domingo, 19 de enero de 2014

[Crítica libro]: "La sangre de los elfos" de Andrzej Sapkowski

Él te mete de patadas en las asentaderas
y acabas volando por encima de los
tejados de esta villa, tan hermoso que
más de uno te ha de tomar por pegaso
No, no voy a daros la lata otra vez diciéndoos cuan increíble es Andrzej Sapkowski escribiendo y que ojalá algún día escriba tan bien como él. De eso ya os hablé en las dos críticas anteriores. En este tercer volumen de la saga de Geralt de Rivia quiero hablaros de la trama, porque sí, Geralt de Rivia deja atrás el formato de relato corto concatenado y salta a la narración lineal. Ya en la entrega anterior, de la que podéis leer la reseña aquí, empezaba a vislumbrarse de qué iba a ir la historia. La primera vez que lo leí me decepcionó. El esquema de las dos primeras entregas me gustaba y el cambio me desagradó. Lo dejé. Pero en esta relectura me he dado cuenta de cuan equivocado estaba. "La sangre de los elfos" es una excelentísima continuación de la saga.

Después de que Ciri y Geralt vuelvan a encontrarse gracias a las fuerzas del destino, Geralt decide llevársela a Kaer Morhen, el castillo donde antaño se formaban los brujos y que ahora no es más que un lugar en ruinas ocupado por los últimos brujos que quedan. Allí la entrenarán para el mundo, un mundo hostil que parece que está a un paso de otra guerra. Nilfgaard tuvo que retirarse al perder la batalla de Sodden y los reyes por encima del Yaruga no paran de conspirar. A la vez, mientras Ciri está entrenándose en Kaer Morhen, aparece un misterioso hechicero buscándola, extorsionando y asesinando a todo aquel que sepa algo de ella. La historia que nos plantea Sapkowski en "La sangre de los elfos" empieza a perfilarse como complejísima; hay conflictos por doquier entre reyes, elfos y otros seres no humanos, hay muchos intereses puestos en Ciri y hay un buen número de personajes que quieren echarle el guante y de los que prácticamente no conocemos nada. También hay profecías y fuerzas ocultas que giran alrededor de Ciri y el fin del mundo y que ni siquiera somos capaces de atisbar, y todo eso sin olvidarse de pintar un mundo y unas culturas más ricas si cabe de lo que ya veníamos viendo. Además, Sapkowski vuelve a demostrar que sabe generar escenas muy potentes y emocionantes haciendo uso de una buena combinación del diálogo (y de los distintos dialectos) y la acción. Es tal su dominio de esos dos aspectos, que la lectura se vuelve rapidísima y el ritmo se vuelve trepidante. En este volumen hay escenas muy potentes, como cuando Geralt y los demás miembros de la partida de Yarpen Zigrin se enfrentan contra los Scoia'tael, cuando Geralt se enfrenta a los hermanos Michelet y a Rience, la conversación que mantiene Jaskier con Dijkstra y Filippa, la reflexión de Geralt sobre los monstruos cuando va de viaje en barca, ver cómo Yennefer y Ciri estrechan sus lazos en el santuario de Nenneke o la conversación que mantienen los cinco reyes para decidir qué hacen con Nilfgaard y Ciri. Todas ellas son capaces de generar grandes niveles de tensión e interés. Y eso sin olvidar el humor marca de la casa; los diálogos siempre dejan margen a introducir el humor, ya sea aprovechándose del analfabetismo y la rudeza del pueblo o del ingenio poético de Jaskier, y rebajar en ocasiones la carga dramática.

Además, Sapkowski sabe cómo imbuir los temas que quiere tratar sin que estos resulten forzados. Un buen ejemplo es como usa el asunto de los Scoia'tael y el conflicto ancestral entre elfos y humanos para hablarnos de las guerras fratricidas, de las espirales autodestructivas que acaban afectando en última instancia a los inocentes. En este caso los no humanos tienen que enfrentarse entre sí por culpa del conflicto que han desatado los reyes, un conflicto que a todas luces les es ajeno pero que les empuja a escoger un bando y morir por él. Muestra a la perfección que en el fondo no hay un bando mejor que otro y que tomar partido por uno o por otro significa entrar en la espiral de odio. Sapkowski también habla del concepto de neutralidad, en boca de Geralt, y de lo difícil que es mantenerse al margen de todo.

Y luego están los personajes. Continúan siendo igual de profundos que en los relatos; Geralt continúa siendo duro por fuera y tierno por dentro, complejo y lleno de reflexiones interesantes ("un simplón buenazo y sincero" como dice Jaskier de él); Ciri está creciendo, ha dejado de ser una niña para convertirse en una adolescente, con todos los cambios que eso implica; Yennefer empieza a encariñarse de la niña y a verla como la hija que nunca tuvo; y luego está el gracioso de Jaskier, con su manera cómica de contar cosas.

Como apunte final sobre "La sangre de los elfos", es curioso ver cómo Sapkowski no acaba de desprenderse del esquema de relatos cortos; cada capítulo tiene un inicio, un nudo y un desenlace. Si no estuvieran conectados por determinados hechos de la trama, pudiera parecer que se trata de una extensión del sistema por el que optó en las anteriores entregas. Entre capítulo y capítulo suele haber un salto temporal más o menos considerable, como entre el tercero y el cuarto, por poner un ejemplo; da la sensación de que escoge solo aquellos momentos donde verdaderamente ocurren hechos realmente trascendentales, tanto para la evolución de la historia como para la evolución interna de los personajes, y deshecha cualquier transición que pudiera no aportar nada a la historia. Una opción que sin duda va como anillo al dedo a la historia que nos está contando.

En definitiva, estamos ante uno de los mejores libros de la saga. Sapkowski está a la altura del cambio que supone pasar de los relatos cortos a la trama lineal y lo hace ofreciendo todo aquello que lo hace un gran escritor. Personajes profundos, escenas muy conseguidas, un dominio perfecto de la acción y los diálogos y una gran habilidad para generar tensión. Muy recomendable.

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