martes, 10 de diciembre de 2013

[Crítica serie]: "Beck: Mongolian Chop Squad" de VV. AA.

La música indie te convierte en un tipo
auténtico por el solo hecho de escucharla
Hace tiempo que abandoné cualquier reto, ya sea de libros o de mangas, y el de ver animación japonesa también. Sin embargo, continúo buscando animes que hagan reencontrarme con mis raíces otaku. Es cierto que "Paranoia Agent", que reseñé aquí, fue una joya digna de figurar en mi top 10, pero llevo viendo varias desde entonces y no he encontrado ninguna que me satisfaga. "Mirai Nikki" era mala a rabiar (reseñada aquí) y "Ataque a los titanes" y "Darker than Black", las dos que estoy viendo ahora, no están muy para allá. Entretanto, para ahogar las penas después de lo de "Mirai Nikki", empecé a ver "Beck: Mongolian Chop Squad", una serie que siempre había tenido pendiente y de la cual solo conocía su bonito opening. ¿Fue "Beck" la serie que tanto ansiaba? No, y por varios motivos.

La historia trata de Koyuki, un adolescente de instituto que no sabe muy bien qué hacer con su vida. Lleva una vida rutinaria, del colegio a casa y viceversa, y poco más. Un buen día vuelve a encontrarse con una amiga de la infancia, queda con ella y sus amigos y ésta le enseña el mundo de la música indie y underground. Por otro lado, conocerá a Ryuusuke, un joven guitarrista que le hará interesarse por la guitarra y, como es muy carismático, Koyuki querrá aprender a tocarla para entrar en el grupo de Ryuusuke, Beck. Además, conocerá a la hermana de Ryuusuke, Maho, con la que empezará una estrecha relación. A nivel argumental, a veces se nota demasiado que es una adaptación de solo 24 capítulos de una serie manga de 34 tomos. Hay momentos que pasan excesivamente rápido y no están tan trabajados como debieran, sobre todo durante el desenlace, donde hubiese sido preferible un mayor desarrollo de la tan ansiada gira por Estados Unidos, que apenas transcurre en los últimos diez minutos del último capítulo. Es cierto que el modo de presentarlo es original, con el tema de las diapositivas y con Koyuki y Maho comentándolas, pero la gira bien se merecería por sí sola como mínimo tres capítulos (o más). Es entonces cuando empiezas a reflexionar y a decirte que quizás la serie no debería haberse alargado tanto con las tramas de instituto anodinas y plagadas de clichés (por favor, estoy cansadísimo de ver a gamberros extorsionando a alumnos tímidos); que no deberían haber tardado tanto en enseñarnos al protagonista interesándose por tocar la guitarra; que no llevaba a ningún lado gastar minutos con tramas románticas irrelevantes, como la de su antigua amiga de la infancia, que no sabes muy bien qué pinta en la historia; o que no se hubiesen liado con la trama criminal de Leon Sykes, que le resta realismo a la historia y ofrece momentos bochornosos, como el del helicóptero. Pese a ello, "Beck" tiene buenos momentos y hace que veas un capítulo y sigas interesándote en saber qué ocurrirá en el siguiente. El festival Greatful Song está realmente bien, sobre todo cuando el grupo se disgrega antes de la actuación, y Koyuki sale solo a cantar para salvar el grupo y no defraudar a la audiencia y luego vemos como los demás van llegando uno a uno, para sumarse al grupo. El festival está tan bien porque los personajes ganan en profundidad, quizás demasiado tarde, pero la ganan. Por otro lado, la relación entre Koyuki y Maho se aleja de los clichés del shojo y, pese a sus altibajos, avanza de una forma más o menos realista y es de agradecer. Se besan, acto al que parecen alérgicos los guionistas de muchos shonnens, y tienen momentos románticos agradables.

Después están los personajes. Aquí la serie sale ganando, aunque no todos ellos estén tan perfilados como debieran. Koyuki cae bien y su evolución está muy trabajada; los tempos están bien marcados. El protagonista tarda, quizás demasiado, en animarse con el tema de la guitarra y le lleva un tiempo aprender a tocarla, a meterse en el grupo de Beck y a mejorar paulatinamente hasta ponerse al nivel de los demás. Al final, después de tanto esfuerzo, consigue tirar del grupo. Pasa de ser un chico indeciso que no sabe muy bien cuál es su lugar, ni qué le gusta ni qué quiere hacer con su vida, a tipo que sabe lo que quiere, que es capaz de enfrentarse a los reveses típicos de cualquier persecución de sueños; en definitiva, tienes la sensación de que la progresión de Koyuki no se da de golpe. También Maho tiene carisma y Saku cae bien, pero son los demás los que pecan de poco trabajados, como Taira o el oponente de Ryuusuke, que acaba quedándose en nada. Además, algo que me fastidia y mucho de las series de grupos de personajes es cuando no todos interactúan entre sí. Sé que en los grupos de amigos siempre hay alguno con el que no te hablas mucho, pero en una serie valoras el hecho de que todos mantengan un mínimo de relación con los demás. Es de esperar que uno se lleve mejor con otro que es más afín a él, como es el caso de la relación de amistad que se forja entre Koyuki y Saku, pero también esperarías que, como mínimo, se relacionasen con los demás un poco más. Koyuki pasa tiempo con Ryuusuke y con Chiba, pero apenas habla con Taira. Y Saku, más o menos igual.

Pese a los múltiples fallos que acusa la serie, aporta reflexiones interesantes, como cuando tratan el tema de lo importante que es ser uno mismo, por diferente que seas, y que tus gustos no se aproximen a los de la mayoría no quiere decir que seas un bicho raro y que tengas que sentirte culpable por ello. O de perseverar en tus objetivos, a no rendirte nunca y no dejarte amedrentar por aquellos que te pondrán palos en las ruedas. Sin embargo, en este plano no todo es positivo. Me irritó el ambiente pedante que se respira a lo largo de toda la serie; a veces piensas qué tiene de especial mostrarnos a un japonés hablando inglés en plan guay con su familia y si eso aporta algo a la serie, porque la verdad es que poco o nada. Y luego están las referencias musicales, que dan a entender que el mundo de la música indie es mejor y más guay que cualquier otro estilo musical. Estoy de acuerdo en que es un estilo que me satisface, pero no hace falta denostar otros géneros. Enlazando con la BSO, hay temas bastante buenos (la versión original de los temas, no los interpretados por los actores de doblaje, que son flojillos), como "Hit in the USA" de los Beat Crusaders (el tema de apertura de la serie) o "Brainstorm" de Justin Cook.


Y por último, y no por ello menos importante, hay que hablar de la animación. Es ramplona y, lo peor de todo, con unos altibajos de órdago. Puedes encontrarte un capítulo con movimientos fluidos y formas bien pulidas, sin ningún alarde de genialidad, y luego otros nefastos donde parece que los haya dibujado un novato. En ocasiones son tan acusados que te desconectan de la historia. A continuación os dejo la comparativa para que veáis a qué me refiero.

Dibujo hecho por niño de primaria aventajado
Dibujo hecho por manganka normalito

Pese al número elevado de puntos negativos que he señalado, es una serie que tiene la capacidad de mantenerte lo suficientemente enganchado como para que quieras continuar viéndola. Es cierto que hay problemas de trama que la denostan, o que hay personajes poco trabajados o que la animación sea de una calidad preocupante en algunos de sus capítulos, pero aporta reflexiones más que interesantes, Koyuki, Maho y Saku caen bien, la música no está mal y tiene algunos momentos remarcables. 

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