lunes, 25 de noviembre de 2013

[Crítica serie]: "Dexter" 2ª temporada

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Por todos es sabida mi aversión por las segundas temporadas. Guionistas faltos de ideas, trabajos poco esmerados para ir tirando del éxito cosechado en la primera temporada o personajes que solo despiertan hastío suelen ser males endémicos de éstas. La primera temporada de "Dexter" (que reseñé aquí) me dejaba el regusto típico de una serie notable y que podía llegar a más si se mantenía en la línea. Durante unas semanas he estado viendo la segunda temporada y solo tengo una cosa que decir: hay bajón, pero solo un peldaño por debajo de la primera.

En esta temporada Dexter (Michael C. Hall) está pasando por una crisis existencial después de haber asesinado a su hermano. Además, Rita (Julie Benz) sospecha que Dexter tuvo algo que ver con el encarcelamiento de su exmarido y lo único que se le ocurre a Dexter como excusa para no revelarle la verdad es decir que se droga; Rita le obliga a ir a terapia y ahí es donde conocerá a la tempestuosa Lila (Jaime Murray), que intentará ayudarle a superar su crisis y a conocerse mejor. Para añadir leña al fuego, se descubren los cadáveres que Dexter ha ido tirando al mar durante años y el FBI envía al agente especial Lundy (Keith Carradine) para que se encargue del caso. La trama policial es la que tiene más gancho y está realmente bien como el cerco se va estrechando cada vez más, aunque a veces sean a través de detalles cogidos con pinzas, como cuando Lundy descifra que el Carnicero de la Bahía (el mote que le han puesto a Dexter) es un agente de policía con solo analizar un texto. Pero es cierto que es el lugar donde más momentos emocionantes se registran, como cuando Lundy y los demás encuentran la caja con las muestras de sangre y Dexter está a punto de confesar que es él sin saber que se la han cogido a Doakes (Erik King). O cuando inculpan al pobre Doakes a raíz de ello. Hay momentos donde la tensión es elevada y aunque sabes que aún quedan como seis temporadas por delante y que es imposible que atrapen al protagonista, consiguen transmitir la sensación de que como se descuide, lo pillan. Sin embargo, las demás tramas están plagadas de altibajos; lo más destacable de ellas, tal y como ocurría en la primera temporada, es Dexter. Es una serie que vive de él y es gracias a él que todo es más interesante. Sus monólogos interiores, sus dilemas morales y su evolución psicológica hacen que determinadas tramas tiren adelante y que te mantengan enganchado. La parte de Lila se vuelve repetitiva y excesiva en su último capítulo, cuando se convierte en una especie de psicópata; no me interesa en absoluto la trama de la jefa de policía incompetente y la mini conspiración que se monta LaGuerta (Lauren Vélez) con el novio de la primera; me aborrecen los devaneos de Rita con su madre y lo pesada que se pone con Dexter. O el rollete entre Lundy y Debra, que solo hace que restar importancia a lo que podría haber sido un gran antagonista para Dexter y que se queda en nada. Esta temporada transmite uno de los males que intuía en la primera: que tarde o temprano Dexter no podrá soportar el peso de la falta de imaginación de los guionistas. Además, la solución por la que optan para cerrar la temporada es harto sencilla. En el penúltimo capítulo Dexter está en apuros. Lila y Doakes, los únicos conocedores del verdadero yo de Dexter y por ende enemigos potenciales, parece que pueden complicarle la vida. Por primera vez, Dexter deberá plantearse el tener que asesinar a dos personas inocentes. Pero como los guionistas y el director no están preparados para plantear el dilema, optan por la solución más sencilla: que Lila asesine a Doakes y de esta manera Dexter tenga vía libre para matar a Lila sin tener que afrontar el dilema de asesinar a un inocente.

Como ya he comentado, el punto fuerte de la serie es la caracterización de Dexter. En esta temporada se da cuenta de que cuando el código no funciona o no ofrece solución a algunos de los atolladeros en los que se ha metido, se siente vacío, sin saber dónde agarrarse ni a qué atenerse, porque su identidad no es más que un fruto del código de Harry. En más de una ocasión siente el peso de tener que ocultar quién es y vive torturado por el hecho de no poder expresarlo a los demás, una vida que depende exclusivamente del código. Pero al final se da cuenta de que debe ocultarlo si quiere proteger a los que le rodean, si no quiere causar daño a los demás. Y al final de la temporada, cuando se libera definitivamente del influjo de Lila, sabe que su fachada está ahí para proteger a los demás de cómo es él en realidad. Dexter resurge de sus cenizas comprendiendo que no debe atenerse a lo que Harry le había programado. Que él es dueño de sí mismo y que no debe vivir supeditado al modo de vida que otro le ha impuesto. Algo que sin duda se presta a la reflexión.

En definitiva, una temporada un peldaño por debajo de lo visto en la primera, aunque no es el descalabro que esperaba. Pese a que no todas las tramas están tan bien definidas como la policial, todas se aguantan gracias al grandioso personaje que es Dexter y hace que esta segunda temporada sea entretenida.

2 comentarios:

  1. Me gusto tu reseña, he terminado de ver la segunda temporada demasiado rápido, a mi parecer empezó un poco floja pero me gusto como se fue desarrollando, el hecho de que Lila haya aparecido permitió que Dexter cuestionara todo lo que su padre le había enseñado, me gusto el dilema existencial por el cual atravesó, espero que siga mejorando aunque he visto algunas críticas malas sobre el desenlace

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  2. Buenas Liliana,

    Sin lugar a dudas lo mejor de todo es el dilema existencial de Dexter, aunque esté algo alargado. Uno de los puntos fuertes de la serie, porque mira que tiene otros que por si solos la hundirían, es Dexter y sus reflexiones.

    A mí la tercera me decepcionó mucho, está claramente por debajo de ésta, y la cuarta es mejor, pero menos que ésta y la primera. Y he oído que las que vienen luego no son mucho mejores.

    Cuando veas la tercera, me dices qué tal.

    ¡Un saludo y gracias por comentar!

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