martes, 26 de abril de 2016

[Crítica libro]: "Fin" de David Monteagudo


Incertidumbre

¿Qué harías tú en una situación así?
Tenía pendiente desde hacía tiempo leer a David Monteagudo, pero lo que me echaba un poco para atrás era lo mal valorados que estaban sus libros en Goodreads. Y, ya sé que no tiene mucho que ver, pero la adaptación para la gran pantalla de “Fin”, su primera novela, fue masacrada a base de bien por público y crítica. El otro día rebuscando en la biblioteca di con el libro y me animé a leerlo. Y vaya si me ha gustado.

La historia de “Fin” gira alrededor de un grupo de nueve amigos que se reúne en un refugio de montaña para celebrar la promesa que se hicieron hace 25 años de volver a reunirse todos juntos, pese a que no estuvieran contacto y ya no se vieran, fuera cuales fueran las circunstancias de cada uno. Mientras están reunidos bien entrada la noche, un hecho inexplicable en el exterior será el detonante de la odisea que pronto les tocará vivir y que sacará a relucir viejas rencillas.

Hacía tiempo que leyendo una novela no estaba tan tenso y expectante por lo que pudiera ocurrir. Y es que Monteagudo es un diez midiendo los tiempos, generando incertidumbre y construyendo esa sensación de que no sabes de dónde va a venir el hachazo. Y eso, en una novela de suspense con tintes fantásticos, le va que ni de perlas. A todo esto hay que sumarle el enfoque por el que opta Monteagudo: un narrador aséptico y desprovisto de emociones, con el que disecciona el comportamiento de unos amigos que hace mucho tiempo que dejaron de serlo, y sin olvidar su apuesta de no contarnos nada que los personajes no expresen; de este modo todo son conjeturas, una manera deliciosa de que el lector se construya sus cábalas sin la presencia de recursos narrativos que lo expliquen todo artificiosamente.

Porque no es necesario que siempre sepamos el porqué de las cosas; de hecho el enfoque de Monteagudo es el más realista posible. En una situación así uno no sabría dónde agarrarse, ni el por qué ni el cómo de nada, tal y como les ocurre a los protagonistas. Además, lo que le interesa a Monteagudo es recrear cómo reaccionaríamos y cómo nos sentiríamos si de golpe y porrazo ocurriera algo como lo que ocurre en “Fin”. Cuáles serían nuestros pensamientos, nuestros actos y nuestras elucubraciones. La mayor parte de las críticas giran alrededor de que no hay explicaciones a los fenómenos sobrenaturales, que simplemente ocurren porque sí, y ese, en mi opinión, es uno de los aciertos del libro: que es real.

Lo único achacable es que la verdadera historia tarda un pelín en arrancar y los diálogos, sobretodo antes de cierto punto de inflexión, suenan a algo falsos. Pero nada que no os permita disfrutar de un relato absorbente y estimulante.

sábado, 16 de abril de 2016

[Crítica libro]: "Una zona de oscuridad" de V.S. Naipaul


Crónica de un viaje fracasado

¡Yo no voy a la India de los años 60!
Mucha gente cuando se va de viaje –y no hablo de irse dos semanas de vacaciones a Cancún, sino a instalarse en otra parte de forma más o menos estable o, al menos, con la intención de hacerlo- piensa que encontrará un lugar que le acogerá como no le ha acogido el suyo, o piensa que allí estará mejor, que congeniará al 100% con la cultura, sus gentes, sus mentalidades y un largo etcétera. Hay programas como Españoles por el Mundo que fomentan esa visión: porque solo te enseñan lo bueno, o minimizan lo malo. O te enseñan casos que han prosperado, y a veces olvidamos que esas cosas no son siempre así. Ojo, no digo que eso no vayan a ocurrir; claro que ocurren y solo experimentando se conoce el resultado de las cosas. Pero a veces quedan ocultas esas historias negativas, esos viajes que no supusieron ninguna catarsis positiva. En definitiva, esos viajes fracasados.

