lunes, 17 de febrero de 2014

[Crítica libro]: "Tiempo de odio" de Andrzej Sapkowski

El juego de tronos no era seña identitaria de esta saga y en esta entrega Sapkowski nos da dos cazos

En este libro la saga bien podría titularse
"Ciri de Cintra" en lugar de "Geralt de
Rivia"
Todo el que sigue este blog ya está más que enterado de mi fascinación por Andrzej Sapkowski y su saga de fantasía "Geralt de Rivia" y si no, revisad las críticas que he escrito de las tres primeras entregas, "El último deseo", "La espada del destino" y "La sangre de los elfos". Esta última abrió muchos interrogantes, generando grandes dosis de interés y prometiendo que la siguiente entrega estaría cargada de grandes momentos. Después de leer "Tiempo de odio", puedo confirmar que así ha sido, ¿pero está a la altura de los otros tres? Siento decirlo, pero está unos peldaños por debajo de las anteriores. ¿Por qué?

En esta cuarta entrega, las piezas que empezaron a moverse en "La sangre de los elfos" ya empiezan a tomar posiciones: las diferentes facciones que quieren atrapar a Ciri para sus propósitos están cada vez más cerca de conseguirlo y las ansias de guerra entre los reyes por encima del Yaruga y Nilfgaard están cobrando visos de realidad. Hay divisiones internas entre los hechiceros, un cuerpo que debería mantenerse al margen de las decisiones políticas, por lo que organizan un congreso en la isla de Thanedd para dirimir su postura frente al conflicto. Hacia allí se dirigen Ciri y Yennefer, con el objetivo de asistir al congreso y tramitar el ingreso de la chica en la escuela de hechiceros, y Geralt para seguirlas de cerca y evitar que los asesinos las atrapen.

Podríamos dividir esta entrega en tres partes diferenciadas. La primera no es otra cosa que la extensión de lo que veníamos viendo hasta ahora; Sapkowski firma un inicio memorable con el arco del primer capítulo, saltando de Geralt al mensajero y viceversa, para acabar cerrando el capítulo con un detalle que marcará el devenir del relato. La llegada a la ciudad de Gors Velen, los malos augurios concentrándose en la isla de Thanedd y el banquete de los hechiceros funcionan a la perfección en tanto que palpamos los subterfugios, las intrigas y los engaños que se cuecen debajo de la aparente frivolidad de la velada. La calma previa a la tempestad, que desconocemos por completo y de la que ansiamos saber más. Sapkowski puede salirnos con cualquier cosa y con la información que nos va dando, no es suficiente para intuir qué ocurrirá a continuación y eso genera altas dosis de intriga. Además, no abandona en ningún momento el humor ni las profundas reflexiones que le caracterizan y Geralt está muy bien durante todo el capítulo 3.

Luego, en la segunda parte, todas las piezas empiezan a encajar y se produce un giro de guion impresionante. Los hechiceros partidarios de los reyes por encima del Yaruga tienden una trampa a los partidarios de Nilfgaard, la cosa no sale bien y todo se convierte en una batalla campal. Personajes lanzándose hechizos, personajes persiguiendo a otros personajes, combates a punta pala, traiciones, más combates, movimientos tácticos del enemigo, conspiraciones y más combates. Y al final acabas saturado de tanta acción. Un clímax detrás de otro, una escalada de tensión que debería detenerse y no lo hace. Eso provoca que estés sorprendiéndote continuamente por los incontables giros de guion que se producen, demasiados en tan poco espacio. Y las consecuencias políticas y tácticas que se derivan de ello en el siguiente capítulo empachan; no es algo a lo que estemos acostumbrados en esta saga. Estamos acostumbrados al relato aventurero, a ver a Geralt cazando monstruos o participando en aventuras, pero no ver cómo los soldados avanzan por el campo de batalla, qué decisiones políticas toma el emperador de turno o, sencillamente, al juego de tronos. Aun así, Jaskier protagoniza una de las escenas más cómicas vistas en mucho tiempo, al más puro estilo de lo que veníamos viendo en las dos primeras entregas, pero solo es un espejismo.

¡Qué tiempos aquellos donde solo tenía que preocuparse de matar monstruos!

Más tarde, ya en la recta final, todo vuelve a su cauce. Aunque guarda algunos paralelismos con cierta saga de fantasía que adoro y que restan novedad a la lectura (que conste que Geralt de Rivia fue escrito antes), ya volvemos a acotar al individuo y no a las salas reales y los campos de batalla. Recupera el vagabundeo, la visita a nuevos lugares, la aventura. El rumbo que está tomando la saga hace inevitable que las cosas hayan cambiado, es periodo de guerra, pero desvirtúa de algún modo las señas identitarias de la saga y hacia el final parece que recupera su esencia.

Por otro lado, uno de los errores de esta entrega es centrarse en los secundarios y dejar a un lado a Geralt. Sapkowski continúa perfilando personajes increíbles, con sus luces y sus sombras, con una profundidad asombrosa en el género, pero no consigue que eclipsen a Geralt y cuando éste no protagoniza el relato durante muchos capítulos, la historia se resiente. Ciri y Yennefer están muy bien, pero en su justa medida; en cambio, de Geralt podríamos leer durante todo el libro y no llegaría a cansarnos.

Finalmente, y como colofón final, Sapkowski sí que ofrece cuánto daba en las anteriores entregas a lo que calidad literaria se refiere. Continúa siendo un deleite leer sus diálogos, escuchar a los analfabetos y a los engatusadores, disfrutar con sus descripciones y su riqueza léxica. La ambientación está muy conseguida, como siempre, y su lectura arroja reflexiones muy interesantes. En este sentido, no defrauda.

Sapkowski me ha proporcionado tantas dosis de entretenimiento que uno puede perdonarle un pequeño bache que, quiero que quede claro, no quita que estemos ante una novela notable. Sin embargo, anhelo que "Bautismo de fuego" recupere aquello que hacía que la saga fuera una obra maestra del género. Quiero leer más de Geralt y de Jaskier, ver cómo se las apañan en el camino, y menos devaneos políticos y bélicos.

2 comentarios:

  1. Cuando dices que no se centra en Geralt, debes tener en cuenta, que realmente el protagonista de la saga no es él, sino Ciri, la hija de la sorpresa, es la verdadera protagonista y en torno a la que gira toda la historia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas,

      Lo menciono porque los anteriores tres libros se centran básicamente en él. Y, al leer el cuarto, independientemente del papel de Ciri, esperaba lo mismo.

      ¡Saludos y gracias por comentar!

      Eliminar