sábado, 24 de agosto de 2013

[Big Moment]: "La huida hacia el Muro"

Los otros dos grandes Big Moments de los que hablé, "Spike vs. su pasado" y "El ángel exterminador", pertenecen al mundo del anime, del que tengo muy buenos recuerdos, como ya os comenté en su momento. Pero no solo ese formato me ha reportado grandes escenas que enmarcar y que siempre gusto de rememorar hablando con amigos y familiares. La literatura también es un lugar donde he encontrado escenas increíbles que ya me gustaría a mí plasmar en mis escritos. Pues bien, la escena de la que hoy os hablaré tiene que ver con el tercer libro de la saga de "Canción de hielo y fuego", "Tormenta de espadas". Así que si continuáis por aquí, ya sabéis qué pasará. Ojos cayendo por culpa de los spoilers y esas cosas.

Alguien que haya entrado alguna vez en mi blog habrá tenido la ocasión de apreciar que soy un fan acérrimo de la saga de Martin. Y bueno, a nadie se le escapa tampoco que "Tormenta de espadas" es el libro más intenso de los cinco que lleva escritos. No quiero entrar en la discusión de si los que ha escrito a posteriori son peores, porque no es así, más que nada porque pronto publicaré la reseña de "Danza de dragones" y hablaré largo y tendido sobre ese tema del que tanto se ha hablado. Hoy quiero centrarme en uno de sus grandes capítulos. Algunos esperaréis que hable de lo impactante que fue la Boda Roja o de cuando Tyrion acaba con su padre, o de la batalla en el Muro. O de la resurrección de Lady Catelyn en Lady Corazón de Piedra. O de otras tantas escenas memorables. Pero yo quiero centrarme en un capítulo que quizás no haya calado tan hondo y es aquel en que Samwell huye hacia el Muro después de que los Otros hagan una carnicería con la Guardia de la Noche en el Puño de los Primeros Hombres.

Pues mira que en mi mente Más Allá del Muro es aún más tétrico 

Después de un prólogo excelente donde asistimos a los tres toques de cuerno que anuncian la llegada de los Otros al campamento que han improvisado en el Puño, desde el punto de vista de Samwell vemos como los supervivientes de la masacre huyen en desbandada por las agrestes tierras de Más Allá del Muro para llegar a este antes de que los espectros los atrapen a ellos. Pues bien, Samwell, con lo patoso que es, es incapaz de mantener el ritmo de sus compañeros. Vemos como el frío puede con él, como la nieve acumulada dificulta su paso y como una espesa cortina de nieve y viento impide ver más allá de unos pasos al frente. Asistimos a una lucha interna, sobre si continuar para mantenerse con vida o rendirse y esperar a que los Otros le alcancen para matarlo y convertirlo en uno de los suyos. Asistimos a compañeros que se van quedando rezagados, como sus antorchas se apagan en cuanto pierden el ritmo. Sabemos que George R.R. Martin es capaz de matar a cualquier protagonista cuando y como quiera, así que sufres por Sam. Y eso no es todo, claro. Martin es un genio creando personajes normales, personas como tú o como yo, que en ocasiones límite son en los que más puedes confiar o de los que puedes esperar más, y no de los que se las dan de valientes o gallardos. Vemos como Paul El Pequeño se sacrifica cargando con Sam y luego cayendo en manos de un Otro y de como Grenn, uno de sus amigos, intenta enfrentarse a él y no puede. Pero llega el momento en que Sam debe hacer acopio de valor y enfrentarse. Y es ahí donde el cobarde y huidizo Sam, que nunca cree en sí mismo, mata a uno de los Otros, hazaña que nadie había conseguido hasta el momento. Y lo mata con el cuchillo de vidriagón que le dio su amigo Jon. Y todo aderezado a base de flashbacks que recuerdan como consiguió huir de El Puño y de cómo la mayor parte del grupo murió allí.

No hay nada que rascar chicos

Quizás esto sea excesivamente pretencioso y Martin no quisiera llegar tan lejos con la reflexión cuando lo escribió, pero siempre me inspira en que tenemos que dar el máximo, por muy difícil que sea la situación, y enfrentarnos a nuestros demonios internos. En el caso de Sam es relevante, pues el chico tiene la autoestima por los suelos, se cree un inútil. Y por un momento consigue sobreponerse y matar al Otro, aunque luego continúe igual que siempre creyéndose inferior a los demás. Pero en aquel momento, fue valiente. Y aunque no venga muy a cuento, he recordado una frase de André Maurois que salía en "Estupor y temblores" y que me gustaría compartir:

"No hables demasiado mal de ti mismo: podrían creerte"

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