Y Naipaul en "Una zona de oscuridad", con una honestidad sin parangón, nos narra su viaje frustrado a la India. Escudriña y analiza concienzudamente la mentalidad india, su cultura, su historia, todo en definitiva, y analizando aquello que le molesta y le irrita se descubre a sí mismo. Naipaul se siente excluido en Trinidad; nació allí, pero siempre sintió como que había una barrera entre su familia hindú y los demás trinitenses. Se trasladó a Inglaterra, buscando un sitio dónde sentirse más arraigado, pero tampoco lo encontró; así fue como le vino la idea de que iría a la India, alumbraría esa zona de oscuridad que era para él ese país tan lejano, que encontraría sus raíces. El lugar dónde finalmente se sentiría unido a algo. Pero, desgraciadamente, esto no fue así. De hecho, acabó algo asqueado, con un sentimiento mezcla de humillación, desasosiego e ira, enfadado de ese sentimiento de negación y pasividad de la India de los años sesenta. De esa mentalidad medieval continuista capaz de ignorar lo obvio, capaces de cagar colectivamente en medio de la calle para luego negarlo mientras a su lado alguien lo practica sin esconderse. Descubre que los indios son serviciales, obtusos, capaces de tolerar humillaciones y practicarlas con los demás por motivos tan arraigados como la casta.

A nivel puramente literario, la novela es algo irregular en cuanto al ritmo narrativo. Hay capítulos que más que una experiencia de viaje son ensayos que rompen la fluidez de otros capítulos que se centran en las experiencias del propio Naipaul, pero narradas como si de una novela de ficción se tratara; es ahí donde la novela gana en fluidez y es donde lo que quiere enseñarnos Naipaul le entra mejor al lector y es expuesto con mucha más eficacia, a diferencia de los ensayos, que pueden acabar siendo algo espesos. Sin embargo no son ni mucho menos desdeñables, porque uno nota que Naipaul es un maestro expresando sus teorías sobre cómo es la India y sus gentes, pero siempre queda patente que ese es su punto de vista personal e intransferible y que su experiencia tiene mucho que ver con el país, pero, también, consigo mismo y su manera de ser.

martes, 29 de marzo de 2016

[Crítica libro]: "Asesinato en el campo de golf" de Agatha Christie


Imagínate si hubiese dos Poirots

Aún no sé muy bien qué pinta ahí la
esvástica xD
Es indudable el talento de Agatha Christie gestionando la intriga y dosificando la información. Tiene una habilidad pasmosa para los giros de guion, y cuando crees que todo está cerrado y bien atado, te sorprende con el enésimo twist. A veces, sin embargo, estos giros son algo forzados; vamos, que más allá de hacer encajar piezas que ni te habías imaginado que podían encajar y sacarse cartas de la manga que hacen que todo cobre un nuevo significado, a veces, y solo a veces, Christie es víctima de sus giros de guion y el intentar justificarlos. No suele ser así en la mayoría de sus libros, que suelen ser redondos, pero, por desgracia, tiene unas cuantas obras menores dónde esto no es así. Y Asesinato en el campo de golf es una de estas novelas. Es entretenida, tiene giros que no esperas, un asesino que no imaginas quién será hasta que Poirot te lo revela. Y tenemos a Poirot, el alma del libro.

Pero hay varios peros.

Aquí Hastings (el narrador) es un pesado del mil (o quizás lo recordaba menos plasta), más tontillo incluso que el lector, con unos razonamientos y una manera de pensar muy anticuadas. Y demasiado ingenuo. No es que me identifique con Poirot, porque está claro que no le llego ni a la suela de los zapatos, pero es que Hastings parece un crío de diez años cuando hace cábalas y un adolescente hormonado cuando se trata de bellas damas en apuros o, como él las llama, diosas. Este no es el Hastings que recuerdo de El misterio de la guía de ferrocarriles o La muerte de Lord Edgware y es un contrapunto demasiado débil para el increíble Poirot.

Además, como es una de sus primeras obras, y se nota, Christie aún no había descubierto que lo suyo era la intriga a palo seco, sin aderezos que entorpezcan el ritmo. En Asesinato en el campo de golf hay tramas pseudorománticas propias de hace dos siglos que entorpecen el caso.

Y ya en un segundo plano, hay algunos giros que hacen que las bases de todo el crimen se sostengan con alfileres. ¿No es demasiada casualidad que, oportunamente, cuando más lo necesita el matrimonio Renauld, aparezca un vagabundo por su casa, le dé un ataque epiléptico mientras forcejean con él y, voilà, se les ocurra todo el tinglado que montan? ¿No había otro modo más creíble de conseguir un cadáver para montar la farsa, señorita Christie? Y ya puestos: ¿no es extremadamente casual que Hastings conozca al principio de la historia, mientras viaja en tren, y de forma espontánea, a una chica que luego más tarde tendrá que ver con el crimen? Y no es que el encuentro fuera premeditado, es que el caso que le mandan a Poirot y este encuentro son dos hechos independientes que acaban confluyendo. Joder, sabía que el mundo era un pañuelo, pero no hasta tal punto.

Estamos ante una de las obras menores de Christie; te entretendrá, disfrutarás con Poirot y con un caso que, como siempre, no es lo que aparenta, pero no esperes un Asesinato en el Orient Express o un La muerte de Roger Ackroyd. Está más próximo a títulos como Miss Marple y trece problemas o El misterioso caso de Styles.

miércoles, 24 de febrero de 2016

[Crítica libro]: "Manuscrito encontrado en Zaragoza (Versión de 1810)" de Jan Potocki


Los difuminados orígenes de un género

Creo haceros un favor brindándoos
una oportunidad de complacerme...
Hará un tiempo leí esta interesante guía que escribió La espada en la tinta para aquellos que quisiéramos sumergirnos en la literatura de terror y no tuviésemos mucha idea de por dónde empezar; pensé que sería una ocasión perfecta para meterme en un género del que no conozco apenas nada. Leyendo la primera parte de esta guía, y dejando claro que es algo difícil remontarse a los orígenes de cualquier género, la autora recomendaba la lectura de Manuscrito encontrado en Zaragoza para empezar. Cuando busqué información de este libro resultó que la cosa no era tan sencilla: había dos versiones, la de 1804 y la de 1810, y no sabía muy bien qué diferencias había ni cuál sería la mejor opción. La de 1810 es más extensa y hay pasajes que transcurren de forma distinta y esos añadidos hacen que el carácter global de la obra cambie ostensiblemente (o eso entendí: hay un ensayo al final del libro que aún no he leído que habla de ello). Pues bien, me decanté por esta última versión más completa.

Siempre hablo de mi temor a leer ladrillos intragables y Manuscrito encontrado en Zaragoza está muy bien escrito y la mayoría de veces es una lectura agradable y amena. Hay personajes memorables entre las páginas de Manuscrito…, como el entrometido Busqueros, un personaje terriblemente divertido y odioso a la vez, un manipulador nato que ejemplifica a la perfección el carácter burlesco de toda la obra, o Velázquez, un erudito que es capaz de explicarlo todo desde el punto de vista de las matemáticas. Además, el esquema de historias dentro de historias, como si de una matrioska se tratara, no es nuevo, y aquí está muy trabajado para que luego los distintos personajes de las distintas historias encajen entre sí como un puzle. Es difícil que tras veinte historias cortas de distintos personajes el lector aún permanezca atento y Manuscrito... lo consigue con creces. Al menos la mayor parte del tiempo.

El problema es que hay algunas historias muy aburridas, pegotes difíciles de tragar, como la historia del sistema de Velázquez (exclusiva de esta versión de 1810), o la pobre conclusión de la historia de los Gomélez, que solo le debieron servir al autor para demostrar lo mucho que sabía de ciencias, historia y teología, y que solo entorpecen el ritmo ágil de las demás narraciones, donde destacaría, por encima de todas las demás, la del gran arco que versa sobre la historia del gitano y todas sus ramificaciones, aunque esta termine de una forma un tanto atropellada. También el arco de Alfonso van Worden empieza bien, porque estás intrigado por saber qué le ocurrirá, si conseguirá salir del embrollo en el que se mete inicialmente; además, no sabes si las personas que se va encontrando están tratando de engatusarle de algún modo o si todo es real; sin embargo, la conclusión de su historia, que es la de los Gomélez, es insatisfactoria.

Si en algo destaca Manuscrito... por encima de todo es ese tono burlesco y satírico que impregna todas las historias y que salpica a todo el abanico de personajes. Ridiculiza muchísimos temas de la época, como el honor de los caballeros, la pureza del clérigo y de la religión cristiana, la supuesta superioridad de la gente de letras y su vano afán de dominar todas las disciplinas del conocimiento humano; también de la vida en la corte y de las damas de alta cuna, de la frivolidad de la nobleza y sobre lo estúpido del honor y la mitificación del amor. Pero siempre con una ironía muy calibrada que no convierte su lectura en un chiste. El terror, en el que algunos la encuadran, le queda un poco grande, porque apenas hay elementos propiamente dichos de este género, pero sí se intuyen algunos de los temas que más adelante otras obras explotarían ampliamente, como los aparecidos o los ritos satánicos, aunque aquí, y esto es un spoiler de los gordos, solo sean tretas para engañar al protagonista y hacerle creer que está viviendo hechos extraordinarios y sobrenaturales.

Conclusión: Pese a que el ritmo ágil se ve interrumpido en ocasiones por algunas historias farragosas (y que hacia el final acabé saltándome porque no aportaban nada a la historia principal), es una lectura notable y divertida que no dudo en recomendar. Solo por leer a Busqueros ya merece la pena.

martes, 9 de febrero de 2016

[Crítica libro]: "Los años de peregrinación del chico sin color" de Haruki Murakami

Las jod**** heridas del pasado


No sé si ya lo he contado más de una vez o qué, pero con los libros me ocurre algo que no me ocurre con el cine: que me cuesta más empatizar con los personajes, o emocionarme o conectar con lo que se me está contando. Quizás sea porque soy más visual, o qué se yo. Eso no quiere decir que no disfrute de la lectura; leo más que veo y mi balance lector siempre es más positivo que mi balance cinéfilo y es raro que yo destroce un libro, porque siempre hay algo que me gusta de casi cualquier lectura. Rodeos a un lado, si os cuento todo esto es para deciros que Haruki Murakami es de esos pocos escritores con los que sí consigo conectar y emocionarme y sentirme cautivado por lo que leo. Si tuviera que quedarme con un solo escritor, me quedaría con Haruki Murakami.

Yendo al meollo de la cuestión, “Los años de peregrinación del chico sin color” es un libro notable, casi excelente. No es de lo mejor que he leído de él, porque tanto “Tokyo Blues” como “After Dark” y “De qué hablo cuando hablo de correr” me parecen redondos y superlativos. Pero “Los años…”, aunque siga perdiendo por comparación, es una novela notabilísima. Murakami escribe muy, muy bien (la traducción al catalán es muy buena, mejor que la castellana en este caso) y uno puede encontrar los recursos y detalles recurrentes del escritor. Además, ha conseguido que estuviera en más de una ocasión tenso, expectante, sin saber muy bien qué reacciones tendrían los personajes, y eso es algo poco frecuente. Y, como viene siendo habitual en sus lecturas, uno de los puntos fuertes son los temas y reflexiones que quiere tratar.

En “Los años…” hay reflexiones sobre el sentido de la vida, como es habitual en su obra, sobre las heridas del pasado y la desorientación que puede provocarnos el no conocer el lugar que nos toca en el mundo, y son reflexiones hechas desde la lucidez y se nota que destiladas tras años de experiencia. Siempre me ha parecido extraordinaria la capacidad de Murakami de, casi como un cirujano, extirpar las grandes preocupaciones que, al menos a mí, me rondan la cabeza, y luego plasmarlas en el papel de forma tan precisa. En varios tramos me he sentido identificado con Tsukuru (siempre he conectado muy bien con Murakami y sus personajes) y el libro ofrece más respuestas que cualquier libro de autoayuda de tres al cuarto que podáis encontrar por ahí. El tema central gira alrededor del peso de las relaciones, de los altibajos a los que todos con un mínimo de profundidad nos enfrentamos y enfrentaremos durante nuestras vidas, de las pérdidas y los daños irreparables, de la capacidad para salir a flote en esas ocasiones, incluso del egocentrismo de sentirnos las víctimas de cualquier ruptura, de lo importante que es hablar sobre los errores del pasado, enfrentarse a ellos y resolverlos, no porque eso vaya a curarnos milagrosamente, ese no es nunca el mensaje que quiere vendernos Murakami, sino porque puede hacer que la carga sea más llevadera, y porque es mejor sentir dolor que no sentir nada, porque por mucho que enterremos esos episodios dolorosos en el fondo de nuestra conciencia, estos siempre estarán ahí para marcar la persona que somos ahora. Murakami nos dice que hay que vivir con esa carga, nos guste más o menos.

Sin embargo, pese al potencial temático que ofrece y lo entretenida que es su lectura, gracias a una narración ágil y unos diálogos muy bien construidos, es el libro menos redondo que he leído de Murakami; en según qué puntos de la narración he tenido la sensación de que podría haber sido más corto y que la frescura y originalidad inicial (Murakami es un diez con los inicios) se iban perdiendo poco a poco, aunque hacia el final se volviese a animar y volviese a ser la novela excelente que esperaba.

domingo, 3 de enero de 2016

[Off-topic]: Propósitos lectores para el 2016

Si cumplo con la mitad de lo que os diga ya será mucho

Este año que viene me he propuesto leer más tochos. Es ver esos lomos anchos e incapaces de sujetar tanto papel y caérseme el mundo a los pies. Pero bueno, al grano, que voy a intentar leer más tochos. Para este año que viene he decidido que me conformo con superar mi marca personal de 13.453 páginas leídas, marca que hice en 2013 y que ya no he vuelto a superar. Y pasar de los 45 libros, que parece que me he encallado en los cuarenta y pocos y que de ahí no paso. Supongo que son dos retos difíciles de congeniar, porque si decido leer más tochos más improbable será que rebata mi marca personal de los cuarenta y pocos. Si supero el de páginas leídas ya me daría por satisfecho. Voy a apuntar 50 libros en el reto de Goodreads.

Y he aquí algunos tochos que se me resistieron este 2015, para ir haciendo boca, y que quiero que caigan este 2016 sí o sí:

1. Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero de Álvaro Mutis
2. La montaña mágica de Thomas Mann
3. Rayuela de Julio Cortázar
4. La casa de hojas de Mark Z. Danielewski
5. Cuentos de imaginación y misterio de Edgar Allan Poe
6. Manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki
7. Lejos del mundanal ruido de Thomas Hardy
8. El conde de Montecristo de Alejandro Dumas
9. La muerte del padre de Karl Ove Knausgard
10. Las luminarias de Eleanor Catton
11. Crimen y castigo de Fyodor Dostoyevsky
12. Jonathan Strange y el señor Norrell de Susanna Clarke
13. La Montaña del Alma de Xao Xingjian
14. La voz de las espadas de Joe Abercrombie
15. Cuentos de Ernest Hemingway
16. Escenas de una vida de provincias de J.M. Coetzee
17. Vuitanta-sis contes de Quim Monzó
18. Dune de Frank Herbert

Y otros que no son tochos pero que también se me resisten desde hace demasiado tiempo en mi lista de pendientes:

1. Cien años de soledad de Gabriel García Márquez
2. Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley
3. Las dos torres y El retorno del rey de J.R.R. Tolkien
4. Lolita de Vladimir Nabokov
5. Odisea de Homero

También tengo pendiente leer a más autores latinoamericanos, porque siempre acabo decantándome por los autores anglosajones, y a autores castellanos y catalanes, que también suelo tenerlos algo olvidados. Y leer a más escritoras, no por un simple ánimo de igualdad, porque yo me fijo más en las obras que en quién las ha escrito (a excepción de mis escritor@s favorit@s), sino porque las pocas que he leído me han gustado igual que las escritas por hombres y me parece tonto no meterme ya de lleno en Alice Munro, Iris Murdoch o Doris Lessing.

También me ocurre que no estoy leyendo a autores que en el pasado me encantaron. Es el caso de John Irving, autor de mi libro favorito, La última noche en Twisted River, y del que no he leído nada desde 2012. Ya va siendo hora de leer dos libros que me compré este pasado 2015 y que no leí de él, Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra y Personas como yo. También debería volver a leer algo de Agatha Christie y Amélie Nothomb, de las que este año no he leído nada y siempre habían sido una cita recurrente en mis lecturas. Y ya de paso, más libros de mis autores favoritos, como son Haruki Murakami, Jonathan Franzen, Stanislaw Lem, Ursula K. Le Guin, Andrzej Sapkowski, Stephen King o Cormac McCarthy.

Si cumplo con la mitad de lo que he dicho ya será mucho.

domingo, 27 de diciembre de 2015

[Off-topic]: "Balance lector del 2015"

No, no he cumplido el reto que me marqué

Y otro año que pasa. Este año me había marcado la nada desdeñable meta de leer 55 libros, porque soy muy chulo, y he vuelto a quedarme corto. Aunque, por otro lado, esa es la gracia. ¿Qué sería de los retos si fueran fáciles de cumplir? He leído un total de 42 libros, aunque si contamos que "Mundos de exilo e ilusión" son tres libros en uno, he leído 44 libros, más que este año pasado y el anterior, aunque por muy poco. Pasado a páginas, unas 11.210; unas mil más que el año pasado, pero aún lejos de las casi 13.500 de 2013. Por otro lado, este también ha sido un buen año lector; no he tropezado con ninguna bazofia, quizás porque ya he aprendido a evitar según qué libros, y hay muchos libros comprendidos entre las 3 y las 5 estrellas, que no está nada mal.

Si para algo ha servido este año ha sido para reafirmar que Haruki Murakami es uno de mis escritores favoritos y leerle es cómo reencontrarme con alguien muy próximo y con el que comparto, siempre desde la humildad, muchos puntos de vista y sensaciones. En Tokyo Blues me emocioné, que no es nada frecuente que me ocurra con un libro, y en De què parlo quan parlo de córrer comprendí qué clase de persona es y confirmar que algunos de mis puntos de vista e ideas sobre las personas, sobre mi mismo y sobre la vida no son, para nada, extraños. Cormac McCarthy, otro de mis favoritos, me decepcionó con la aburrida e incoherente La oscuridad exterior, pero en Todos los hermosos caballos he vuelto a redoblar mi fe en su literatura y en su particularmente fría y aséptica narración.

También he descubierto a autor@s como Olga Tokarczuk, a la que tuve la ocasión de conocer en la Feria del Libro de Madrid, y darme cuenta que es una escritora brillante (aunque me molesta mucho que solo tenga un libro traducido). También tengo ganas de leer más de Roberto Bolaño, Javier Cercas y Julio Cortázar, cuyas lecturas he disfrutado muchísimo, y continuar riéndome de lo lindo con Terry Pratchett y su Mundodisco. Ursula K. Le Guin y Stanislaw Lem me han mantenido atrapado en sus mundos de ciencia-ficción y me he reencontrado agradablemente con Stephen King, al que tenía algo abandonado, y con el que pienso pasar más horas este año que viene ahora que he empezado con su vasta saga de La Torre Oscura. Autores tan dispares como Imre Kertész, Jon Krakauer, Gabriel García Márquez y Samanta Schweblin también han sido buenas apuestas a las que hay que seguirles la pista. Y luego están los fracasos, pero no voy a centrarme mucho en ellos. Patrick Rothfuss, Milena Busquets y Robert W. Chambers, mis apuestas más comerciales, han resultado ser un bluff y de Alastair Reynolds y Thomas Wolfe esperaba mucho más.

Sin más dilación, aquí tenéis la lista de libros leídos. En negrita mis favoritos.

1. El baile de Irene Némirovsky
2. Los detectives salvajes de Roberto Bolaño
3. Desgràcia de J.M. Coetzee
4. La oscuridad exterior de Cormac McCarthy
5. El inquilino de Javier Cercas
6. Máscara de Stanislaw Lem
7. Antígona de Salvador Espriu
8. Supervivent d'un cant remot de Josep Carner
9. Tempestat de flama de Bartomeu Roselló-Pòrcel
10. Ilíada de Homero
11. Tòquio Blues de Haruki Murakami
12. Impostura de Enrique Vila-Matas
13. Así es como la pierdes de Junot Díaz
14. Mendel el de los libros de Stefan Zweig
15. Seda de Alessandro Baricco
16. Las grandes familias de Maurice Druon
17. El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez
18. Todos los hermosos caballos de Cormac McCarthy
19. Nada que esperar de Tom Kromer
20. Pasaporte de Óscar Sejas
21. Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza
22. También esto pasará de Milena Busquets
23. Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq
24. Esperando el año pasado de Philip K. Dick
25. De què parlo quan parlo de córrer de Haruki Murakami
26. Una puerta que nunca encontré de Thomas Wolfe
27. Espacio Revelación de Alastair Reynolds
28. Hacia rutas salvajes de Jon Krakauer
29. Distancia de rescate de Samanta Schweblin
30. Un lugar llamado Antaño de Olga Tokarczuk
31. La luz fantástica de Terry Pratchett
32. El nombre del viento de Patrick Rothfuss
33. Lo contrario de la soledad de Marina Keegan
34. Entre paréntesis de Roberto Bolaño
35. Todos los fuegos el fuego de Julio Cortázar
36. El Rey de Amarillo de Robert W. Chambers
37. Cómo sobrevivir a Carla de Luis Cano Ruiz
38. El pistolero de Stephen King
39. Sin destino de Imre Kertész
40-42. El mundo de Rocannon, El planeta del exilio y Ciudad de ilusiones de Ursula K. Le Guin
43. Historia del tiempo de Stephen W. Hawking
44. Muerte súbita de Álvaro Enrigue