viernes, 31 de enero de 2014

[Crítica serie]: "Serial Experiments Lain" de Ryutaro Nakamura

Vaya ordenador más guapo acaba
diseñando la tía para no tener ni idea de PCs
David Lynch y Satoshi Kon son dos grandes exponentes del género surrealista y onírico y ambos me han abierto las puertas a un estilo de hacer cine diferente y, cuanto menos, sugestivo. Animado en este sentido, decidí afrontar el visionado de "Serial Experiments Lain", una serie de animación japonesa dirigida por Ryutaro Nakamura y que nunca me había llamado la atención. Pero envalentonado por mi apertura de miras, decidí darle una oportunidad. Y bien, aunque el resultado ha sido satisfactorio, el conjunto no es tan redondo como debiera. Veamos por qué.

Lain es una chica que apenas se relaciona con nadie; no tiene amigas en el instituto, sus padres no son el colmo de la comunicación y ni siquiera usa el ordenador para conectarse a la Red (aka Internet) y chatear. Hasta que se interesa por unos correos misteriosos que circulan por la Red y que están siendo enviados por la difunta Chisa Yomoda, que se suicidó días atrás lanzándose al vacío. Ahora bien, la premisa original se irá difuminando cada vez más, irán ocurriendo hechos cada vez más extraños e inexplicables, muchos de ellos sobrenaturales y que rozan el surrealismo más abstracto. Dudarás de qué es lo que está ocurriendo y qué conexión guardan los hechos que estás observando. En "Mulholland Drive", por poner un ejemplo de la filmografía de David Lynch, o en "Paranoia Agent" de Kon ocurrían hechos aparentemente inexplicables y de difícil encaje en el puzzle general que nos ofrecía el autor; sin embargo, si uno le daba al coco y analizaba con detenimiento cada escena, podía deducir más o menos cuál era el eje principal de lo ocurrido. En "Serial Experiments Lain" no siempre es sencillo. Es como si intentases construir un puzzle del que no conocieses ni el número de piezas ni qué hay dibujado en ellas, ni supieses si has perdido alguna o tienes de más, ni qué forma tienen ni cómo vas a encajarlas. Hay muchos hechos inexplicables y de los que solo puedes deducir, a riesgo de errar, qué significan; no entiendo qué pintan en la historia los documentos clasificados sobre ovnis y extraterrestres, ni quién es el tipo que se hace llamar Dios, ni qué es el Kids y qué relevancia tiene eso para la historia o qué pintan en la historia los tipos trajeados que aparecen en uno de los capítulos finales. Son piezas tan extrañas y desubicadas que no hay manera de encajarlas con las otras y Nakamura no hace nada para aclararlo. Por suerte, hay otras muchas escenas que van cobrando sentido a medida que transcurren los episodios y que contribuyen a entender el marco general.

Y está claro que ese marco general es la progresiva infiltración de la Red en la Realidad. A lo largo de los capítulos vemos como Red y Realidad se van solapando cada vez más; durante los primeros capítulos ocurren hechos aislados que anticipan qué es lo que ocurrirá más adelante. El chico que se suicida en el Cyberia o el chico que muere a manos de la niña son solo dos ejemplos de que las fronteras entre ambas dimensiones se están difuminando. A medida que la historia avanza, los hechos son cada vez de mayor calibre, como cuando la hermana de Lain empieza a verse a sí misma, hecho que no es más que la constatación de que el yo de la red y el yo de la realidad se están encontrando. Al final el solapamiento es tal (simbolizado por la ruptura de los cables de alta tensión) que la realidad puede ser reseteada. Es entonces cuando Lain descubre que es un software capaz de manipular la realidad. ¿Por qué ocurre todo eso? ¿Quién está detrás de ello? ¿Qué pintan según qué personajes en este tinglado? Ni idea. Pero es interesantísimo ver cómo todo se va desmoronando progresivamente.

Es solo un problema de guion el que tiene "Serial Experiments Lain", porque los innumerables temas que quiere transmitir suelen estar muy claros y son de una gran carga reflexiva; a riesgo de no saber captar la totalidad de lo que los autores han querido reflejar en ella y dejando muchos debates en el tintero, puedo afirmar con rotundidad que el eje vertebrador de "S. E. Lain" son los problemas que pueden surgir a raíz de un uso indebido o desmesurado de Internet. Una pérdida cada vez más acusada de nuestra propia identidad, que el yo de la Red acabe suplantando al yo de la realidad, hasta el punto de no saber qué es real y qué no, son solo unos ejemplos. Cuando se escribió esta historia Internet estaba despuntando y el miedo que surgió entonces aún es válido en la actualidad. ¿Quién no ha visto a gente caminando por la calle sin despegar la mirada de su teléfono móvil? ¿Quién no ha experimentado la sensación de que lo que decimos y hacemos a través de las redes sociales es distinto, aunque solo sea un poco, de lo que decimos y hacemos cara a cara? ¿Quién no se ha "despertado" alguna vez en una página o perfil de Facebook sin ni siquiera saber cómo ha llegado hasta ahí? ¿Quién no se ha sentido algo excluido por no pertenecer a un grupo determinado? En "Lain", la protagonista se va introduciendo poco a poco en el mundo de la red hasta quedar atrapada en él, sin saber muy bien quién es realmente, ni si realmente existe ella como entidad física en la realidad. Tiene miedo de que la identidad de la red acabe adueñándose de su teórico yo verdadero, el real (y todo esto antes de darse cuenta de que nunca fue otra cosa que un software).

Finalmente, quiero comentar lo apropiada que es la estética que Nakamura escoge para trazar la historia. La animación combina con gran maestría la simpleza y la complejidad. Hay escenas donde el dibujo es muy sobrio, con personajes apenas esbozados y de color gris, que simbolizan cuán desconectada está Lain de lo que ocurre a su alrededor, y otras mucho más detalladas y que coinciden con esos pasajes donde ella está más consciente. Hay que destacar, en este sentido, la habilidad para generar claroscuros y teñir los escenarios de una ambientación malsana, como las tonalidades rojizas de las sombras de los cables de tensión o la pobre iluminación del cuarto de Lain. Por otro lado, la música no es uno de los fuertes de "S. E. Lain"; Nakamura apuesta por los silencios y el sonido ambiente, elección más que adecuada para la historia que nos cuenta. Además, el opening y el ending encajan perfectamente con la historia.


En conclusión, una serie con un gran potencial temático, que aborda muchísimos temas que se prestan a grandes reflexiones. Hay ideas muy interesantes, pero en muchas ocasiones las escenas por las que opta Nakamura para desarrollarlas son excesivamente confusas y eso provoca que no acabes de entenderlo todo. Sin embargo, es una serie que recomiendo a todo aquel que quiera estrujarse las neuronas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario