miércoles, 20 de marzo de 2013

[Crítica libro]: "El perfeccionista en la cocina" de Julian Barnes

El título original habla de un pedante,
no de un perfeccionista. Pero bueno,
da igual
Y con "El perfeccionista en la cocina" llegamos al 6º libro del reto (ahora estoy con el 11º. Sí, me voy acercando lentamente). Este lo encontré por casualidad en la biblioteca de mi pueblo y me llamó la atención su sinopsis i porqué me identifiqué por completo con lo que se describía en ella. Dicho esto, estamos ante uno de los libros más livianos que he leído desde que empecé el reto. El libro de Julian Barnes se lee en un suspiro (sí, vuelvo a tirar de libros cortitos para ir avanzando) y ya lo recomendé como una buena opción para mitigar las horas perdidas de un domingo por la tarde. Además, si os va el rollo culinario o, como el protagonista, sois unos perfeccionistas en los fogones, os sentiréis plenamente identificados con lo que se nos cuenta. Ahí va la sinopsis de Anagrama:

"Julian Barnes, aficionado tardío a los fogones, cuenta en esta exquisita obra sus divertidas experiencias y aventuras entre sartenes y cazuelas. Quien haya cocinado alguna vez sabe que entre la receta que aparece en un libro de cocina y el plato que uno ha preparado se puede abrir un abismo: lo primero con que se topa el cocinero aficionado son, sobre todo, las dudas. ¿Cuán grande es una cebolla mediana? ¿Qué significa fuego medio? ¿Cuánto cabe en una pizca? Todo aquel para quien la cocina sea un hobby revivirá con este libro sus esforzados intentos, maldecirá los libros de cocina y sus ilustraciones a todo color, probará salsas y contemplará desolado un suflé despachurrado. Y repetirá agradecido la resignada consigna: esto no es un restaurante"

Antes de nada, cabe decir que estamos delante de un libro con un marcado carácter desenfadado. Qué quiero decir con eso? Qué es un libro hecho para entretener y arrancar de tanto en tanto alguna que otra risa y tenerte con una sonrisa permanente en la cara; en ningún momento busca ser un ensayo sobre el arte de cocinar o la narración de un personaje que se va labrando un camino en el mundo del tenedor y el cucharón. El autor nos ofrece retazos de su experiencia en la cocina e intenta esbozar las dificultades, tropiezos y demás situaciones a las cuales se enfrenta el primerizo. En mi caso, al sentirme especialmente identificado con todo lo que se cuenta, se me antojó especialmente divertido. De esta manera, Barnes nos va ofreciendo un retrato del perfeccionista, aquel ser que nunca acabará sintiéndose seguro en la cocina. Este personaje no puede desviarse ni un milímetro de la receta y necesita decenas de libros de cocina para sentirse seguro. En su mente no contempla la improvisación y nunca se embarcará en la innovación. Por otro lado, también es una guía útil que nos aportará consejos valiosos: no dejarnos llevar por cualquier libro de cocina por muy bonitas que sean las fotos que lo ilustran en su interior (el photoshop también ha hecho estragos en este sector), cómo proceder cuando vamos a comprar o no abordar aquellas recetas que, simplemente, son inalcanzables por lo disparatado de su naturaleza. Barnes también hace hincapié en que cocinar es un acto social. Todos cocinamos para alguien y ese es un componente muy importante. La cocina se convierte en un vehículo para socializarnos, para establecer y afianzar relaciones con aquellos seres más queridos (en tono jocoso comenta que sólo debemos "currarnos" la cena cuando el comensal sea alguien querido; sino, podemos tirar de lo primero que tengamos sin importar la calidad).

Barnes recorre su propia trayectoria culinaria, desde cuando empezó a cocinar al independizarse de casa hasta ahora. Empieza con el típico pollo a la plancha y la ensalada básica de todo universitario y acaba con la vichyssoise. Es especialmente gracioso cuando divaga sobre las unidades de medida como "una cucharada de" o "una cebolla mediana" por lo poco precisas que son; cuando habla de lo difícil que es entablar una conversación con el carnicero sin que este te acabe vendiendo lo que él quiere; de la obsesión enfermiza de cuestionar todas aquellas aportaciones externas que no están en la receta y que nos hacen nuestros familiares; de la nula capacidad para innovar; o de las modas que hay en el uso de un ingrediente u otro. Todo ello, como ya he comentado, aderezado con un fino humor, que si bien no te arrancará carcajadas, te tendrá con una sonrisa pegada en la cara. El autor habla de s´´i mismo en tercera persona y va intercalando su narración con listas y cuestionarios para saber qué clase de cocinero eres. Un ejemplo es este que os pongo a continuación:

"¿Cuántos libros de cocina tienes?
a) No los suficientes.
b) Sólo los necesarios.
c) Demasiados.
Si has respondido b) estás descalificado por mentir, por autosuficiente o porque no te interesa la comida o (lo que más miedo da) por haberlo hecho todo a la perfección. Ganas puntos por a) y también por c), pero para obtener el máximo de puntos tienes que haber contestado a) y c) en igual medida. a) Porque siempre hay algo nuevo que aprender, algo que aparece, lo aclara todo y lo hace más fácil, más infalible y auténtico; c) por los errores que se cometen cuando se aplica a)."


En conclusión: lo recomiendo para aquellos que quieran pasar un rato entretenidos y sonreír un rato. Sobre todo para aquellos que se identifiquen plenamente con el animal culinario que se nos retrata: el perfeccionista.

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