viernes, 16 de agosto de 2013

[Crítica libro]: "Estupor y temblores" de Amélie Nothomb

Amélie, ¡no consigo entenderte!
Los libros de Amélie Nothomb tienen una cualidad que me parece perfecta: son cortos. Son óptimos si los quieres leer en una o dos jornadas en la piscina, o mientras esperas en la estación del tren o tomas un vuelo (guiño a "Cosmética del enemigo"). Y eso es lo que he hecho yo esta vez. Suelo ser muy maniático con el cuidado de los libros; no me gusta llevármelos a la piscina o a la playa, por el riesgo que conlleva que se moje alguna página o que queden enterrados en la arena. Pero esto solo se circunscribe a MIS libros, de modo que eso no me impidió sacar el libro de la biblioteca, llevármelo a la piscina y mojarlo y jugar con él leérmelo en un par de días. Este es el libro número 23 del reto y aquí tenéis la sinopsis extraída de Goodreads:

"Esta novela de inspiración autobiográfica, que ha obtenido un enorme éxito en Francia, cuenta la historia de una joven belga que empieza a trabajar en Tokio en una gran compañía japonesa. Pero en el Japón actual, fuertemente jerarquizado, la joven tiene el lastre de un doble handicap: es occidental y mujer, lo cual la convertirá en blanco de una cascada de humillaciones y de una progresiva degradación laboral que la llevará a pasar de la contabilidad a servir cafés, ocuparse de la fotocopiadora y finalmente encargarse de la limpieza de los lavabos masculinos."

A diferencia de los otros dos libros que leí de Amélie, "Viaje de invierno" y "Cosmética del enemigo", en este he encontrado algo más que su esquema de enfrentar a personajes singulares a situaciones límite y luego contemplar sus extravagantes respuestas. Aquí hay momentos made in Amélie, como cuando se pasea desnuda por la oficina y se restriega contra el ordenador de su superiora, pero hay algo diferente de lo que os quiero hablar y que, en mi opinión, la hacen más rica que las otras dos que he leído. Y me refiero al crudo retrato de la sociedad japonesa. De cómo detrás de esa apariencia sumisa se esconde una sociedad represora de sus sentimientos, que todo se reduce a la jerarquía, que siempre hay alguien por encima de ti y otro por debajo, y que al que hay por encima de ti le debes una obediencia ciega y al que hay por debajo de ti la tortura. En mi opinión, usa a la perfección la metáfora de la empresa para retratar el día a día e incluso la vida del japonés y la japonesa medios. Y de cómo han sido siempre así, desde la época de los samuráis hasta la actualidad. Antes debían ofrecer su vida si hacía falta al emperador; ahora a sus superiores en el lugar de trabajo. Por otro lado, también vemos como detrás de esa relación jefe-empleado se esconde en cierto modo un punto de sadomasoquismo, perfectamente plasmado en el personaje de Amélie: por un lado odia a su superiora, pero en cierto modo la idolatra y la quiere, hasta el punto de justificar sus acciones o de continuar apreciándola pese a que la degrada y la veja continuamente. Asistimos, pues, a una espiral degradadora cada vez más acusada. Y los empleados, como ella, continúan impasibles. Cualquier acto que perjudique a la empresa, aunque sea ayudar a una compañera que lo necesita, es visto como un acto de traición a la misma. Y lo mismo ocurre si muestran cualquier deferencia ante un occidental. En este sentido, el libro ofrece una visión del Japón que de otro modo no veríamos. Apenas es insinuada en documentales  y reportajes que he visto de este país, y que se centran en la cara más visible y amable del mismo: el manga, su historia, sus estilos de vida, su gastronomía, su amplia dedicación al trabajo y su competitividad vista como algo positivo, entre otras. Y eso hace que gane muchos puntos.

Pero eso no quita que tenga ciertos defectos, comunes a los que ya encontrábamos en sus otras obras. Cuesta empatizar con un personaje tan excéntrico; si no fuera porque está inspirado en sus propias vivencias y que, por ende, es más o menos real, no me lo creería. Yo no aguantaría tantas vejaciones, broncas y humillaciones públicas. Y como yo no lo haría, me cuesta creer que el personaje aguante tanto y aún sienta algo por esos superiores que la maltratan. Como me ocurre en otras novelas suyas, no me siento identificado con los personajes, ni los comprendo, aunque esgriman sus lógicas distorsionadas pero perfectamente plausibles tan típicas de Amélie. Tampoco entiendo determinados actos, como ya me ocurría en "Viaje de invierno", como el que ya os comentaba de pasearse desnuda por la oficina cuando todos se han ido. Me cuesta imaginarme a mí mismo haciendo eso, aunque fuera un verdadero espectáculo visual, y no consigo entenderla. 

Por otro lado, me estoy dando cuenta de que sus novelas suelen ser bastante repetitivas y, aunque leeré más de ella, no aguantaría leer muchas de forma seguida. Su estilo no se parece al de nadie, pero acaba cayendo en una copia de sí misma. Aunque este apunte está cogido con alfileres: habrá que leer otras novelas para formarse una opinión más fundamentada.

En conclusión, estamos ante un buen libro. Lo recomiendo para todos aquellos que quieran conocer qué se esconde tras el ostracismo japonés y quieran rascar un poco en esa máscara que han creado. Y para echarse unas risas. Eso sí, adolece de los defectos que vengo comprobando desde hace un tiempo, como la construcción de personajes demasiado extravagantes o la presencia de hechos excesivamente rocambolescos.

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