martes, 7 de enero de 2014

[Crítica serie]: "Dexter" 3ª temporada

Dexter se echa un amigo
Y "Dexter" continúa cayendo en picado. Después de una segunda temporada inferior a la primera, pero bastante solvente, hay pocas cosas que salven esto. Digamos que casi todo falla en esta tercera temporada, pero gracias a Dexter (Michael C. Hall) y sus devaneos morales, acaba consiguiendo el aprobado justillo. En esta ocasión, Dexter, en una de sus salidas nocturnas, decide acabar con la vida de Freebo (Mike Erwin), un peligroso asesino y narcotraficante que se salvó de su condena por asesinato. Dexter se infiltra en su casa y, para sorpresa suya, contempla como alguien ya está atacando a Freebo. Freebo consigue huir y el atacante, al percatarse de la presencia de Dexter, decide acabar con él. Tras un rato forcejeando, Dexter, en defensa propia, lo mata. Al día siguiente le asignan el caso y descubre que ha asesinado al hermano de un poderoso fiscal de Miami, Miguel Prado (Jimmy Stars). Dexter conoce a Miguel y se hacen amigos. Por primera vez en su vida, Dexter explora la posibilidad de tener un amigo íntimo con el que compartir sus secretos, con todas las complicaciones que puedan derivarse de ello. A la vez, aparece un nuevo asesino en Miami y que se dedica a desollar a todos aquellos que conocían a Freebo.

En esta temporada, por decirlo suavemente, hay fallos argumentales a puñados. Todo lo que envuelve la investigación del Desollador es harto estúpido. Desde el primer momento en que saben su verdadera identidad y obtienen toda su información, lo más lógico es que hubiesen registrado todas sus propiedades. Eso para empezar. En lugar de eso, las van descubriendo a medida que los giros del guion lo necesitan. Un ejemplo es el aserradero del final; no te crees que sea en el último capítulo cuando caigan en la cuenta que es ahí donde puede ser que se encuentre el Desollador haciendo de las suyas. Otro ejemplo de cuán estúpido es todo: después de rescatar a Antón (David Ramsey) de las garras del Desollador, en lugar de registrar todo el perímetro y, de ese modo, darse cuenta que a la vuelta de la esquina hay una cabina telefónica y que puede que el Desollador haya estado usándola, pasan del tema. Y no es hasta un capítulo más tarde y que Antón comenta que el Desollador le robó la calderilla que llevaba en el bolsillo que no se dan cuenta de que deben hacer un registro de las llamadas de la cabina. Y así continuamente. Y, como guinda del pastel, una vez muerto el Desollador (Dexter, sin que nadie lo vea, lanza el cadáver de un entarimado y en la caída, un coche de policía lo atropella) ya nadie investiga las circunstancias de su muerte y dan por hecho que se ha suicidado y punto. Lo resuelven con una frase ingeniosa y a otra cosa.

Y luego está la trama de Miguel Prado, que no tiene desperdicio. Hay incoherencias a punta pala. Eso sin contar que resulta harto inverosímil que, conociendo lo que hace Dexter, continúe interesándose por él de esa forma. Y que cuando se enemistan, no extorsione a Dexter amenazando con que lo contará todo a sus conocidos. ¿Por qué Miguel no hace eso y así tener collado a Dexter? Un auténtico misterio. Y más sabiendo que Dexter ya se había visto involucrado en la investigación del Carnicero de la Bahía en la temporada anterior y que, si volviesen a haber rumores de que Dexter es un asesino, todas las miradas se posarían en él. En lugar de eso, le amenaza con cosas que realmente no pueden afectarle directamente. Dejando a un lado este tipo de incoherencias, como os iba diciendo, la trama de Miguel tiene más agujeros que un colador y sería imposible recogerlos todos. Así que os comento solo tres:

- Una vez LaGuerta (Lauren Vélez) se da cuenta de que Miguel Prado podría ser el asesino y se lo confiesa a Dexter, ¿cómo es que LaGuerta no sospecha de Dexter cuando aparece Miguel muerto? Solo ellos dos sabían que era un asesino y, vaya usted por donde, al día siguiente de tener la charla, muere. Y encima todo el mundo se traga que ha sido el Desollador, un tipo que hasta el momento solo había matado a prostitutas y a narcotraficantes de poca monta.

- Cuando Miguel y Dexter empiezan con el juego sucio, ¿cómo es que la criada de Miguel deja que Dexter entre en el despacho de Miguel y hurgue en él como si nada? ¿Cómo es que la señora de la limpieza del hotel donde se aloja Miguel deja que un tío cualquiera entre en una habitación de hotel sin estar segura de que sea el ocupante de la misma?

- ¿Por qué Miguel mata a la abogada si todo el mundo sabía que se llevaban tan mal? ¿Por qué precisamente después de varias escenas donde se demuestra que Miguel la odia?

Y luego están otros fallos más pequeños, como que LaGuerta, como está dolida por lo de Ellen y Miguel, en el último capítulo le dé la placa a Deb (Jennifer Carpenter), ojo, porque ésta dice que antepone su vida personal al trabajo. Ves tú a cualquier reunión con tu jefe y suéltale eso, a ver qué te dice. O la trama de la Yuki Amano, que no es más que relleno puro y duro. Parece como que los guionistas se dieron cuenta de que estorbaba y la eliminaron de un plumazo. Vieron que hacer de Quinn un personaje turbio no llevaba a ninguna parte

Y luego está el eterno problema de los secundarios, que ya viene siendo marca de la casa. Los secundarios continúan hastiándome hasta llegar a extremos insospechados y no entiendo como no le ponen solución ya. No soporto a Batista; me cae gordo, con su supuesta bonachonería, profesionalidad y romanticismo de párvulos y su relación empalagosa con la de antivicio. Tampoco trago a LaGuerta, por tonta del bote y por lo repelente que es su amistad con la abogada. Ni a Ramon Prado, por ser tan arquetípico que asombra, siempre enfadado e impulsivo, ni Silvia, la mujer de Miguel, porque sus intervenciones siempre son para vendernos los beneficios y milagros del matrimonio. Tampoco te tragas a Amano, personaje superfluo como pocos y que no añade absolutamente nada. Ni Rita, la pelmaza número uno de la serie. Parece que todo lo que hace y dice sea puro e inocente hasta un extremo que repele. De aquí solo se salvan Dexter, que continúa dándole vida a una serie sin rumbo, y Deb, que me cae genial. Y, sorpresa, me gustan Quinn (Desmond Harrington) y Harry (James Remar), aunque este último siempre aparezca en un formato un tanto dudoso. ¿Es que Dexter está loco de atar? ¿Será esto relevante o no?

Dejando un lado todos estos puntos negativos, la serie aprueba gracias a Dexter y sus devaneos morales. El narrador en off continúa siendo un gran acierto y supone un soplo de aire fresco entre tanta trama secundaria prescindible. En esta ocasión, Dexter vuelve a explorar sus límites. Si en la segunda temporada comprendía que tenía un oscuro pasajero dentro de sí y buscaba la aceptación en Lila, en ésta va más allá y explora la posibilidad de compartir con alguien su manera de ser, es decir, tener un amigo íntimo con el que poder ser él mismo sin subterfugios. Como no, la cosa sale mal y es interesante ver cómo descubrirle a Miguel su naturaleza desencadena la corrupción del otro.

En conclusión, una temporada muy floja, cuajada de incoherencias y giros de guion imposibles y con un elenco de secundarios aborrecibles. Solo se salva Dexter, como viene siendo habitual, y es él el que hace que la serie no suspenda.

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