexo y dinero que le acompañó a él y los suyos durante el paso por la empresa. Al fin, después de muchos años de desenfrenos y negocios ilegales, el FBI abrió una investigación para llevarlo ante la justícia.

Es increíble cómo Scorsese nos narra la escalada y la caída de un tipo, más allá de los debates morales, muy carismático, con sus luces y sus sombras. Le vemos empezar como un chico lleno de ambición en Wall Street, cómo Mark Hanna (Matthew McConaughey) le enseña la realidad del mundo de los brokers y cómo su paso por la oficina de su mentor moldea la persona en la que se convertirá en un futuro. Vemos como poco a poco funda su propia agencia, como transforma unos paletos de barrio en brokers, cómo los desenfrenos van in crescendo, desde orgías con sus empleados hasta consumición de drogas de todo tipo, pasando por todo tipo de lujos y excentricidades. Es un desfase y es tremendamente divertida. Hay tantas escenas y gags humorísticos que no podría enumerarlos todos. A la memoria me viene cuando DiCaprio y Donnie (Jonah Hill) se conocen y tienen la conversación sobre la prima de este último, que además es su mujer; cuando DiCaprio decide ir en barco pese al temporal y al final tienen que ser rescatados en alta mar; o toda la escena de los Lemmons. Si no fuera porque hay escenas que acaban mostrándonos una y otra vez lo mismo y que hay partes, sobre todo las más dramáticas donde DiCaprio empieza a replanteárselo todo, que enlentecen el ritmo, sería una obra maestra de tomo y lomo.

Reuniones de empresa cargadas de profundidad

Además, es todo un acierto el uso de la voz en off y que DiCaprio se diriga al espectador de vez en cuando para contarle alguna curiosidad. Los diálogos son uno de los pilares fundamentales que hacen que la propuesta funcione tan bien; muchos destilan humor negro y cinismo por los cuatro costados. Otros, te hacen comprender porqué alguien como Blefort era tan atrayente para los demás. Les daba lo que quería, los motivaba a continuar haciendo lo que hacían y les hacía sentir que tenían el mundo a sus pies. Que la ambición desmedida era justificable. Lástima que el discurso estuviese tan mal orientado. Es cierto que poco vemos de los clientes estafados, pero la intención de Scorsese no es otra que enseñarnos cómo funcionan las agencias bursátiles y Wall Street y ver qué ritmo de vida llevan los brokers para ser capaces de hacer lo que hacen. Scorsese se centra en mostrarnos el tren de vida que llevan a costa de los demás, la desconexión de los empleados con la realidad, la falta de ética para con la gente que estafan, pues ni siquiera llegan a plantearse que están robándoles el dinero a sus clientes y arruinando sus vidas, y cuán perjudicial puede ser la ambición sin frenos. Hacia el final, Scorsese nos enseña que en un mundo de tiburones las amistades no existen; cuando las cosas van bien, todos son amigos, pero cuando van mal tu mejor amigo te vende al FBI y tu mujer te abandona (que no digo que no se lo merezca).

Otro de los puntos fuertes de "El lobo de Wall Street" es lo bien construídos que están los personajes. La cuadrilla de DiCaprio es una fuente constante de risas (ahí está la escena donde discuten la contratación de un enano para lanzarlo a una diana); Jonah Hill está increíble, es 100% humor, y los demás no se quedan atrás. Luego están Margot Robbie y Kyle Chandler para proporcionar las dosis dramáticas, la primera con el drama familiar y el segundo con el tema de la investigación. Hay una retahíla de secundarios, todos muy carismáticos y aportando alguna que otra escena descacharrante, como Jean Dujardin como banquero suizo idiota, Rob Reiner como el padre bipolar de Belfort o el matón de barrio interpretado por Jon Bernthal. Y eso sin olvidar a Matthew McConaughey y su breve, pero intenso, discurso sobre el funcionamiento de Wall Street.


En conclusión, una película altamente recomendable. Si quieres reirte, pasar un rato muy entretenido y disfrutar de unas actuaciones espléndidas, ésta es tu película. Quizás peque de larga, pero la recomiendo por la gran cantidad de escenas memorables que hay.

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