sábado, 8 de febrero de 2014

[Crítica película]: "Déjame entrar" de Tomas Alfredson

La verdadera historia de Crepúsculo

Para tener experiencia parece que el
ayudante no da ni una
Recuerdo una época en que si había dos versiones de una misma película siempre decía: quiero ver la americana, que la otra seguro que es malísima. Seguro que es cine de ese que llaman independiente y encima europeo, para más inri. Y si era española, no era necesario añadir nada más. Por suerte he dejado atrás esa etapa de hollywoodiense empedernido y me he abierto a todo tipo de producciones, ya sean americanas o de cualquier otra parte del globo (aunque el cine español aún se me resiste). De la película que nos atañe supe primero por su remake americano, pero como ya no soy el que era, visioné la original, la "Déjame entrar" de Tomas Alfredson. Y bueno, no mata.

Oskar (Kare Hedebrant) es un niño muy introvertido, que no tiene amigos y es víctima de bullying en la escuela. Le interesan mucho los asesinatos y cuando está solo blande un cuchillo fantaseando qué les haría a los diablos que le atormentan en la escuela. Un buen día, una chica, Eli (Lina Leandersson), se muda al bloque de pisos donde vive Oskar y pronto entablan una extraña amistad. Digo extraña porque solo se ven de noche, la chica no le dice que no a un buen charco de sangre y, en sus ratos libres, ésta se dedica a asaltar a los habitantes del pueblo. Vale, la premisa es original y cuando la historia se centra en ellos dos no hay muy pocas fisuras. Los dos hacen buena pareja y establecen un vínculo afectivo muy interesante; pese a intuir que la chica es una vampiresa y que se dedica a asesinar gente, Oskar hace lo posible para dejar eso a un lado. Además, ella hace todo aquello que a él le gustaría hacer y no puede. Es muy potente cuando ves que, pese a que ella siempre está ahí y le demuestra afecto, Oskar no es otra cosa que un sustituto del ayudante que le procuraba las víctimas. En cuanto este fracasa, ella se hace amiga de él muy rápido. Eso queda muy patente en la escena final, cuando Oskar se fuga en tren con ella. La premisa y el romance son originales, pero ahí acaba lo bueno.

¿Cuál preferís? No tengo nada en contra de Leandersson, pero yo me voy donde me diga Moretz

El problema de "Déjame entrar" radica en que la narración es muy lenta. Hay poca cosa a contar y la historia se alarga y se alarga con planos infinitos de nieve cayendo y calles oscuras, para rellenar la ausencia de ideas más allá de la extraña relación de Oskar y Eli. Todo cuanto ocurre al margen de esa relación, o ya lo hemos visto en otras películas y mejor, o no aporta nada a la historia; todos esos añadidos acaban por difuminar la originalidad de la premisa. Los chicos que hacen bullying, el intento de Oskar de sobreponerse a ellos y el influjo de la chica en esa decisión, es muy tópico. Y luego está el grupo de amigos de mediana edad, que no sabes muy bien que pintan. No empatizas con ellos, ni te importa qué les ocurra ni llegas a sentir lástima por ellos cuando les asolan las desgracias. El tío de los gatos no sabes si está ahí para que te rías o simplemente como mera curiosidad (supongo que poner a una mujer con gatos era demasiado tópico). Te da igual que la mujer una vez convertida en vampiresa vaya a por sus amigos, y te importa aún menos que se vea obligada a suicidarse; o que su compañero sufra por sus muertes y vaya en plan vengativo a por la chica. Están tan poco desarrollados que solo los ves como carnaza y cualquier intento de que te importen es vano. Además, protagonizan las escenas más cómicas de la película; escenas que no debieran serlo, como cuando los gatos atacan a la mujer o ésta se incinera en el hospital.

Otro de los problemas de "Déjame entrar" es que quiere ser diferente dejando muchas cosas a la imaginación del espectador y no lo consigue. Ojo, que soy el primero que defiende que no hay que dárselo todo mascado a la audiencia, tal y como ocurría -a la perfección- en "A propósito de Llewyn Davis" (que reseñé aquí), pero otra cosa muy distinta es que no aporten mucho a la historia o no vengan a cuento. La escena del padre bebiendo con el amigo está metida con calzador. Sí, ya sé, refuerza la sensación de que el chico no tiene en quién confiar y bla bla bla, pero no es muy potente en sí, más que nada porque no hemos visto apenas nada del padre. También ocurre con el, supongo, hermano del matón o con la madre.

Además, hay hechos que ocurren porque sí y son absurdos. Me explico. Hay un momento en que el chico se corta la palma de la mano con el cuchillo, sin venir a cuento. Entre todas las cosas que podrían ocurrírsele, escoge cortarse la mano. Eli no se resiste y le da un sorbo y gracias a eso, Oskar empieza a sospechar que su amiguita es una vampiresa. Seguro que el director no pensó que hay maneras menos forzadas de que Oskar pille a Eli bebiendo sangre. Y luego está la escena en la que el chico se larga de la cabaña del padre y vuelve a casa haciendo autoestop. Al día siguiente, lejos de meterle una santa bronca, ni la madre ni el padre le dicen nada. O lo torpe que es el ayudante de la niña, que no da ni una. Y hay escenas que resultan excesivas, sobre todo concentradas en el tramo final, como la violencia exagerada de la escena de la piscina o lo extraño que resulta que el niño pueda irse en tren con un ataúd y nadie le detenga. En la vida real, eso no sería muy factible.

Vale, la idea es original y el romance de los chicos no está nada mal. Su actuación es muy buena. Pero peca de lenta, tiene escenas que están fuera de lugar y los personajes secundarios aportan poco o nada a la historia.

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