domingo, 29 de septiembre de 2013

[Crítica película]: "Al borde del abismo" de Asger Leth

Si solo con ver la carátula ya tiene pinta
de peli de serie B
Tengo comprobado que si Antena 3, o cualquier otra cadena, pasa por televisión alguna película que fue estrenada hace poco en el cine es porque no vale ni un pimiento. Hace poco vi “Al borde del abismo”, película que se estrenó a mediados o finales del año pasado, y pude comprobarlo en mis propias carnes. Es mala y hay gran cantidad de puntos que me permiten demostrarlo. Para empezar, es un thriller demasiado rutinario, que sigue los esquemas manidos de cualquier película de acción con toques de supuesto suspense. Lo único destacable son los primeros cinco minutos, cuando vemos cómo Worthington pide una habitación de hotel y después de desayunar, abre la ventana y sale a la cornisa. A partir de aquí solo vemos despropósito tras despropósito. Como podemos imaginar, las apariencias engañan. Él no está ahí porque quiera suicidarse. Para nada. Todo es parte de un plan maestro para desviar la atención de un robo que va a perpetrar su hermano y su novia en el edificio de al lado; pero no es un robo cualquiera. Van a robar un gran diamante que el malo malísimo, Ed Harris, dueño del edificio y propietario de una joyería, hizo ver en el pasado que se lo había robado Worthington, con el objetivo de cobrar el dinero de un seguro y salvarse de la bancarrota. Y por culpa de eso encerraron al protagonista en la cárcel. ¿Qué cómo ha conseguido escapar Worthington de la cárcel? A través de un flashback inútil a los cinco minutos de película, vemos cómo aprovecha un permiso de un día para visitar la tumba de su recién fallecido padre. Con la ayuda de su hermano, huye de la policía y prepara todo el plan del hotel. ¿Tiene sentido? Lo tendría si todo fuera más verosímil. No tiene ni pies ni cabeza que Worthington escoja el hotel de al lado del edificio del malo; lejos de desviar la atención del robo, lo que provoca es que centren la búsqueda ahí en cuanto los medios, los policías y el personaje de Ed Harris se enteran de su identidad de ex convicto. Quizás pensara que nadie le reconocería. 

La película busca desesperadamente dar giros increíbles que solo hacen que complicar una historia que no te crees. El personaje de Mackie no pinta nada; solo está ahí para hacernos dudar sobre si es malo o bueno i es muy previsible que acabe sacrificándose para redimirse. Tampoco es creíble la conspiración de policías corruptos que se sacan hacia el final y que a Ed Harris, frente a un posible robo, lo único que se le ocurra sea sacar el diamante de la caja fuerte -que los protagonistas desconocían que existía- y ponérselo en el bolsillo para que se lo quiten a las primeras de cambio. Cómo Worthington salta de la cornisa, aterriza en la colchoneta y, como si nada, alcanza a Harris huyendo por la puerta principal es de chiste. Luego, cómo la presentadora y todo el que está escuchando atan cabos y ven que el protagonista es inocente es inverosímil, como si todo el mundo supiese y entendiese la motivación del protagonista y las consecuencias de todo el tinglado. Por otro lado, el humor no está bien llevado. Las bromas y las conversaciones de pareja que mantienen el hermano y su novia mientras se infiltran en el edificio no encajan. El tono de la cinta es serio y la operación que están llevando a cabo es de todo menos sencilla, pero siempre encuentran el momento para soltar alguna broma trillada sobre sexo. Tampoco convence el final romántico entre Worthington y Banks, la negociadora, ni la propuesta de matrimonio de Bell a su novia Rodríguez. Solo hace que edulcorar un final demasiado facilón.

Después está el hecho de que los personajes son planísimos y muchos son prescindibles. En el primer grupo tenemos a Worthington, que pone la misma cara tanto en los momentos relajados como en los tensos, a Banks como florero que se limita a ir de aquí para allá haciendo ver que investiga, o Harris, el arquetipo del malo malísimo que hace las cosas porque es muy malo y déspota. Y Bell y Rodríguez añaden la nota graciosa que no podía faltar. En el otro lado tenemos a Mackie, prescindible, a Burns, que no hace absolutamente nada en todo el metraje, o el botones-papá resucitado, demasiado anecdótico pese a ser tan importante. Y para acabar, destacar la intención fallida en darle algún tema de fondo, como el intento de denunciar a los medios de comunicación que solo buscan el morbo (y que estaba muchísimo mejor tratado en "Mad City" por poner un ejemplo) o lo corruptos que son los especuladores empresariales.

En conclusión, una película muy trillada que repite los mismos esquemas de cualquier película de acción y que se toma a sí misma demasiado en serio. No la recomiendo.

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